Opinión Diario Financiero , martes 23 de enero de 2007.

Homo economicus Piñera

Leonidas Montes |

Con lo puesto, el negrito de Harvardobtuvo rápidamente -y con facilidad- su PhD en Economía para dedicar su talento y esfuerzo al mercado financiero. Partió como un simple ejecutivo, hasta convertirse en billonario. Por mérito propio hoy es uno de los hombres más ricos de Chile.

Por si fuera poco, y como si el tiempo le sobrara, incursionó en política. Cuando la derecha tenía un único candidato, irrumpió con esa fuerza y determinación que lo caracterizan. Fue una competencia dura. En ese otro cruel mercado de la política, Piñera venció a su contendor Joaquín Lavín. Acto seguido, y pese al intervencionismo que se ha ido develando, obtuvo una muy buena votación frente a Michelle Bachelet. Para sacarle el sombrero.

A Piñera le gusta el mercado. No sólo lo entiende, sino que se entienden. Disfruta la adrenalina de la competencia. Ahora bien, su éxito en el mercado financiero, y en el mercado político, es simplemente admirable.

Propongo un ejercicio teórico: analizar el comportamiento del homo economicus Piñera desde la perspectiva de John Maynard Keynes y Milton Friedman.

En su “Teoría General” (1936), Keynes distingue entre los empresarios y los especuladores. A los primeros los mueve un “animal spirit”, un factor psicológico que va más allá del frío cálculo matemático. Una especie de impulso irracional. A los segundos los mueve la ganancia inmediata. Sin desconocer una importante cuota del espíritu emprendedor de Sebastián Piñera, lo cierto es que su figura estaría mucho más cercana a la del especulador exitoso de Keynes. Piñera es un trader innato. Sabe donde hay una oportunidad.

Milton Friedman no es idealista: todo agente -homo economicus- maximiza su utilidad. En economía neoclásica para simplificar asumimos que hay sólo dos bienes. Dada una restricción presupuestaria elegiremos aquella combinación que nos reporte la mayor utilidad. Ahora bien, entre dos bienes cualesquiera siempre existirá una tasa marginal de sustitución. Si en el caso de Piñera asumimos que la política y el dinero son para él dos bienes, entonces debe existir una tasa de sustitución. Esto es, un trade off entre poder económico y poder político. En otras palabras, existiría un costo de oportunidad entre el empresario que persigue riqueza y el político que aspira a ser presidente. Este principio de la economía parece ser algo que Sebastián Piñera no ha querido comprender. Si así fuera, hubiera sido más prolijo.

Una fría mañana de invierno asiste a un directorio de Lan Chile. Entre otras cosas, se aprueban los estados financieros a junio de 2006. Esa misma tarde Piñera compra un importante paquete de tres millones de acciones de Lan Chile. Al día siguiente, prácticamente al cierre de la jornada bursátil, Lan Chile envía su FECU. Esa operación debió esperar.

En una comedia donde se filtran documentos reservados, y no se sabe quién los filtró, el 10 de enero –casi siete meses después- la SVS hace públicos sus cargos contra Piñera. De acuerdo al artículo 165 de la Ley Nº 18.045 Piñera (y también Cueto) debieron abstenerse de comprar acciones, ya queconocían los estados financieros, que aún no eran información pública. Esta ley y su espíritu me parecen de sentido común. Los balances financieros, antes de ser públicos, son información privilegiada. En un mercado competitivo -y a ese tipo de mercado apuntamos- no deben existir este tipo de asimetrías de información. Aunque en el fondo, como lo reconoce la SVS, no hubo intención de usar dicha información, el problema está en la forma: un director debe abstenerse de comprar o vender acciones hasta que la FECU sea pública. En el mercado las formas también importan.

Este tema será politizado tanto por la Concertación, que hoy pisa tejado de vidrio, como por el propio Piñera. Para aquellos que vemos alguna esperanza en la alternancia en el poder, Sebastián Piñera se perfila como el candidato con más posibilidades de la derecha. Aunque al menos públicamente ha reconocido su imprudencia -al parecer recordó que todo tiene un costo de oportunidad- el tema debería despolitizarse por el bien del mercado. Pero esto sería tan utópico como pensar que no hay asimetrías de información.

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