Opinión La Segunda, 28 de octubre de 2014

El Muro y la izquierda chilena

Leonidas Montes |

El próximo 9 de noviembre se celebran los 25 años de la caída del muro de Berlín. Las palabras de Ronald Reagan, celebrando los 750 años de Berlín en junio de 1987, todavía retumban: “Mr. Gorbachev, open this gate. Mr. Gorbachev, tear down this wall!”. Al final, así fue. Sólo entonces se descubrió lo que realmente sucedía en Alemania Oriental. El muro cumplía su función. La Stasi controlaba. Y Erich Honecker lideraba la represiva dictadura socialista.

Nuestro país jugó un rol importante en este episodio histórico. Entre diciembre de 1991 y julio de 1992, Honecker fue acogido como huésped de la embajada chilena en Rusia. Después de muchas tensiones y jugadas diplomáticas, el gobierno de Aylwin tuvo que aceptar a Honecker y a su mujer en Chile. Se aferraron a razones de salud, ya que el dictador padecía de cáncer. Vínculos sobraban. Su hija era casada con un chileno y muchos exiliados habían vivido en la RDA. En definitiva, fue un acto de reciprocidad.

Honecker murió en Chile en mayo de 1994. Su mujer, Margot Honecker, la entonces temida ministra de Educación Popular conocida como “the purple witch”, vive silenciosa y discretamente en La Reina. Pero ha tenido sus salidas de libreto. En una polémica entrevista en 2012 se refirió a la estupidez de quienes arriesgaron su vida por saltar el muro, defendió la Stasi y no mostró arrepentimiento alguno, concluyendo que ella “tenía el cuero duro”. Sus declaraciones dieron la vuelta al mundo.

Si en Chile hemos visto a contritos políticos de la derecha haciendo fila para pedir perdón frente a las atrocidades de los DD.HH. durante la dictadura, con la izquierda no ha ocurrido lo mismo. Aunque en ese sector hay una larga lista de cómplices activos y pasivos, no se ha escuchado un rotundo “nunca más”.

La izquierda chilena está en deuda con la democracia. Algunos ya dejaron las armas, pero muchos todavía creen que los DD.HH. son el monopolio de la izquierda. Y olvidan, o simplemente ignoran, que los DD.HH. son un imperativo categórico. Ya llegó la hora para que los nostálgicos de aquellos tiempos, los cómplices pasivos de la izquierda chilena que vivieron y avalaron el Muro de Berlín hagan algún gesto simbólico. La lista de los prominentes es larga.

Hace 25 años Pinochet cayó con un plebiscito. También hace 25 años el socialismo duro cayó junto al muro de Berlín. La derecha hizo lo suyo, pero la izquierda todavía está en deuda. No hay ningún gesto significativo de este sector. La Presidenta Bachelet, que vivió en la RDA y representa a un amplio sector de la izquierda, tiene una gran oportunidad política. Y una obligación moral. Si Piñera se refirió a los cómplices pasivos, Bachelet debería hacer algo similar. Sería un gesto republicano necesario para nuestra democracia. Pero también un deber moral.

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