Opinión Diario Financiero Miércoles 3 de junio de 2020

Alesina y la austeridad

Leonidas Montes |
Foto: William Rojas

Alberto Alesina nació en Broni, un pequeño pueblo rodeado de maravillosas montañas en Lombardía. Como buen italiano aficionado al trekking, murió de un paro cardíaco el sábado 23 de mayo haciendo lo que le gustaba: caminando con su esposa y pensando.

Alesina fue un economista prolífico con un enfoque multidisciplinario que desde joven se sintió atraído por cuestiones políticas que se relacionaban con la economía. Es un destacado exponente de lo que hoy se conoce como economía política. Como dijo Larry Summers en el Washington Post, será difícil imaginar esta área de la economía sin su presencia.

Partió estudiando diversos temas institucionales y políticos relacionados con la independencia de los bancos centrales. La pregunta era cómo asegurar su efectividad para controlar la inflación y no caer ante los cantos de sirenas de la política. O, mejor dicho, la idea era ayudar a encontrar el mejor diseño para enfrentar las seductoras melodías de las sirenas. Sus investigaciones, al alero de la interacción entre economía y política, cubrieron diversos temas como desigualdad, desafíos de la integración europea y estudios sobre el riesgo de las uniones monetarias.

También se interesó por lo cultural. Usando herramientas económicas intentó explicar, por ejemplo, las diferencias entre los estados de bienestar europeos y el sistema americano. Con una mirada libre y abierta, no evitó meterse en cuestiones peliagudas como la inmigración. Pero sus trabajos sobre deuda pública y consolidación fiscal son los más citados y discutidos. Y quizá, los más controvertidos y atingentes.

Aunque en los tiempos que corren todos somos keynesianos, Alesina remaba contra esa corriente. Si el déficit fiscal es grande, su propuesta era disminuir el gasto público. La idea central es que la austeridad, en vez de contraer la economía, podía aumentar el crecimiento económico. Esta política, que tiene sus fundamentos en el pensamiento de David Ricardo, fue también desarrollada por Robert Barro. La intuición subyacente es que, si un gobierno aprueba un programa para reducir el déficit fiscal, entonces las familias y las empresas pensarán que van a pagar menos impuestos. Por esta razón, y en base a las expectativas racionales de Robert Lucas, reducirán su ahorro y aumentarán su gasto e inversión. En simple, la señal de reducir el déficit renovaría la confianza para que los inversionistas empujen la rueda de la economía. Por lo tanto, disminuir el gasto fiscal sería una mejor política que aumentar impuestos.

Alesina fue, como pueden imaginar, una especie llanero solitario. Sabemos que desde la crisis de la deuda en 2010 prevaleció una política monetaria expansiva. También sabemos que no existía causalidad, sino correlación, a la hora de explicar su hipótesis de la austeridad expansiva. Pero también es cierto, al margen de estas cuestiones técnicas o metodológicas, que el mundo, por muy buenas e ineludibles razones, aumentará su deuda y el gasto.

Por eso es importante pensar en el futuro. Tendremos que salir de esta crisis y el concepto de austeridad será fundamental. Su último libro, en conjunto con Carlo Favero and Francesco Giavazzi, se tituló precisamente “Austerity” (Princeton, 2019). Su legado también nos recuerda esa inevitable realidad.

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