Opinión OPINIÓN / El Mercurio Lunes 18 de noviembre de 2019

Justicia social y cambio estructural

John Tomasi |

La concepción de justicia de la democracia de mercado ofrece algo a las personas que están en ambos lados del clivaje político chileno actual.

Soy un filósofo político que viaja por el mundo pensando y conversando acerca de la justicia social. Desde hace un año y medio que vivo la mitad de mi tiempo en Santiago, estudiando a Chile. Durante la semana de las grandes marchas estuve cada día en Plaza Italia, observando y escuchando.

Escucho gente haciendo dos demandas de fondo. Primero, que Chile necesita despertar y comprometerse explícitamente en la búsqueda de justicia social. Es decir, independientemente de los éxitos del país, Chile requiere hacer más por transformarse en una sociedad genuinamente inclusiva. Segundo, para hacer de Chile una sociedad más justa se requiere de un cambio estructural. Estoy de acuerdo.

Pero la pregunta es: ¿qué parte de la estructura existente tiene que cambiarse y qué parte debe ser preservada? La respuesta depende de lo que entendemos por justicia social.

Existe una fuerte división entre los filósofos políticos acerca de la naturaleza de la justicia social. Esta división se refleja dramáticamente en la historia política de Chile y en su actual práctica política.

Por un lado, tenemos la concepción neoliberal de la justicia (asociada en Chile a los Chicago Boys). Este modelo de justicia enfatiza la responsabilidad personal, el libre mercado y el crecimiento económico. Sin embargo, descuida el imperativo de la inclusión social, esto es, el hecho de que un orden social justo debe respetar la dignidad de cada chileno, joven o viejo, hombre o mujer, poderoso o débil.

Por otro lado, está el modelo socialista de la justicia (históricamente asociado con Allende). Este modelo defiende correctamente el ideal de igual dignidad para todos. Pero insiste en un enfoque de política social dirigido desde arriba, es escéptico de los mercados y busca la justicia incrementando el tamaño del Estado. Esto no solo frena el desarrollo económico, sino que tiene el costo moral de imponer una solución única sobre toda la sociedad. El modelo socialista falla en entender que, más allá de tener bienes materiales, los ciudadanos quieren vivir de acuerdo con sus propios valores. Más que una dependencia forzada del Estado, los ciudadanos quieren genuina libertad, o sea, la dignidad que tiene lugar solo cuando los individuos se ven a sí mismos como causas de sus propias vidas. En esto, el modelo socialista de la justicia, así como el neoliberal, son moralmente defectuosos.

Con todo, los filósofos políticos recientemente han comenzado a desarrollar un tercer modelo de justicia social: la democracia de mercado. Rechazando el modelo neoliberal y el socialista, esta nueva teoría de la justicia busca combinar los puntos de vista morales de cada uno de estos viejos modelos. La democracia de mercado tiene un fuerte compromiso con el ideal de la inclusión social. Pero también reconoce que la protección de la libertad de mercado es esencial para cualquier forma valiosa de inclusión.

Una democracia de mercado insiste en que un sistema es superior si en vez de tratar a los ciudadanos como entes pasivos que dependen del Estado permite a todos los individuos adquirir esos bienes mediante su propio esfuerzo. Y tal como en el modelo socialista de la justicia, y a diferencia del modelo neoliberal, la democracia de mercado insiste en una distribución justa. Pero, a la vez, y a diferencia del modelo socialista, la democracia de mercado reconoce la importancia de la agencia individual tal como lo hace el modelo neoliberal.

Los resultados importan, pero también importan los procesos. Los cambios institucionales deben ser guiados por algún tipo de teoría de la justicia. Pero el modelo neoliberal y socialista no son los únicos modelos. La concepción de justicia de la democracia de mercado ofrece algo a las personas que están en ambos lados del clivaje político chileno actual. Pienso que la democracia de mercado es un ideal de justicia social que puede unir a los chilenos más que dividirlos.

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