Opinión La Segunda Miércoles 25 de marzo de 2020

La “alcaldización” de la política

Juan Luis Ossa S. |

Se requiere unidad y centralización en la información. La atomización y los lobos solitarios simplemente no ayudan.

Los alcaldes han jugado un papel protagónico desde el retorno de la democracia. Son actores que conocen bien el funcionamiento práctico de la política, y más de alguno ha logrado saltar de las lides comunales a la gran contienda nacional. Su conocimiento de lo que ocurre en los barrios que conforman su jurisdicción les permite medir de primera fuente el pulso de la cotidianidad, creando a la pasada una sofisticada red de clientelas que se extiende a lo largo y ancho de sus territorios administrativos. Los ediles del siglo XXI son la primera, y a veces única, autoridad a la que los ciudadanos comunes y corrientes pueden acudir en caso de necesidad.

Pero que ello sea así no quiere decir que la “alcaldización” de la política sea necesariamente deseable ni más democrática. Si bien puede pensarse lo contrario, en la crisis actual los alcaldes no siempre han beneficiado a los vecinos que dicen proteger. No por malintencionados y aprovechadores (aunque de seguro más de uno habrá), sino porque confunden y tergiversan más de lo que explican o resuelven.

Así, por ejemplo, los llamados a implementar cuarentenas forzosas no solo van a contrapelo de lo que han sugerido las jefaturas sanitarias chilenas y de la OMS, sino que cargan con una promesa muy difícil —acaso imposible— de cumplir. ¿Quién puede asegurar que una reclusión de dichas características frenará efectivamente el número de contagios? ¿Cuántos días deberían durar las cuarentenas para lograr su cometido? ¿14, 30, 60? ¿Qué pasará cuando avance el otoño y recién ahí nos acerquemos al peak de infectados?

Más importante todavía, los ediles no deben arrogarse —como ha dicho Ramiro Mendoza— roles que sobrepasan su radio de acción. De la misma manera que no tienen la facultad de cerrar locales comerciales sin la autorización correspondiente, no parece claro ni evidente que puedan confinar a los ciudadanos a un encierro sin fecha de término. Para ello existen canales institucionales, cuya acción es —no puede sino ser así— centralizada y vertical. Una sola vocería resulta, en este caso, mucho más aconsejable que la multiplicidad de opiniones.

Por supuesto, las buenas ideas son bienvenidas y más de algún alcalde elaborará soluciones atinadas para enfrentar los estragos del coronavirus. Pero informar los casos de defunciones por los matinales (tal como lo hizo el lunes la líder comunal de Maipú, Cathy Barriga) es profundamente irresponsable. Genera incertidumbre; produce una seguidilla de rumores; pone trabas al conteo y a la trazabilidad formal. Y todo eso ¿para qué? ¿Para ganar un voto por acá y otro por allá?

La presidenta del Colegio Médico lo entendió bien: se requiere unidad y centralización en la información. La atomización y los lobos solitarios simplemente no ayudan.

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