Opinión El Mercurio, 3 de enero de 2011

La pobreza de la PSU

Harald Beyer |

La predicción del desempeño académico no es muy elevada con la PSU y parece imprescindible ampliar los instrumentos disponibles para que las universidades puedan seleccionar mejor a sus estudiantes.

Los sistemas de admisión a las universidades varían en forma importante entre países. Algunos están más vinculados a la experiencia escolar de un estudiante. Los casos más emblemáticos, cada uno con matices, son Alemania, Francia e Inglaterra. Otros son exámenes que se apartan de esa experiencia, aunque indudablemente la toman como base. La experiencia más evidente es Estados Unidos. El caso chileno se asimiló en 1967 al de este último país y ha mantenido esa impronta. Hay ventajas y desventajas en los distintos sistemas, pero a medida que se han desarrollado, todos ellos han ampliado las pruebas disponibles para seleccionar a los estudiantes.

No es el caso de Chile. El cambio desde la PAA a la PSU no modificó mayormente el paradigma adoptado por Chile hace 33 años, pero terminó empobreciendo el número de instrumentos existentes. Por diversas razones me opuse al cambio. Creo que nada de lo que se prometió que iba a suceder con esta modificación se ha cumplido. No vale la pena retomar esa discusión. Sin embargo, hay un asunto que merece atención y que apunta a la capacidad de esta prueba para predecir el desempeño de los estudiantes seleccionados. Finalmente es ésta la principal razón por la que existen los sistemas de admisión.

La nueva prueba no aumentó esta capacidad de predicción y, aunque hay estudios que sugieren que la mantuvo respecto de la batería de instrumentos existentes con anterioridad, la lectura cuidadosa de la evidencia reportada invita a poner en duda esa conclusión (por los demás es curioso que, en una materia de tanta trascendencia, no se pueda acceder a los datos que permitan replicar esas investigaciones). En cualquier circunstancia, como la predicción del desempeño académico futuro no es muy elevada, parece imprescindible ampliar los instrumentos disponibles para darle a las universidades y carreras la oportunidad de seleccionar mejor a sus futuros estudiantes.

Pruebas de escritura, al menos dos pruebas de matemáticas, una mayor diversidad de pruebas específicas, entre otras transformaciones, serían bienvenidas. Más todavía si éstas no están demasiado vinculadas al curriculum del país, sobre todo en lo referido a los dos últimos años de la educación secundaria, sino que más a las necesidades de los centros de educación superior. Así también se lograría darle algo más de aire a la experiencia escolar de nuestros jóvenes.

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