Opinión El Mercurio, 10 de junio de 2012

Educación parvularia: ¿calidad con 72 mil pesos?

Sergio Urzúa |

El Gobierno ha desplegado una completa agenda para reformar el sistema de educación. Ésta incluye cambios sustanciales, que esperamos tengan efectos positivos.

Sin embargo, no ha recibido la atención que merece un problema importante, que no afecta a quienes egresan de la media, sino a quienes están prontos a entrar al sistema de educación básica: la situación del financiamiento de la educación parvularia en Chile.

La evidencia ha demostrado que una educación temprana de calidad tiene efectos positivos permanentes. Ésta puede mejorar el desempeño académico y laboral e incluso se ha demostrado que puede disminuir la delincuencia. Pero, ¿está el Estado invirtiendo suficientes recursos en este nivel educacional?

Dos instituciones son las encargadas de entregar la educación temprana pública en nuestro país: Junji y Fundación Integra. Privados también pueden recibir fondos públicos a través de transferencias que Junji realiza a organismos sin fines de lucro que entreguen educación parvularia a niños en situación de pobreza. Las salas cuna y jardines infantiles que operan bajo esta modalidad son conocidos como VTF (Vía Transferencia de Fondos). Durante 2011, la matrícula de Junji alcanzó los 161 mil 233 niños, de los cuales 63 por ciento asistió a instituciones VTF, mientras Integra atendió a un poco más de 72 mil niños.

Veamos cuánto invierte el Estado en la educación de estos niños. La información entregada por Integra en su reporte 2011 indica que el promedio mensual de atención por niño superó levemente los 102 mil pesos. Si bien los datos para Junji no están disponibles, un simple cálculo a partir de lo reportado en la Ley de Presupuesto 2011 sugiere que en el caso de los centros de administración directa de Junji (no VTF) la inversión mensual por niño alcanzó los 138 mil pesos, mientras que para instituciones VTF el monto estuvo en torno a los 72 mil pesos.

Un análisis completo de este tema requiere considerar las diferencias en costos por niveles educacionales y regiones. Sin embargo, llama la atención que las instituciones VTF -aquellas destinadas a atender a niños que se encuentren en condiciones de pobreza- son las que operan con menores recursos. Éstas, además, explican gran parte del crecimiento en la oferta de educación preescolar pública. Pero lo más preocupante son las diferencias de los montos invertidos por el Estado respecto de los valores de mercado. Hoy en Chile no es difícil encontrar jardines privados cuyo costo mensual supere los 150 mil pesos ¡por media jornada!

Para cerrar las brechas e igualar la cancha desde la cuna, el Estado debe prestar mayor atención a las desigualdades que se producen tempranamente. ¿Se puede asegurar calidad con 72 mil pesos mensuales? Asegurar una educación de calidad temprana es caro, pero efectivo. Allí hay que dar la batalla.

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