Opinión Qué Pasa, 8 de agosto de 2013

Impacto Nacional

Sergio Urzúa |

El año pasado, un grupo de profesores del Instituto Nacional fue al Centro de Estudios Públicos (CEP) para reunirse con su entonces director, Arturo Fontaine. Con el bicentenario de ese establecimiento en mente, los académicos le hicieron una propuesta: querían que se realizara un estudio que despejara las dudas sobre el real impacto que tiene estudiar en ese colegio para sus alumnos en diversos ámbitos, tales como puntaje PSU, ingreso a la universidad y sueldos.

La idea llegó hasta Sergio Urzúa, jefe de estudios del CEP y ex alumno del Nacional, quien tomó a su cargo el trabajo. “Se buscaba algún tipo de evidencia de que el Instituto Nacional genera valor agregado y en cuánto puede cambiar el futuro de sus alumnos”, explica Urzúa. “Había dudas fundadas de que podía ser un tema de selección”, agrega.

El académico de la Universidad de Maryland reclutó a tres jóvenes economistas de la U. de Chile: Alonso Bucarey, Miguel Jorquera y Pablo Muñoz, también ex institutanos. A ellos se sumó la colaboración de profesores del colegio, como Luis Elmes, Patricia Acosta y Carlos Garcés. El grupo trabajó ad honórem durante 2012 y 2013 con el respaldo del ex rector Jorge Toro para recolectar los datos y, lo más importante, generar una metodología que permitiera dar resultados confiables, pues si bien había estudios que graficaban las diferencias que lograban los egresados, no había forma de saber si eso se debía al efecto de la institución o a que ésta selecciona a partir de una base de estudiantes talentosos.

Urzúa lo define así: “No podemos comparar al alumno promedio del Nacional con el alumno promedio del sistema que no fue a ese colegio. Es supercomplicado, porque cotejar a un alumno del Nacional con uno del Grange es comparar peras con manzanas. Y con uno del Liceo A-62 de Maipú, también”.

El grupo decidió probar una nueva metodología: identificó los resultados de las pruebas de admisión al Instituto Nacional -para entrar a séptimo básico-y a partir de ello aplicó un sistema de regresión discontinua para identificar a aquellos que quedaron en el establecimiento justo por sobre el corte y a aquellos postulantes que no quedaron por apenas unos puntos. O sea, un universo de casi 400 alumnos.

Para Urzúa, los resultados del estudio, publicados hoy por primera vez, son concluyentes: “Demostramos que llevar la insignia del Instituto Nacional por seis años hace diferencias no sólo en el mediano plazo, sino también en el largo plazo”.

EL SELLO DEL NACIONAL

El estudio revela que entre los dos grupos -los que quedaron apenas y los que no entraron por poco-, la diferencia a la hora de dar la PSU, seis años después es de 29,6 puntos, de acuerdo a los antecedentes de quienes fueron seleccionados el año 2000 para ingresar a séptimo básico y egresaron en 2006. “El estudio se hace cargo del proceso de selección que realiza el Nacional, pero lo que encontramos es que incluso cuando comparamos al tipo que está justo arriba y justo abajo, existen diferencias que son significativas a favor del Nacional en todas estas dimensiones. Es un resultado novedoso y que demuestra que hay valor agregado, que no es sólo un tema de selección”, explica Urzúa.

Al ver las diferencias que obtienen al comenzar su vida laboral, según datos de entre enero y mayo de 2013 para ese mismo grupo, la cifra a favor de los institutanos es de $78.605. El número sube a $149.523 entre quienes tienen contrato indefinido.

Urzúa señala que ese monto además debería subir en el tiempo, ya que por lo general hay muchos estudiantes del instituto que aún siguen en la universidad tras siete años de egreso. Una muestra de ello es que al aplicar el mismo procedimiento para quienes egresaron de cuarto medio en 2000, el impacto es de $240 mil a favor de los institutanos contra estudiantes de otros colegios.

Un elemento que también comprobó el estudio es la procedencia diversa de sus estudiantes en cuanto a comunas. Para la generación que ingresó el 2000, el principal origen es Maipú, con 104 alumnos; luego Santiago y Puente Alto, con 56; La Florida, con 48; y Ñuñoa, con 28. Pudahuel, Conchalí, Recoleta, Estación Central y San Bernardo tienen más de 20 estudiantes.

“Ves la distribución de las comunas y si piensas en la cantidad de tiempo que estos alumnos invierten para ir al colegio, es notable. Es decir, las familias reconocen estas ganancias que efectivamente se pueden extrapolar a sus niños y hacen el esfuerzo asociado. Ahora, también es interesante que gente del barrio alto no aparece representada”, plantea Urzúa.

PUNTO DE PARTIDA

En su análisis, el académico explica que en el extranjero hay diversos estudios que plantean que los “liceos de excelencia” pueden deber gran parte de sus buenos resultados a los procesos de selección. Por eso, afirma, los hallazgos del estudio son aplicables sólo en cuanto a la realidad chilena, y en particular a la situación del Instituto Nacional.

“Probablemente en otros países la alternativa de no ir a colegios de excelencia es bastante mejor de lo que ocurre en Chile”, según su mirada.

Con todo, Urzúa advierte que aún faltan elementos por medir para determinar la actual situación del establecimiento, más allá de que se haya logrado identificar que éste puede impactar directamente y de forma positiva en el futuro de quienes van allí. “La situación ha ido cambiando, y es lo que planteamos en este estudio: para poder argumentar que el Instituto Nacional sigue teniendo un valor agregado, que es lo que comprobamos con esta generación, análisis como el que hicimos deberían ser realizados en forma continua”, plantea.

Elementos como el surgimiento de “liceos de excelencia” en comunas como Maipú y Puente Alto, por ejemplo, son materias para analizar en el futuro. Por ello, el grupo está trabajando en nuevos análisis: han estudiado los resultados de la generación 2002 y esperan poder continuar con su trabajo en el tiempo.

Sin embargo, para Urzúa es importante partir desde la base de que los resultados del Instituto Nacional van más allá del hecho de seleccionar buenos estudiantes: “Éste es un punto de partida que demuestra que, por lo menos, para una cohorte reciente de egresados, efectivamente el Instituto Nacional tuvo y tiene un impacto, que es lo que ha sido cuestionado”.

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