Opinión El Mercurio Domingo 9 de mayo de 2021

“El Presidente Piñera se ha convertido en una especie de imán o depósito de lo negativo”

Leonidas Montes |
Foto: William Rojas

Entrevista al director del CEP, Leonidas Montes.

Hace algunos días se entregaron los resultados de la última versión de la encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP). Producto de la pandemia, el estudio no se publicaba desde comienzos del año 2020. Es la primera vez que, en razón de las mismas circunstancias, se hace de manera telefónica y no cara a cara.

Por supuesto, generó críticas: desde quienes cuestionaron esta metodología hasta los enojos de los que no aparecen mencionados e incluso de los que aparecen en ella. Al director del CEP, Leonidas Montes, no le preocupan esas críticas. “Si no las hubiera, tendríamos que preocuparnos”, señala.  

Realizada entre el 12 y 23 de abril, la encuesta coincidió con la tramitación del proyecto que permitió un tercer retiro de los fondos de AFP, lo que tal vez se relaciona con la positiva valoración de Pamela Jiles o lo severa con el presidente Piñera, quien no ha logrado capitalizar una, a juicio de Montes, exitosa gestión frente a la pandemia. Es cierto que la encuesta, en todo caso, fue también muy dura con los candidatos de Unidad Constituyente y que, por la fechas, no figura allí la actual presidenta del Senado, Yasna Provoste, cuyas actuaciones más llamativas fueron por entonces.   

Pero Leonidas Montes, un intelectual de amplio espectro —ingeniero civil industrial, licenciado en Filosofía y magister en Ciencia Política, además de doctor en Economía de la Universidad de Cambridge, Inglaterra; ha sido profesor de la Universidad Adolfo Ibáñez y reconocido estudioso a nivel internacional del pensamiento de Adam Smith y la Ilustración Escocesa— está menos interesado en la minucia electoral y sus vaticinios, que en temas más amplios. “La verdad es que no me gusta predecir en política ya que en estos tiempos de la inmediatez todo puede cambiar muy rápido”, indica, respecto de la encuesta que, en esta ocasión, no mide intención de voto, sino valoraciones positivas y negativas de las figuras políticas.

Le preocupa el ambiente de crítica y pesimismo que hay en el país, que se difunda una lógica que distinga entre amigos y enemigos. Constata la dureza de la crisis económica, pero tiene la esperanza de una  pronta recuperación. Considera que el Estado “está haciendo agua” y requiere una urgente modernización. Confía en que primarán los valores del liberalismo y que pese a la creciente fragmentación política, la ciudadanía valora el diálogo y la moderación.

-Ha sido más de un año de pandemia y su consiguiente crisis económica. ¿Lo considera un tiempo perdido o, peor aún, de retroceso, para el país?

-La idea del tiempo perdido evoca a Marcel Proust. Y como me fascina la mirada reflexiva de Proust, creo que detrás de cualquier crisis también se asoman oportunidades. Esta crisis económica ha sido muy, pero muy dura. La caída del PIB ha sido brutal y la pérdida de empleos será difícil de remontar. Sin embargo, se nos viene un segundo semestre de rápida y potente recuperación económica. Espero que este impulso active eso que Keynes definía como el “animal spirits”, para que la inversión y la confianza en el país se recuperen. Y también espero que, en este ambiente de tanta crítica y pesimismo, volvamos a valorar lo bueno.

-Las adhesiones más generales del CEP son: las libertades personales, una economía social de mercado y la democracia. ¿Se han visto todas o alguna de ellas puestas en cuestión por la situación de crisis?

-El CEP siempre ha estado comprometido con los principios liberales, eso que Adam Smith en su “Riqueza de las Naciones” definía como el “plan liberal de la igualdad, la libertad y la justicia”. Es verdad que esta crisis ha cuestionado o tensionado algunos principios liberales. Por ejemplo, nuestra libertad se ha visto coartada y amenazada. Y por cierto la democracia representativa, fundada en una sociedad libre y abierta, está enfrentando una situación compleja en el mundo. No obstante, sigo pensando que el liberalismo, como una manera de vivir y convivir, es lo que nos permite desarrollarnos como personas. Si uno mira la historia, en momentos de crisis el liberalismo siempre ha sido cuestionado y atacado. Pero ahí sigue, vivito y coleando, defendiendo la libertad, la tolerancia, el respeto, la diversidad y la justicia.

-En sus columnas recientes se ha repetido el nombre de Thomas Hobbes. ¿Sigue siendo actual?

-Pienso que estos han sido los tiempos del libro “Leviatán” (publicado en 1651) de Thomas Hobbes. Por de pronto, no parece casual que Hobbes haya escrito ese libro en una época en que las pandemias eran muy comunes. De hecho, en la portada de su primera edición, en ese dibujo del Leviatán lleno de simbolismos y detalles, aparece un detalle curioso. Bajo la figura del imponente Leviatán se ve un pueblito casi vacío, como si todos estuvieron encerrados. Y por ahí aparecen dos diminutas personas con largas y redondas narices. Son dos médicos con esas máscaras que se usaban en esa época para evitar el contagio de la peste. En Hobbes también está muy presente el miedo, que es algo propio de las pestes.

-¿Y cree que estamos acercándonos al “estado de naturaleza” que describió Hobbes?

-En cuanto al estado de naturaleza, hay algo de eso. Una crisis como esta, que coarta la libertad, invade nuestros espacios, afecta nuestra situación económica, y nos mantiene, por así decirlo, entre la vida y la muerte, tiene efectos en nuestra psiquis. Ahí está ese miedo atávico que inspiró a Hobbes. Pero también aparece esa “libido dominandi” (esa pulsión de dominio) tan propia del hombre que se manifestaría en ese estado de naturaleza hobbesiana, en una especie de guerra de todos contra todos. Y quizá esto se refleja en el debate y la discusión política, donde a ratos caemos en esa distinción que hacía Carl Schmitt entre amigos y enemigos, donde el otro, el adversario, se convierte en el enemigo público.

-Ya que menciona la idea de Schmitt, ¿está primando entre nosotros esa lógica del amigo y el enemigo?

-Tal vez hay algo de eso. Siempre me ha sorprendido la influencia que tiene Carl Schmitt en Chile. Y para quienes valoramos la libertad y la democracia, este hecho no es trivial. Schmitt es un intelectual relevante y profundo, por cierto, pero no olvidemos que fue el “Kronjurist” del Tercer Reich. Carl Schmitt fue el jurista que pavimentó el camino constitucional y legal a Hitler. En Chile tiene muchos admiradores y seguidores, de derecha y de izquierda. Y, como decía, su influencia me sorprende. No ocurre lo mismo en el mundo anglosajón. Quizá es mirado con mayor recelo por su rol histórico. En cambio, y esto es más sorprendente aún, Carl Schmitt tiene gran influencia en China. Vaya casualidad, ¿no?

-El anhelo del Estado en esta época, ¿es razonable dadas las circunstancias?

-La función del Estado en una crisis es fundamental y necesaria. Pero el anhelo del Estado no debe confundirse con el deber del Estado. Y esto último es lo más preocupante. Hace tiempo que venimos trabajando desde Centros de Estudios, Universidades y con muchísimos académicos interesados en las políticas públicas en una serie de propuestas y reformas para modernizar el Estado, para traerlo al siglo XXI y acercarlo a la ciudadanía. Pero no hemos visto grandes reformas.

-En cuanto a eso, ¿ha sido capaz el Estado chileno de dar respuesta adecuada y, si no, cuán urgente es la modernización estatal?

-Hace ya tiempo que es urgente modernizar el Estado y acercarlo a las personas. Pero la verdad es que el Estado en Chile está haciendo agua. Le cuesta llegar con toda la ayuda. Eso, lo hemos visto.  Lo hacen mucho mejor y de manera más eficiente las AFP. Y ya que recién hablamos del Leviatán, que era un solo cuerpo, en nuestro Estado no existe coordinación entre sus órganos. ¡Cómo es posible que sigamos sujetos a un Estatuto Administrativo tan vertical y anacrónico! El Estado chileno es poco flexible. Los funcionarios públicos solo pueden hacer carrera en una sola repartición. ¿Por qué alguien que trabajó en el Ministerio de Agricultura no puede trabajar, por ejemplo, en Aduanas?

-La pandemia ha tenido otro efecto: también ha sido más de un año sin la encuesta CEP. ¿Cómo ha sido volver a realizarla?

-El año pasado hicimos esfuerzos ingentes para hacer nuestra encuesta. Establecimos protocolos para poder hacerla siguiendo la evolución de las condiciones sanitarias. Ciertamente lo intentamos. Pero no fue posible. Es por eso que este año tomamos la decisión de hacer, por primera vez, con todos los resguardos metodológicos, una encuesta telefónica.

-Hacerla, dadas las circunstancias, de manera telefónica, ha generado algunas suspicacias y críticas. ¿Las encuentra justificadas?

-Como es usual con nuestra encuesta, siempre hay críticas. Si no las hubiera, tendríamos que preocuparnos. Por ejemplo, en cuanto a los personajes políticos, los que no salen en la foto se enojan. Y casi todos los que salen, también se enojan. La verdad es que nos acusaron de muchas cosas falsas. La diputada Pamela Jiles, por ejemplo, dijo que estábamos escondiendo una pregunta. Eso no fue así. Mintió. La verdad es que nuestra área de opinión pública tiene estándares muy elevados. Tiene además un gobierno corporativo sólido, con un Comité de Opinión en el que también participan personas independientes del CEP. Y todo es transparente. De hecho, como es habitual, una semana después de lanzar los resultados, ponemos a disposición del público toda la base de datos y su justificación metodológica. Para el CEP la encuesta, que lleva más de treinta tomando el pulso de nuestra sociedad, es un bien público.

-Según ella, la visión del país de la ciudadanía es sombría: un 53% considera que el país está estancado y un 40% lo ve en decadencia; un 70% opina que la situación económica es mala o muy mala. ¿Se percibe una catástrofe? 

-Eso es efectivo, pero por otra parte cuando se les pregunta a las personas por su situación, solo un 36% considera que está mala o muy mala. Esa diferencia es muy marcada. Existe una disonancia tremenda entre lo propio y lo demás, o lo otro. La gente no está tan mal cuando se le pregunta por su propia situación, pero piensa que el país y los demás están mucho peor. Hay, por así decirlo, cierto pesimismo.

-La encuesta fue muy negativa con la figura del Presidente: el político peor evaluado (un 70% lo evaluó negativamente) y un bajísimo apoyo a su manejo del gobierno (un 9%). ¿Es realmente un juicio a su gestión o refleja otra cosa, considerando que la vacunación, por ejemplo, parece haberse manejado bien?

-Así fue. En todo caso, el momento durante el cual se tomó la encuesta, en medio del debate por el tercer retiro, era muy desfavorable para el Presidente y el gobierno. Pero me parece que hay otro fenómeno más profundo. Pese a que Chile lo está haciendo bastante bien en su combate contra el Covid –no han faltado respiradores, el sistema de salud ha dado el ancho, hay vacunas y el proceso avanza muy bien– el Presidente Piñera no logra siquiera capitalizar esta exitosa gestión. Por el contrario, se ha convertido en una especie de imán o depósito de lo negativo. Por alguna razón concentra la ira, las rabias, y su figura pareciera encarnar todos los ataques contra el neoliberalismo, contra le modelo, las AFP, la derecha, las empresas o lo que a uno se le ocurra. Existe una cruzada atávica contra el otro, contra la derecha, contra el neoliberalismo, contra las AFP, contra el sistema e incluso contra el estado de derecho. El presidente Piñera habrá cometido errores. Tendrá sus defectos como cada uno de nosotros. Pero en esta cruzada para convertirlo en el enemigo público, debemos reconocer su fortaleza y apego republicano.

-¿A qué podría responder la alta valoración de Pamela Jiles y, si se trasladara a la intención de voto, podría convertirse en una candidata presidencial competitiva? 

-Nuestra encuesta solo mide el conocimiento de algunos personajes que están en la arena política. Respecto a Jiles o cualquier otro personaje, la verdad es que no me gusta predecir en política ya que en estos tiempos de la inmediatez todo puede cambiar muy rápido. Pero cualquier personaje de la farándula aparecería con un elevado conocimiento.

-¿Es un signo saludable o más bien preocupante la proliferación de candidatos por lado y lado?

-La competencia es algo propio de la política. A mi juicio lo más preocupante es que el Congreso se ha convertido en una Torre de Babel donde todos hablan y pelean, y no existe ánimo de llegar acuerdos. Pero estamos en época electoral, donde los ánimos se atizan y los legisladores se ponen demasiado creativos.

-En una columna señalaba que hay un parlamentarismo de facto y una especie de binominal de facto. ¿Ha vuelto la predominancia de lo “fáctico”? 

-Es evidente que estamos en un parlamentarismo de facto, pero en esta reciente lógica de todos contra la derecha, pareciera que hubiera resucitado el binominal. El cambio de nuestro sistema electoral tuvo consecuencias. Ahora hay más representación, pero esto se refleja en la existencia de 16 partidos representados en el Congreso y un número similar de candidatos presidenciales. El problema de este cambio electoral es la fragmentación y atomización política que produjo, lo que evidentemente dificulta los acuerdos. 

-Estaremos a una semana de una votación tan compleja (por lo amplia y por la situación sanitaria) como trascendente. ¿Cuán determinante cree que será para el curso que tome el país?

-La elección de constituyentes es muy, pero muy importante. Aquí se juega el futuro del país, de nuestros hijos y nietos. Se necesita un grupo de personas razonables en la Convención.

-¿Qué espera de la labor de la Convención Constitucional?

-Espero que la Convención Constituyente realice su labor guiada por los acuerdos suscritos en noviembre del 2019 y por un Reglamento que les permita un trabajo serio y riguroso, transparente y eficaz.

-Usted ha sido un detallado estudioso del liberalismo del siglo XVIII. ¿Da ese liberalismo mejores respuestas a lo que viene que el liberalismo de los siglos XIX y XX?

-Bueno, creo que el liberalismo del siglo XVIII es un liberalismo más humano. No en vano Adam Smith escribió la “Riqueza de las Naciones” y también su “Teoría de los Sentimientos Morales”. Es el padre de la economía. De eso no cabe duda. Pero antes que nada fue un filósofo moral que desarrolló el concepto de empatía que hoy está tan de moda. Estos grandes pensadores, los padres fundadores del liberalismo, tenían muy clara la película de cómo somos. Las personas no somos individuos aislados, sino que vivimos con otros, en sociedad. Tampoco somos ángeles caídos del cielo. Esto es fundamental para comprender que la realidad es más compleja.

-¿Es optimista o pesimista respecto de los próximos años y cuáles son las razones para lo uno o lo otro?

-Soy por naturaleza optimista, pero a ratos las señales que se están dando el mundo político me recuerdan esa frase Schopenhauer que decía algo así como que el pesimismo es el optimismo sin toda la información... Fuera de bromas, creo que nuestra institucionalidad estará muy desafiada, pero confío en la moderación de la ciudadanía, en esa concentración que existe, de acuerdo con nuestra encuesta, en el centro.

 

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