Opinión El Mercurio , viernes 12 de noviembre de 2004.

La política de las ideas

David Gallagher |

En cuanto al nuevo éxito de la Concertación, modulado por el auge de Juntos Podemos, el punto principal es que la política del Presidente Lagos ha recibido un rotundo respaldo.

Hay diversas formas de engancharse con la política. Por ejemplo, la de los mismos políticos. Ellos sin duda están en política porque les preocupa el bien del país, pero a la hora de la verdad, su legítima prioridad es que gane su partido. Distinto es el que podríamos llamar el pensador político. Su interés es que se implementen sus ideas. Puede tener afinidad con un partido, pero se regocija cuando otro también las adopta. En una sociedad moderna, su postura es la que uno encuentra en los espacios más analíticos de la sociedad: por ejemplo, las universidades o la prensa de calidad.

Es la postura que a mí me aviene. Mientras más personas compartan mi adhesión a la economía de mercado y a la democracia, mejor. Hace 30 años, el mercado era valorado sólo por partidos de centroderecha (no todos, porque siempre hubo una derecha populista y corporativista), pero ahora en el mundo ha sido aceptado también por algunos partidos de centroizquierda, lo que me parece magnífico. Estoy con el profesor Harberger cuando les dice a sus ex alumnos de Chicago que la adopción de sus ideas por parte de la centroizquierda debería provocarles orgullo y alegría. Me emociona cuando un Sergio de Castro dice que el superávit estructural es un hito en nuestra historia económica. Un reconocimiento noble de ese tipo contribuye a crear un gran país. Al contrario, cuando se vitorea todo lo que hace el partido propio y se descalifica todo lo que hace el ajeno, se conspira a que el país se vuelva pequeño y mezquino.

En el Chile de hoy, para que se fortalezcan la libertad económica y la política, ¿qué se necesita?

Para nuestra democracia sería sano, creo yo, que hubiera alternancia en el poder, pero la posibilidad de que eso ocurra pronto ha disminuido. ¿Qué tiene que hacer la Alianza para cerrar la enorme brecha que ahora enfrenta? Primero, compartir sus buenas ideas con el país. ¿Por qué la Alianza las de-saprovecha? No se puede combatir con eslógans a una Concertación cuyas ideas están a la vista porque gobierna. Por otro lado, las campañas no pueden ser manejadas por un club de amigos, que piensan todos igual: no hay mejor fórmula para confundir la realidad con el deseo. Un partido que privilegia la disciplina y la afinidad sobre el debate y la diversidad tiene algunas ventajas, pero no puede no toparse con un techo electoral prohibitivo.

La Alianza no sólo debería aprovechar más la diversidad de partidos que ya tiene: debería ampliarla, encantando a independientes que se sienten cohibidos por el exclusivismo de la UDI y el personalismo de algunos próceres de RN. Después de todo, la fuerza de la Concertación está justamente en la diversidad de mundos que aglutina.

En cuanto al nuevo éxito de la Concertación, modulado por el auge de Juntos Podemos, el punto principal es que la política del Presidente Lagos ha recibido un rotundo respaldo. ¿Cuál es la esencia de esa política? En mi opinión, libre comercio, y una política fiscal seria, que ahora cosecha su paciencia. En un país donde la centroizquierda será una fuerza gravitante por mucho tiempo, ha quedado vindicada la esperanza de que ésta pueda ser moderna y liberal, como la de Estados Unidos, España o Inglaterra, y es eso lo que los estrategas de la Concertación deberían rescatar para reencantar a los que votaron por los extraparlamentarios. Para recuperarlos, no sacan nada con volcarse a ideas populistas que no funcionan. Su desafío finalmente es el mismo que el de la derecha: encontrar maneras de acelerar más el crecimiento, e igualar mejor las oportunidades.

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