Opinión Diario Financiero Martes 12 de enero de 2021

En pensiones, lecciones de otras experiencias

Daniela Leitch B. | Rafael Sánchez F. |
Foto: Internet

Las causas de esta transición hacia sistemas mixtos son varias, pero entre ellas destacan las crisis económicas de las últimas décadas y el rápido envejecimiento poblacional, que han complicado la sostenibilidad de los sistemas de reparto.

Una de las principales conclusiones del documento “Sistema de Pensiones en el Mundo: Lecciones para Chile” es que, en general, los países han tendido a transitar desde sistemas basados en reparto público puro hacia sistemas mixtos, con la introducción de la capitalización individual en los pilares contributivos. Esto ha llevado a que hoy, los mejores sistemas de pensiones sean prácticamente todos mixtos, aunque presentan matices, que van desde mayormente de reparto (ej: Países Bajos y Dinamarca), mayormente de cuentas individuales (Israel y Australia) o algo intermedio (Suecia). Esto sugiere que no existiría una fórmula única para todos los países, sino que más bien lo que varía es el diseño dentro de cada tipo de sistema.

Las causas de esta transición hacia sistemas mixtos son varias, pero entre ellas destacan las crisis económicas de las últimas décadas y el rápido envejecimiento poblacional, que han complicado la sostenibilidad de los sistemas de reparto. Es así como en los Países Bajos, calificado siempre dentro de los dos primeros puestos del ranking que elabora la empresa Mercer, y que ha sido un sistema predominantemente de reparto, en 2020 se legisló a favor de una reforma al pilar contributivo para transitar hacia un sistema de capitalización, a fin de amortiguar los déficits que presentan los fondos de pensiones y que ponen en serio riesgo el pago de las pensiones en el corto plazo. Por su parte, en Suecia, que tiene un sistema de cuentas nocionales, se proyecta una caída de casi 20% en las pensiones al 2060 debido al efecto demográfico.

Otra de las lecciones es que, en general, no existe diferencia en la edad de jubilación por género, a excepción de Israel y Suiza. Además, en estos países se están aumentando gradualmente las edades de jubilación, llegando a alrededor de 67 años en algunos casos (Noruega, Israel y Países Bajos), e incluso algunos han optado por indexar la edad de jubilación a la esperanza de vida (Países Bajos, Dinamarca y Finlandia). Asimismo, varios de estos países cuentan con mecanismos de ajustes continuos y automáticos para adaptarlos a los cambios en las condiciones demográficas y fiscales (Suecia y los Países Bajos).

Finalmente, notamos que los países mejor rankeados tienen tasas de cotización que en promedio superan en alrededor de seis puntos porcentuales a la tasa de cotización vigente en Chile. Al considerar el aumento y destino de una eventual mayor cotización (a cuenta individual o fondo solidario) es clave considerar las diferencias en informalidad, pues Chile cuenta con niveles de informalidad de casi el triple que algunos de los países mejor rankeados. La informalidad, que ha estado bastante ausente del debate, es clave en la discusión de la reforma, toda vez que dificulta la cobertura del sistema, disminuye la densidad y, por ende, las pensiones. Es por ello que la reforma al sistema de pensiones debería considerar elementos que dejen de premiar la informalidad en desmedro del empleo formal.

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