Opinión El Mercurio Martes 23 de marzo de 2021

Constitución, materialismo, idealismo

Joaquín Fermandois |
Foto: Wiiliam Rojas

Pretenden que se desvanezca todo capital por inmoral, pero demandan más y más gasto. Vaya manera de ser idealistas.

La nueva presidenta del Senado encaró con tono desafiante al Gobierno, poniendo énfasis en superar el individualismo materialista (amén de culpar a Carabineros, como si este cuerpo hubiese inventado la violencia desde la nada). La contraposición de una sociedad materialista y otra de principios morales es una figura que recorre la historia humana. Sin embargo, se nos hace comulgar con ruedas de carreta cuando se sostiene que la economía debe proporcionar todo lo que exige ese mundo que se considera a sí mismo idealista. Un Chile pecador estaría en deuda con la moral y con lo humano.

Esta pretensión aparece bajo una luz paradojal si nos asomamos a una afirmación de Paula Narváez. Al preguntársele por qué el FMI e incluso la Cepal sostenían que Chile había manejado bien su economía en las circunstancias actuales, respondió: “Chile tiene una realidad fiscal (…) completamente distinta de esos países con que se compara en América Latina. Tiene espacio fiscal que le permitiría ir en ayuda significativa a las familias, en vez de competir por quién lo ha hecho mejor en una región donde sabemos las dificultades que tienen los países con que nos comparamos”. ¿Qué se está diciendo? Que en lo básico Chile continúa siendo un modelo a seguir, no solo porque elevó en rasgos fundamentales el nivel de vida de los chilenos, sino porque además le otorgó un margen de maniobra financiera y flexibilidad ante el mercado mundial, imprescindibles para sortear las crisis externas que acaecen inevitablemente. Por cierto, se debe gastar algo de ese margen en la actual emergencia. Pero el coro exige a gritos que se vacíen las arcas, sin importar costos, todo en nombre de elevados principios, incluso gastando el ahorro previsional, de propiedad de cada chileno(a), en lo cual el Gobierno también lleva su pequeña cuota de responsabilidad. Pretenden que se desvanezca todo capital por inmoral, pero demandan más y más gasto. Vaya manera de ser idealistas. De las mismas palabras de la exministra se deduce que Chile no estaba nada de mal. No superó el subdesarrollo; ningún país latinoamericano lo ha logrado. Pero esta nación del sur logró avanzar varios trancos, los mismos que se pretende que se despilfarren.

Y por si eso no fuera suficiente, que quede claro que se propugna un sistema constitucional que se encargue de que nos quedemos sin un cobre, como tanto país tercermundista, cargados de déficits impagables e inabordables. Se propone que la Constitución garantice todo tipo de derechos, algo más propio de la legislación regular y de la gestión del Estado. Como apuntaron Felipe Larraín y Sergio Urzúa, de los 10 países que tienen constituciones con más derechos garantizados —Ecuador encabeza la lista con 99, gracias a Rafael Correa—, ninguno alcanza los 10 mil dólares de ingreso per cápita, salvo Portugal, también el único de la lista que sobrepasa a Chile, y este es el más alto de la región. ¿De qué sirven los mentados derechos?

Chile creó las bases para un mayor desarrollo; falta bastante, e indudablemente el proceso produjo tensiones a una sociedad que se trasformaba y por lo mismo las diferencias parecen más intolerables; nuestro país posee una base cultural de particular hostilidad a la economía moderna, si bien no toda la crítica que se le hace a esta carece de base. En eso estamos. Comenzar por la Constitución tratándola no como el documento político que debiera ser, sino como fuente milagrera, es suponer que la superstición no es un adorno cultural, sino un surtidero que produciría bienestar material; viene a ser materialismo sui generis. Cuidado con esto, Chile está en la balanza.

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