Opinión La Segunda, 2 de julio de 2013

Festival de lo inesperado

Leonidas Montes |

Las primarias fueron un festival de lo inesperado. Nadie hubiera imaginado la masiva convocatoria. Estas son buenas noticias para nuestra democracia: si los partidos políticos y el Congreso lideran el ranking de desconfianza, los ciudadanos valoran su derecho a elegir. La elevada participación refleja que, pese a todo, la política nos importa. Fue un ejemplar despliegue cívico, seguido por los sucesivos y oportunos resultados que entregaba el Servel. Tampoco se esperaba que Michelle Bachelet arrasara con esa convocatoria y esos resultados. La Nueva Mayoría fue casi tres veces la Alianza. Y la votación de Bachelet, prácticamente duplicó a Longueira y Allamand. En la Alianza no se esperaba que ganara Longueira. Y en la DC, que Velasco, un independiente sin partido que lo respalde, le ganara a Orrego con tanta ventaja. Es cierto que la DC apoyó a Orrego “a medias”, pero la derrota fue humillante para Orrego y la DC. En definitiva, los resultados fueron inesperados. Y también sorpresivos.

La gran ganadora fue Michelle Bachelet. Su victoria fue avasalladora. Ella puede seguir dándose algunas licencias, pero continuar generando tantas expectativas es un error que a futuro puede pagar caro. Llevar adelante, en un gobierno democrático de sólo 4 años, una reforma constitucional, tributaria, educacional, de salud y de las AFP es demasiado ambicioso, por no decir imposible.

Andrés Velasco también tiene buenas razones para celebrar. No hay que ser experto en Marx para darse cuenta que las mejoras materiales producen cambios sociales. Chile ha cambiado mucho, qué duda cabe. Y eso se refleja en la votación de Velasco. No fue sólo su valiente crítica a las malas prácticas en la política. Su éxito es la voz, o mejor dicho, el llamado de una sociedad más próspera, abierta y libre. Velasco finalmente optó, erróneamente a mi juicio, por ser parte de la Nueva Mayoría. En este grupo su cruzada, en base a ideas de centro y principios liberales, corre el riesgo de ser sólo testimonial.

Desgraciadamente, Velasco, la oveja blanca de la Nueva Mayoría, está en un corral ajeno. Y aunque le haya dado su voto a Bachelet, bucea como Jacques Cousteau en un agitado y turbio mar rodeado de algunos tiburones que no lo quieren. Dentro de la Nueva Mayoría, su futuro político es más incierto que la euforia de sus 278.056 votos. ¿Influirá con ese capital político en el programa de Bachelet? ¿Será nuevamente ministro? ¿Recolectará firmas para un partido? ¿Liderará un Expansiva 2.0? Velasco enfrenta muchas incógnitas en un escenario demasiado abierto. Es difícil especular lo que hubiera sucedido si Velasco hubiera llegado hasta el final. Mi impresión es que también nos hubiera sorprendido. Pero lo cierto es que hoy su slogan del “allá vamos” se ve todavía muy lejano.

Los grandes perdedores son dos: Orrego y Allamand. Y lo que es peor, la DC y RN. Se puede argumentar que, de alguna forma, el centro político quedó huérfano. Muchos ciudadanos moderados e independientes simpatizan con estos partidos de centro. Si bien Orrego reaccionó de inmediato con entereza y dignidad ante la derrota, en la lógica predatoria de los partidos la DC puede ser acorralada por la izquierda. Ya lo había declarado el senador Quintana: “si Orrego sale tercero, no habrá espacio para presiones o amenazas de ningún tipo”. Y con el holgado capital político de Bachelet, sólo está verse lo que sucederá. Ayer le hizo un guiño a la DC. Pero ella fue tajante: “la candidata es la que decide”. La UDI, en cambio, necesita a RN.

Aunque el rumbo que tome la Concertación dependerá de ella, cabe esperar que ambos bloques busquen acercarse al centro. Longueira tiene un desafío colosal. En su último debate con Allamand se mostró más distendido, alegre y cercano. Ese estilo le ayuda. Naturalmente el brillo del poder alegra e ilumina la mirada. Pero no debe perderse la racionalidad. Apuntar al centro, con todo lo que ello implica para un partido como la UDI, es clave para su campaña. Necesitará mucho apoyo —RN, Allamand, Golborne, Evópoli, por mencionar a algunos— y mucho trabajo. Será muy difícil, pero no imposible. De esto último, algo saben Lavín y Longueira.

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