Opinión El Mercurio Sábado 29 de junio de 2019

Escapando del populismo

Juan Obach |

En los últimos 40 años las políticas públicas aplicadas en nuestro país han sido las opuestas a las implementadas por los gobiernos populistas latinoamericanos.

La primera vez que visité Buenos Aires, a fines de la década de los 70, quedé maravillado y pensaba que estaba en Europa. El nivel de vida y educación de la población, su arquitectura francesa, la baja pobreza en relación con Chile, una ciudad muy segura, donde uno podía pasearse a altas horas de la noche, me daban una sana envidia al compararla con nuestro Santiago.

Visitar hoy Buenos Aires es deprimente, por el nivel de delincuencia y de pobreza. En las calles se ven pordioseros y violencia, tomas de inmuebles y edificios con letreros “Se Vende”. Ya en nada se parece a París.

La inflación el año pasado fue de 50% y se ha convertido en un mal endémico. La devaluación de la moneda ha llegado a más del 100%, y el país no sale de la recesión desde 2017. Este año va a ser aún peor: el PIB ya se contrajo un 5,8% interanual en el primer trimestre.

Argentina demuestra que en economía ningún país tiene su futuro asegurado. Países pobres en recursos naturales, como Corea, Portugal, Singapur, Luxemburgo, se han convertido en países ricos. Argentina es un país rico en recursos naturales que se está convirtiendo en un país pobre. No hay que olvidar que hasta la Primera Guerra Mundial, Argentina formaba parte del selecto grupo de los países más ricos del planeta. Emigrantes de todo el mundo llegaban a Argentina, un país lleno de oportunidades. En esa época, el nivel de vida era parecido al de Inglaterra. Hoy día el PIB por habitante de Argentina representa menos del 50% del de los países desarrollados.

El nacionalismo, el proteccionismo y el intervencionismo han sido los demonios instaurados desde que llegó Perón al poder en 1946. El populismo teñido de un pseudo-intelectualismo ocultaba sus malas ideas. Al final del día esta mezcla de proteccionismo, de corporativismo y dirigismo nunca permitió aplicar las ideas de la libertad y de una economía social de mercado. En Chile, estas nos han permitido en los últimos 35 años gozar del mayor período de crecimiento de nuestra historia. Vittorio Corbo (“El Mercurio” 28/04/2019) señala: “En efecto, el PIB per cápita (en paridad de poder de compra) pasó de 3.440 dólares en 1980 a 22.610 en 2013 (en 2018 habría alcanzado los 25.978 dólares), y la mejora en indicadores sociales abarca caídas en la mortalidad infantil y en las tasas de pobreza, así como un notable incremento de la esperanza de vida al nacer, indicador en que Chile se ubica hoy por encima de Estados Unidos. Como resultado, a pesar de sus carencias en la calidad de la educación, Chile avanzó significativamente en el índice de capital humano del Banco Mundial, ocupando hoy el primer lugar en América Latina”.

Perón dejó una herencia que hasta el día de hoy abruma a la Argentina.

Los gobiernos sucesivos de los esposos Kirchner (Néstor y Cristina) en el período 2003-2015 terminaron por hundir la economía argentina con el irresponsable financiamiento del déficit público a través de la inflación. Lamentablemente el gobierno de Macri, apostando a un malentendido gradualismo y confiando en demasía en el cambio de expectativas que su elección generó, no ha podido revertir la situación heredada.

Todo lo anterior no ha hecho más que alejar la inversión extranjera y mantener un corporativismo que solo se ha traducido en un dramático empobrecimiento de la población, donde los consumidores tienen acceso a productos de regular calidad y a precios mucho más altos que en los mercados internacionales y obviamente muchísimo más altos que en Chile. Son los más pobres y desvalidos los que terminan siendo las víctimas de las políticas públicas irresponsables.

En los últimos 40 años las políticas públicas aplicadas en nuestro país han sido las opuestas a las implementadas por los gobiernos populistas latinoamericanos. Nuestro ejemplo demuestra que una democracia liberal, aplicando un modelo de economía abierto, puede ser exitosa en Latinoamérica, especialmente si se desarrollan políticas públicas responsables. Esta es la mejor receta para escapar del populismo.

Chile, que era uno de los países más pobres de Latinoamérica, ha logrado un crecimiento sostenido que lo acerca al nivel de alguno de los países de Europa del Este. Nuestra gran tarea es seguir disminuyendo la pobreza y las diferencias de ingresos de sus habitantes. Por eso no podemos perder de vista lo que sucede con nuestros vecinos.

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