Opinión El Mercurio, 11 de julio de 2014

El retorno de los acuerdos

David Gallagher |

Después de cuatro años de potente crecimiento con Sebastián Piñera, era entendible que el país quisiera volcarse al tema de la desigualdad. Esta nueva prioridad había aflorado con el movimiento estudiantil de 2011, y una vez instalada, claramente favorecía a la izquierda. De allí el rotundo triunfo electoral de Michelle Bachelet, al que contribuyó, también, desde luego, el cariño que despertaba como persona. Al darle ese triunfo, los chilenos demostraban que apoyaban su promesa de avanzar en igualdad e inclusión.

Pero en la confección de políticas públicas no basta con tener buenos objetivos. Cabe contar con los medios adecuados para lograrlos. Allí inexplicablemente hubo técnicos que sencillamente le fallaron a la Presidenta, abusando de su credibilidad. Elaboraron una reforma tributaria pródiga en irracionalidades, como la de gravar renta no percibida, y la de eliminar incentivos al ahorro que tanto bien le habían hecho al país. Dolía oír a autoridades incurrir en insensateces, como decir que la empresa chilena ya no necesitaba reinvertir sus utilidades, porque tenía acceso a crédito barato, como si no supieran que el crédito era barato porque las empresas ahorraban. Por otro lado si bien una mayoría de chilenos estaba a favor de que se aumentara la recaudación tributaria para invertir en una educación de calidad accesible a todos, no se conocían -y todavía no se conocen realmente- los atributos exactos de la reforma educacional prometida.

Felizmente el Gobierno recapacitó. Escuchó, aprendió y se abrió a lo que ha sido un buen acuerdo, uno que reduce (aunque no elimine) los efectos negativos de la reforma tributaria en el crecimiento y el empleo, sin minar sus objetivos recaudatorios. El acuerdo tiene a sus héroes individuales, tanto en la Nueva Mayoría como en la Oposición, sobre todo en el Senado, que se ha lucido como institución. Pero hay también un gran héroe colectivo, que es la sociedad civil chilena. Así como, a través de los estudiantes, esta priorizó la desigualdad en 2011, ahora fue descubriendo los errores de diseño que había en una reforma tributaria que las encuestas demostraban ser cada vez más impopular. Poco a poco la sociedad civil irá haciendo lo mismo con la reforma educacional, y con más ahínco aun, porque a la gente le llega mucho más: atañe a nada menos que el futuro de sus propios hijos. Hasta hace poco parecía que, en Chile, la sociedad civil era monopolio de la izquierda. Ahora sabemos que es compleja y profunda, y que no le pertenece a nadie. Ni la calle ni los medios sociales en que la sociedad civil se expresa tienen dueños permanentes, porque los temas son dinámicos y las mayorías cambiantes.

El Gobierno no solo ha corregido errores de su reforma tributaria. Parece haber abandonado la lógica de aplanadora con que partió. Claramente no es una que los chilenos buscaban. Al contrario, vieron en Bachelet a una mujer sensata y moderada, y fue por esos atributos que la eligieron. El Gobierno parece haberlo entendido así esta semana, y eso es una buena noticia. Desde luego van a protestar aquellos que en la extrema izquierda o extrema derecha buscan guerra. Pero no importa, porque la mayoría de los chilenos no está con ellos.

Yo he sido crítico del Gobierno en estos primeros meses, y todavía creo que los errores cometidos le han hecho daño al país en el peor momento, cuando el entorno internacional se ha vuelto tanto más complejo. Desde ya es un mal momento para subir tanto los impuestos. Pero tras el acuerdo en el Senado, el segundo mandato de Bachelet se ve mucho más promisorio. Ya había focos alentadores, en Relaciones Exteriores, en Obras Públicas, en Energía. Ahora se ve más alentador el conjunto.

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