Opinión El Mercurio, 15 de julio de 2012

La crisis europea, la economía mundial y Chile

Vittorio Corbo |

Como los niveles actuales de las tasas de retorno de los bonos de España e Italia, en torno al 7% anual, ponen en peligro su solvencia, las acciones para intentar controlar la crisis se han acelerado en varios frentes. De una parte, apoyado en un trabajo del FMI y de dos consultoras externas, España ha avanzado en dimensionar la cuantía de recursos que serían necesarios para que, en un escenario macroeconómico muy adverso, la banca esté suficientemente capitalizada con miras a mantener su solvencia. En este escenario, se estima que el requerimiento adicional de recursos alcanzaría a algo más de 60.000 millones de euros y se necesitarían para las cajas y algunos bancos pequeños y medianos.

Para sortear esta crisis no basta con las medidas que finalmente tomaron España e Italia, sino que se va a requerir también de acciones de apoyo por parte de la Zona Euro y la Unión Europea para que estos dos países puedan sostener sus programas de ajuste, dándoles tiempo para que muestren sus frutos.

Además, la reunión de Jefes de Estado de la Zona Euro del 28 y 29 de junio y la de ministros de Hacienda del lunes pasado terminaron con importantes avances en la aprobación de recursos para la capitalización del sector bancario español. En una primera etapa se le otorgará al gobierno español una línea de crédito de 30 mil millones de euros para este propósito. Se acordó también que, una vez que se tenga la institucionalidad para que la supervisión de la banca pase a manos del Banco Central Europeo (BCE), el apoyo financiero para el saneamiento de la banca se haría en forma directa a los bancos sin abultar la deuda pública. Estos créditos tendrán una condicionalidad asociada al saneamiento del sector bancario que se plasmará en un acuerdo que será firmado la próxima semana. En la misma reunión de ministros de hacienda se le dio más tiempo a España para que reduzca su déficit fiscal al 3% del PIB.

Lo que es más importante, en los últimos diez días, España e Italia han anunciado sendos programas de ajuste fiscal con un peso importante en la reducción del gasto público y medidas estructurales para mejorar la competitividad. Estos ajustes van a contribuir a fortalecer la solvencia fiscal y a cumplir con las metas de déficit fiscal establecidas por la Unión Europea (UE). Las medidas estructurales apuntan a flexibilizar los mercados laborales, aumentar la competitividad, promover el empleo y facilitar el crecimiento. En forma paralela, los jefes de Estado de la Unión Europea aprobaron la creación de un fondo por 120 mil millones de euros para promover el empleo y el crecimiento.

Las razones para entender esta celeridad son simples. Luego de un sinnúmero de intentos a medias tintas y sin el impulso suficiente, los líderes europeos se han convencido de que el costo de un eventual colapso de la Zona Euro (ZE) supera con creces la inversión requerida para controlar la crisis. En consecuencia, ahora avanzan en forma más decidida en la aprobación de medidas para estabilizarla tanto en los países con problemas como en la ZE como un todo.

Sin embargo, hay que estar conscientes de que la salida de esta crisis será un proceso largo y con muchos obstáculos en el camino. En particular, en España e Italia la oposición a los ajustes va a ir en aumento a medida que estos se intensifiquen. Además, para sortear esta crisis no basta con las medidas que finalmente tomaron España e Italia, sino que se va a requerir también de acciones de apoyo por parte de la Zona Euro y la Unión Europea para que estos dos países puedan sostener sus programas de ajuste, dándoles tiempo para que muestren sus frutos. En particular, se necesita que el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (EFSF) y el Mecanismo Europeo de Estabilidad (ESM) puedan comprar deuda de los países periféricos. Además, y especialmente ahora que la inflación efectiva y la proyectada de la Zona Euro está cayendo bajo el 2%, el BCE tiene que jugar un rol mucho más activo tanto con nuevas bajas de tasas como en el uso de armas no convencionales. Además, las autoridades de la ZE tienen que incrementar los recursos de sus fondos de apoyo para así poder asegurar a los mercados que España e Italia van a tener suficiente respaldo en sus mercados de deuda para mantener su solvencia. Para esto último se va a requerir otorgarle una licencia bancaria al ESM para que esté en condiciones de apalancar su capital con créditos del BCE. Más adelante, una vez que la crisis esté controlada, se requerirá el fortalecimiento de la institucionalidad de la Unión Monetaria Europea (UME) para evitar que se repitan episodios tan costosos como éste. Entre las instituciones que se tendrán que crear están la Unión Bancaria (supervisión, regulación, resolución de crisis, seguros de depósitos), la Unión Fiscal y la Unión Política.

La crisis europea está llevando a Europa a la recesión, lo que unido a la asociada pérdida de dinamismo de EE.UU. y la desaceleración de China y el resto de los emergentes, han llevado a que el crecimiento de la economía mundial pierda fuerza. Además, los riesgos para el crecimiento están sesgados a la baja (un mayor deterioro de la crisis europea, un aterrizaje más pronunciado de China, un sobreajuste fiscal en EE.UU. y problemas geopolíticos asociados con Irán).

Si la desaceleración de la economía mundial se profundiza, Chile no se podrá aislar de sus efectos. Sin embargo, nuestro país tiene importantes fortalezas para enfrentar un entorno externo más negativo y más incierto: producto en torno al producto potencial, inflación en torno a la meta, una importante liquidez en moneda extranjera, tipo de cambio flotante y reconocida solvencia fiscal. Pero también tenemos algunas debilidades que cobran mayor relevancia en momentos como estos. Un mercado laboral con rigideces en salarios y horas trabajadas, por lo que los ajustes a shocks afectan con mucha fuerza al empleo. Además, el balance fiscal ajustado por el ciclo arroja un déficit sobre el 1% del PIB. En estas circunstancias, de materializarse los riesgos en el entorno externo, la principal línea de defensa estará una vez más en la política monetaria. En condiciones como estas es conveniente avanzar más decididamente en flexibilizar el mercado laboral, concluir la discusión sobre una reforma tributaria que provea de recursos para financiar los aumentos comprometidos de gasto público y que mejore la equidad y la eficiencia, alinear los aumentos en el salario mínimo con sus fundamentos y remover los obstáculos al crecimiento que dependen de nuestra acción. Para ello se requiere un esfuerzo conjunto del gobierno, el Congreso, los trabajadores y los empresarios; en resumen, una política y voluntad de Estado para avanzar en estos temas.

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