Opinión El Mercurio, 21/11/2010

¿La política de los clones?

Harald Beyer |

Uno de los grandes logros políticos de la Concertación fue materializar el arco iris del plebiscito durante su gestión de gobierno. Los líderes de esta coalición tuvieron la prudencia y la sabiduría para crear un entorno donde, más allá de las diferencias políticas que no eran menores, primaba un clima de amistad cívica que permitía que los distintos puntos de vista se expresaran libremente sin que ello pusiese en riesgo la convivencia interna. Esta forma de proceder no sólo fue clave para la supervivencia de la Concertación, sino que para su éxito electoral. Fue una coalición llena de matices, característica que en lugar de debilitarla la fortaleció.

Ello ocurría porque, de una u otra forma, un grupo amplio sentía que tenía un lugar bajo ese arco iris. Por cierto, ello no significaba que sus visiones estaban representadas en plenitud. En política es muy difícil que lo estén, y eso es algo que la población sabe. Pero, de alguna manera, unos y otros sentían que tenían la oportunidad de que sus ideas se plasmaran o al menos se debatieran en el seno de la coalición. Por supuesto, todo ello dentro de límites predecibles. Después de todo, se espera que las posturas que abordan las coaliciones o partidos políticos tengan esa característica. La simpatía hacia estas organizaciones o la identificación con ellas nace precisamente de que hay algún grado de certeza respecto de cómo va a actuar en diversas circunstancias.

Mucho de eso se perdió. No cabe duda de que se ha vuelto algo menos predecible, ya que reivindica con menos fuerza de lo que debiera su exitosa gestión, y también porque su visión de futuro se ha diluido. Fuera del gobierno no ha podido esbozar un proyecto razonable. Obviamente aún tiene tiempo y, por tanto, este no parece ser la más grave de sus falencias. Quizás su mayor problema es que esos matices que la caracterizaban parecen haberse desvanecido. Las críticas de los parlamentarios concertacionistas durante la tramitación del Presupuesto, a propósito de otro asunto, no dejaron entrever ninguno de los matices que han caracterizado a la Concertación. Se escuchaban sólo voces que competían por hacer la crítica más exagerada y furiosa, pero no a una de las partidas del Presupuesto, sino que a la vocera del gobierno o al Presidente. No es la primera vez que se echa de menos esa falta de matices. Si los políticos opositores se vuelven clones unos de otros, el futuro político de este conjunto de partidos quedará en entredicho.

Este riesgo también está presente en el oficialismo. La estrella de la campaña tenía bordes precisos, pero en su interior asomaban variados colores. Sugiere una apuesta por una coalición más diversa, donde las distintas opiniones tienen cabida y tienen la oportunidad de abrirse paso. De nuevo, puede que no prosperen. Es siempre una posibilidad en el debate político. Ahora bien, la estrella tiene que instalarse como referente simbólico en la forma de hacer política en la nueva coalición de gobierno. Hay algunos avances al respecto, pero menos de los que son necesarios para hacer este propósito realidad. Es más, sorprende cómo los matices son, a veces, enfrentados severamente, incluso cuando son tan inofensivos como la referencia a una nueva derecha que, seamos francos, es apenas un boceto. Sin lugar a dudas, ésta es una coalición a la que le ha resultado particularmente difícil acoger las diferencias. Hay muchos factores que la ayudaron a llegar al Gobierno, y uno de ellos fue el reconocimiento, aunque haya sido a regañadientes, que una coalición moderna en un mundo cada vez más diverso debe abrazar y no rechazar las distintas ideas que están en ebullición entre sus partidarios y cercanos. Su éxito político será de corta duración si no logra consolidar esa visión y no acuerda mecanismos razonables para resolver sus diferencias.

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