Opinión La Tercera, 8/11/2008

En defensa del liberalismo

Leonidas Montes |

La crisis financiera ha atizado el debate ideológico. Algunos han pregonado la muerte del capitalismo. Se ha resucitado aquella profecía marxista de que el capitalismo cavaría su propia tumba. Algo similar ocurrió durante la Gran Depresión, que se inició en 1929. El llamado, en ese entonces, tuvo consecuencias políticas nefastas. Esta vez no ocurrirá lo mismo. Si el marxismo cavó su propia tumba con la caída del muro de Berlín, el liberalismo, y también la economía, están back to basics. Y esto es alentador.

Para aquellos que aún no creen en Darwin, y apelan a una suerte de creacionismo, la primera gran crisis financiera ocurrió cuando Eva mordió la manzana. A lo largo de la historia siempre han existido crisis financieras. Son un duro ejemplo de la destrucción creativa, esa característica que, según Schumpeter, es inherente al capitalismo.

El oportunismo político generado por la crisis ha elevado voces para aumentar el rol del Estado. Pero en Chile necesitamos urgentemente un mejor Estado, no más Estado. Pululan los llamados a una mayor regulación. Pero lo que necesitamos es mejor regulación, no más regulación.

Lo que ha ocurrido en esta crisis sería, para algunos, una falla del mercado. Para otros una falla del Estado. Incluso nuestra Presidenta salió a la palestra apelando a uno de los siete pecados capitales: la codicia. Lo cierto es que son muchos los factores que incidieron en esta crisis. Pero atribuir la crisis a una falla del mercado es simplemente no entender lo que significa el mercado.

Recientemente La Tercera publicó una polémica columna de Paul Samuelson, donde se refería al ponzoñoso legado del laissez faire de Friedman y Hayek. A sus 93 años, el autor del clásico “Foundations of Economic Analysis” (1947) y del texto de Introducción a la Economía más popular del siglo XX, sigue activo en el debate de las ideas. Este reconocido economista recibió el PremioNobel en 1970, lo que no es garantía de infalibilidad. Me temo que esta vez su afirmación carece de fundamentos. Aunque Rolf Lüders, en este mismo medio, rebatió algunos puntos de Samuelson en defensa del monetarismo, conviene revisar otras ideas.

Samuelson desde el MIT, y Friedman desde Chicago, tuvieron serias diferencias políticas. Estas se plasmaron, por ejemplo, en cientos de agudas columnas de opinión en Newsweek. Un economista liberal (en la tradición americana) ligado a la economía neoclásica moderna, contra un economista libertario defensor acérrimo de la libertad individual y del monetarismo. Dos colosos intelectuales. Y no olvidemos a Hayek. Un peculiar economista austriaco, influenciado por la tradición liberal anglosajona. Otro coloso intelectual que tenía, dicho sea de paso, serias diferencias tanto con Samuelson como con Friedman.

¿Es el legado de Friedman y Hayek responsable de la actual crisis? No debemos reducir el legado de estos grandes pensadores al laissez faire. Sería interpretarlos erróneamente. Defendían el libre mercado, pero con reglas. Y en el entendido de que existiera competencia. En el mercado todos jugamos este partido de fútbol en igualdad de condiciones. La cancha está bien delineada. No jugamos bajo el gobierno de la ley de la selva. Las patadas y los puñetes están prohibidos. Hay límites, reglas y también árbitros. En esta crisis, ¿fallaron quiénes defendían un juego competitivo?

En el caso de Hayek las reglas del juego eran su gran preocupación. El mercado coordina, de manera eficiente, la propensión natural del hombre a intercambiar. Desde el primitivo trueque, el hombre ha intercambiado para satisfacer sus necesidades. Pero el mercado no sólo es el lugar donde ocurre el intercambio. Está la competencia, el fenómeno social y económico que le da vida al mercado.

Un mercado competitivo se caracteriza por la transparencia. Si no hay competencia, hay fenómenos de captura que impiden que la información sea conocida por todos. La corrupción es sólo un ejemplo. Si hay competencia sin transparencia, equivale a no jugar con las mismas reglas. Algunos han argumentado que en esta crisis hubo exceso de libertad. Si la libertad individual es el principio fundamental de liberalismo, ésta también exige responsabilidad. Quizá Friedman y Hayek habrían dicho que en esta crisis hubo irresponsabilidad e incompetencia, no sólo de las clasificadoras de riesgo, sino también de las autoridades políticas.

En la burbuja del South Sea Company, Newton perdió una fortuna con sus acciones. Aparentemente dijo que podía predecir el movimiento de los cuerpos celestiales, pero no la locura de la gente. Al parecer algo similar está ocurriendo con esta crisis.

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