Opinión El Mercurio, 5 de agosto de 2012

Espejito, espejito...

Sergio Urzúa |

Los resultados de la encuesta Casen han suscitado todo tipo de reacciones. Mientras unos celebran las cifras -pues, a su juicio, demostrarían el impacto del crecimiento económico y del mayor empleo-, otros plantean que la euforia es injustificada, ya que los niveles de pobreza y desigualdad no difieren significativamente de aquellos pre-crisis 2009. Las diferencias de posiciones han llevado a algunos incluso a cuestionar la calidad de la encuesta. Pero muchos de los problemas de la Casen son de forma, y no de fondo.

Los dimes y diretes en torno a ella no son nuevos. Sus resultados siempre han sido objeto de debate. Esto es inevitable: una cosa son las cifras y otra su interpretación. Sin embargo, mucho de la discusión se explica por la forma en que se preparan y presentan sus resultados. ¿Nos evitaríamos cuestionamientos si, por ejemplo, la Casen fuese de completa responsabilidad de una entidad independiente? Evidentemente. Siempre es mejor que otros presenten tus logros. Así, para blindar a la Casen y asegurar una justa evaluación de sus resultados, debemos modificar su institucionalidad.

Ella tiene varias particularidades. En primer lugar, sus resultados dependen del trabajo de cuatro instituciones: el marco de la muestra es proveído por el INE, el cuestionario es preparado por el Gobierno, el trabajo de campo es licitado, y los ajustes a los ingresos por cuentas nacionales son realizados por la Cepal. Esto diluye la responsabilidad en el evento de existir dudas o cuestionamientos. Segundo, el proceso de entrega de información nunca ha sido normado; los resultados son entregados en el orden y en la fecha que el gobierno de turno estime convenientes. Esto no ocurre con otras cifras oficiales entregadas por el INE o el Banco Central, que tienen calendarios predeterminados. La Casen debería adoptar esta sana práctica. Tercero, lo correcto es que las autoridades políticas comenten las cifras, no que las presenten. Así ocurre con las cifras de crecimiento e inflación. Cuarto, si los datos existen, ¿por qué no ponerlos a disposición al presentar los resultados? Sería una señal de transparencia. El espejo debe mostrarnos la realidad, no lo que queremos ver.

El Gobierno ha anunciado modificaciones para la próxima Casen. Ojalá ellas incluyan una reforma a la estructura institucional del manejo de información (bueno sería incluir al Simce en ello). Los datos de alta sensibilidad pública deben ser en extremo transparentes, para evitar cualquier cuestionamiento. Hay que "pasar la prueba de la blancura". Un INE independiente, al estilo del Banco Central, podría contribuir a este proceso. Esta institución podría, además, facilitar análisis estadísticos realizados por técnicos externos.

En último término, la transparencia y un análisis desapasionado son el más óptimo punto de partida para mejores políticas públicas.

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