Opinión La Segunda, 5 de agosto de 2014

Inconsistencias en el PC

Leonidas Montes |

El presidente del Partido Comunista, Guillermo Teillier, sostuvo que el asesinato de Jaime Guzmán no fue un acto terrorista, sino un crimen político. Según Teillier, el terrorismo provendría sólo del Estado. Desconozco el derecho internacional, pero el sentido común me dice que esta definición sería, a lo menos, curiosa.

A propósito de todo esto, he recordado una excelente novela que debiera ser lectura obligatoria para todo hombre de izquierda y especialmente para los comunistas criollos, cuyo programa exige “la disciplina consciente de sus militantes”. Leonardo Padura, el escritor y periodista cubano que se hizo famoso con el detective Mario Conde, escribió “El hombre que amaba los perros”. Esta fascinante novela histórica recorre la vida y el exilio de León Trotsky. Y la de su asesino, Ramón Mercader. La progresión histórica del atormentado exilio de Trotsky es el telón de fondo que avanza, como un coro trágico, hasta culminar con su asesinato en México. Padura narra esa brutal historia de la maldad que engendró el sueño del comunismo. A las ya conocidas atrocidades y monstruosidades de Stalin, suma el desquiciamiento de una utopía. El revolucionario asesino Ramón Mercader, convertido en Jacques Mornard, es la pesadilla del hombre nuevo.

Esta novela histórica devela la psicología revolucionaria y su fracaso. Es, en definitiva, una crítica histórica a la utopía revolucionaria. Y también al régimen cubano. En la memoria histórica del PC chileno pareciera que todo parte y termina con la dictadura de Pinochet. Lo demás, son cosas del pasado. Fidel Castro sería un faro de luz y esperanza. Y Cuba, la concreción del sueño igualitario. En los 80 hubo 15 dictaduras en Latinoamérica. En el siglo XXI sólo sobrevive una, la de Fidel, quien en vida traspasó el poder a su hermano Raúl.

Por si fuera poco, el mismo Teillier, como presidente del PC, envió y firmó una sentida carta por la muerte del “Querido Líder” Kim Jong-il. En la misiva, dirigida al heredero y actual líder norcoreano, Kim Yong-un, el PC expresó sus “condolencias por el fallecimiento del compañero Kim Jong-il”, confiando que su hijo proseguiría “la lucha por la construcción de una próspera sociedad socialista, por la reunificación del país, la defensa de los intereses del pueblo coreano en contra de las maniobras del imperialismo norteamericano”. Así se convirtió en cómplice pasivo de la brutal dictadura norcoreana.

Según Teillier los militantes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez (FPMR) que asesinaron a Jaime Guzmán no serían terroristas, sino perpetradores de un crimen político que les permite vivir en Cuba y no ser juzgados en Chile. El asesino de Trotsky, Ramón Mercader, terminó sus días escondiendo un incómodo pasado en un cómodo departamento en Moscú. Uno de los principios básicos de la justicia es que todos somos iguales ante ella. Y un principio también fundamental de los derechos humanos es que estos son de todos y para todos. Por esto resulta sorprendente que los cómplices pasivos de Pinochet hagan fila para pedir disculpas por lo que sucedió durante la dictadura. Y que los comunistas chilenos dicten cátedra sobre los derechos humanos y pasen “piola” ante una larga historia de atrocidades.

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