Opinión La Segunda, 11 de diciembre de 2012

La experiencia política

Leonidas Montes |

El miércoles pasado, en la Pontificia Universidad Católica, el actual embajador en Italia y destacado académico, Oscar Godoy, lanzó su magnum opus“La Democracia en Aristóteles. Los orígenes del Régimen Republicano”. Lo acompañaron con algunas palabras el destacado estudioso del estagirita, Peter Phillips Simpson, junto a Agustín Squella y Juan de Dios Vial Larraín (debo confesar que, a mi juicio, la presentación de Vial Larraín fue no sólo la mejor preparada, sino también la más lúcida). Al día siguiente, el autor estuvo en su otra casa, el Centro de Estudios Públicos.

Oscar Godoy es un intelectual que ha seguido a lo largo de muchos años el pensamiento político del gran Aristóteles. Para quienes tuvimos el privilegio de tenerlo como profesor —en mi caso también fue director de tesis— fue emocionante ver la culminación de este peregrinaje intelectual. Oscar es un liberal que ha forjado sus ideas tanto en la esfera académica como en la pública. Y es también, me atrevo a decirlo, un republicano (casi imposible no serlo si se sigue a Aristóteles). No en vano su libro rescata la teoría democrática aristotélica desde esa rica e inevitable vertiente republicana.

Para Aristóteles, el hombre es un zoon politikon —esto se podría traducir literalmente como “animal político”, pero “animal social” resulta más apropiado— que alcanza su plenitud en la felicidad. Es precisamente este último concepto de eudaimonia, habitualmente traducido como simple felicidad, lo que hace la diferencia a nivel individual y colectivo. El hombre y la polis —o la comunidad— tienden a ese bien último en un proceso evolutivo de permanente aprendizaje.

Por eso para Aristóteles el tránsito de la ética a la política parece ser tan natural como necesario. En una sociedad de hombres libres e iguales, con el derecho a participar, se requiere de virtud. Y la ética de las virtudes aristotélicas nos enseña que nadie nace virtuoso, sino que nos hacemos virtuosos mediante la práctica de las virtudes. Así como el buen constructor aprende a ser mejor constructor mediante la experiencia —esto es, construyendo— los hombres aprendemos a ser virtuosos practicando la virtud. Y la virtud moral se encuentra en ese término medio donde no hay ni carencia, ni exceso. Así, el virtuoso que alcanza ese equilibrio sería como un buen tenista que, casi naturalmente, le pega bien a la pelota.

La dimensión democrática de la república aristotélica, se podría decir, es rica en virtudes. Por de pronto la deliberación pública exige prudencia política. Además, como bien destaca Oscar en su libro, la amistad cívica juega un rol fundamental que dice relación con la confianza. Sabemos que la desconfianza se ha agudizado en nuestro país. El último Informe de Desarrollo Humano del PNUD nos dice que los chilenos estamos contentos con nuestras vidas privadas, pero no estamos satisfechos con la sociedad en la cual vivimos. Por eso la desconfianza en nuestras instituciones. Pero ésta también dice relación con una pérdida de cierto sentido republicano.

En política —vaya que nos ha costado darnos cuenta— la experiencia es valiosa. El Presidente Piñera, ya lo sabíamos, no es un político en el sentido aristotélico. Pasará a la historia no por sus virtudes políticas, sino como un Presidente que trabajó con una intensidad casi sobrehumana para empujar a este país al desarrollo (sólo imagine una foto del Presidente antes de asumir y otra después de dejar el poder). La política, también lo sabemos, es una industria compleja y su ejercicio un oficio especializado que requiere de muchas cualidades. Y es esa práctica de la vida política la que, a mi juicio, puede hacer la diferencia.

El futuro de la Coalición se encuentra entre Golborne y Allamand. En términos del republicanismo clásico, entre la fortuna y la virtud. Y aunque naturalmente soy de los que, al igual que Aristóteles, valoran la experiencia, de cara a las primarias la clave es la competencia para que gane “el más mejor”. Por eso es importante que a partir de marzo ambos candidatos establezcan un plan de debates a lo largo del país. Habrá golpes suaves, otros duros y quizá algunos bajos —finalmente es la UDI contra RN—, pero el debate político de las ideas contribuye a recuperar ese necesario espacio deliberativo. Y ese sentido republicano que el gran maestro Oscar Godoy nos recuerda con su libro.


Nota: El CEP está editando un video con la presentación de Peter Phillips Simpson y Oscar Godoy que se subirá en un fecha próxima.

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