Opinión El Mercurio, 13 de abril de 2012

Dudas respecto de la rentabilidad privada de la educación superior

Sergio Urzúa |

En un trabajo académico reciente, planteo dudas fundadas respecto de los beneficios económicos asociados al paso por el sistema de educación superior.

La lógica del argumento es sencilla. En 20 años, el número de matriculados en el sistema de educación superior se ha más que quintuplicado, alcanzando en 2010 los 940.164 estudiantes (13% de crecimiento entre el 2009 y el 2010). Las familias han operado bajo un lugar común: educación superior, particularmente la universitaria, es sinónimo de un próspero futuro. Al mismo tiempo, las políticas públicas han apuntado a aumentar cobertura y disminuir deserción, bajo la lógica del endeudamiento. Todo motivado por las diferencias históricas en los ingresos promedio que emergen de la comparación de aquellos con y sin estudios superiores. Entonces, por ejemplo, aquellos estudiantes de primera generación (con padres sin estudios superiores) podrían endeudarse: sus eventuales altos salarios post titulación asegurarían su capacidad de pago.

Sin embargo, esta lógica debe ser revisada. Primero, los jóvenes de primera generación tienen, en términos relativos, mayores tasas de deserción (60% más alta que el resto). Segundo, el mercado laboral premia significativamente al titulado, no al desertor (las diferencias en ingresos autónomos de quienes "pasan" versus quienes se titulan pueden superan el 50%). Tercero, el aumento en la oferta de individuos con títulos terciarios ha presionado a la baja sus salarios. Cuarto, las diferencias en ingresos que debían "incentivar" a los jóvenes a ir al sistema de educación superior no consideraban los costos totales (incluido costo de oportunidad) de los estudios superiores. Finalmente, la institucionalidad no ha generado incentivos que aseguren la calidad en el sistema.

¿Es culpa del mercado? No. Éste opera con las reglas del juego que se establecen. El problema ha sido la falta de información. Los jóvenes no tienen otra opción que matricularse en instituciones que "parecen" buenas, pero "parecer" es muy distinto de "ser".

Por suerte, y luego de una larga espera, hemos finalmente tenido acceso a información de los salarios de los egresados por carrera y universidad (www.mifuturo.cl). Nos guste o no, es lo que hay para evaluar la calidad de los egresados por universidad. No es valor agregado, es el precio de mercado.

Los resultados sugieren que no es obvio que, incluso entre los titulados universitarios, los beneficios económicos superen los costos de estudiar. Pero, ¿cómo puede ser? Por ejemplo, el costo anual de periodismo en una determinada universidad es $3.580.000. La duración efectiva de dicha carrera en esta universidad es cercana a los 14 semestres, lo que sugiere un costo total superior a los $25 millones. El salario del titulado promedio de esta universidad está en torno a los $750 mil (cuarto año de egreso). Entonces, si el titulado promedio tiene ese sueldo, es posible imaginar que algunos tendrán sueldos, digamos, en torno a los $500 mil o $6 millones anuales. ¿Es responsable promover el endeudamiento si no se está informado de que es posible que -incluso destinando un cuarto del sueldo- la deuda no se cancele antes de 15 años (¡con tasa de interés igual a 0!)? Considere un último ingrediente: El sueldo de quienes no pasaron por la educación superior, ahorrándose costos monetarios y psíquicos, puede superar los $4,5 millones anuales. Este no es un ejemplo aislado. Para cerca de un 50% de los titulados de periodismo, no es posible asegurar un retorno privado positivo. Esto puede explicar, en parte, el apoyo ciudadano al movimiento estudiantil del año pasado.

El sistema ha crecido en forma desordenada, con un consumidor representativo muy desinformado. Por ahora, la evidencia sugiere mayor precaución al momento de asumir que el rey está vestido, cuando puede estar desnudo.

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