Opinión El Mercurio, 20/2/2011

El problema inflacionario en los países emergentes

Vittorio Corbo |

Como lo he planteado en columnas anteriores, los países emergentes -como Chile, China, Perú, Brasil, India, Indonesia e Israel, entre otros-, en donde las holguras de capacidad son muy estrechas, el crecimiento es superior al de su producto potencial y las políticas macro son muy expansivas, enfrentan un alza en la inflación efectiva y el riesgo inminente de un alza en la tendencia inflacionaria.

En algunos de estos países, como es el caso de Chile y Perú, el gasto privado ha estado aumentando con fuerza, impulsado también por aumentos pronunciados en los términos de intercambio, que se han considerado permanentes y se han traspasado al nivel de gasto privado.

En todos estos países, el problema inflacionario se ha visto exacerbado por el alza pronunciada que han experimentado los precios internacionales de alimentos y de otros productos primarios, que encuentran una situación propicia para que esta alza se traspase a otros precios, desancle las expectativas inflacionarias y termine por afectar la tendencia inflacionaria.

En una situación como ésta, las políticas macro deben enfocarse al problema de hoy -la inminente alza en la tendencia inflacionaria- y no al problema de los años 2008-2009 -el abrupto aumento en las holguras de capacidad y la caída en la inflación, resultante de la crisis financiera internacional- y continuar retirando los hoy excesivos estímulos macro.

Con tasas de política monetaria expansivas, lo que corresponde hacer es continuar reduciendo este excesivo estímulo, como lo han estado haciendo estos países. En países donde la política fiscal también jugó un importante papel contracíclico en la crisis, como también es el caso de Chile, lo adecuado es reducir el estímulo fiscal.

Si el peso del ajuste se deja mayoritariamente en la política monetaria, uno de los resultados será una mayor apreciación real que la determinada por los fundamentos de más largo plazo.

El contraste en los dilemas de políticas macro con los países industriales es claro. La mayoría de estos países tienen amplias holguras de capacidad, que se mantendrían por bastante tiempo, y además, los alimentos tienen una ponderación bastante más reducida en sus índices de precios al consumidor.

En estos países, el riesgo que los aumentos de precios de alimentos desanclen las expectativas y afecten su tendencia inflacionaria es muy reducido, aunque en el corto plazo igual estén observando un alza en la inflación efectiva.

En consecuencia, pueden acomodar el alza en los precios de alimentos y bienes relacionados con un alza temporal en la inflación sin necesidad de introducir políticas monetarias más restrictivas que afecten su recuperación.

La discusión sobre política monetaria en economías con tipo de cambio flexible -como la chilena- siempre va asociada a la discusión de sus efectos en el tipo de cambio. En este punto caben varias consideraciones. Primero, si se juzga que el tipo de cambio real está a niveles cercanos a los mínimos determinados por sus fundamentos de más largo plazo, entonces la política fiscal está llamada a jugar un papel más activo en apoyar una política macro más restrictiva.

Segundo, si al mismo tiempo hay una expansión significativa del crédito, con efectos macroeconómicos y en precios de activos que puede estar incubando problemas de estabilidad financiera, entonces lo adecuado es complementar el uso de la política monetaria reforzando la supervisión y regulación financiera e introduciendo regulación macro prudencial. Tercero, las autoridades deben estar permanentemente atentas a que distorsiones de precios o vacíos en la regulación no resulten en ingresos temporales de capitales con efectos en el tipo de cambio y en la estabilidad financiera.

¿Dónde estamos hoy en Chile? No hay duda de que con holguras de capacidad, que prácticamente han desaparecido, el alza en la inflación proyectada amerita una respuesta de política. La respuesta adecuada es disminuir el grado de estímulo monetario, como ya ha estado ocurriendo, y complementarlo con una política fiscal menos expansiva. Aunque hasta ahora no hay evidencia de expansión excesiva del crédito o formación de burbujas en precios de activos, la autoridad debe preparar desde ya regulación macro prudencial para prevenir este tipo de situaciones.

Los potenciales efectos del alza de tasas en el tipo de cambio nominal y real debieran ser bastante reducidos, ahora que el fortalecimiento de la recuperación de EE.UU. y el mayor riesgo en el Medio Oriente y Europa reducen el apetito por riesgo y generan salidas de capitales desde países emergentes.

Sin embargo, la forma más adecuada de enfrentar apreciaciones reales determinadas por los fundamentos de largo plazo, es facilitar la reestructuración económica facilitando la reasignación de recursos y los aumentos en productividad, y de esta forma contribuir también a lograr un crecimiento alto y sostenido.

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