Opinión La Tercera Sábado 31 de julio de 2021

Libertad de la vacuna

Leonidas Montes |
Foto: William Rojas

Vacunarse es simplemente entender la libertad y su vínculo ineludible con la responsabilidad hacia uno y los demás.

La relación entre lo científico y lo humano es asombrosa. Así como en los avances de la ciencia la sorpresa es decisiva, la recepción de los descubrimientos científicos no deja de sorprendernos. Un breve repaso de la historia de las ciencias nos muestra este curioso fenómeno. Basta recordar lo sucedido con la teoría de la evolución. El movimiento contra la vacuna del Covid-19 es solo otro ejemplo de este fenómeno.

A fines del siglo XIX la campaña contra la vacuna de viruela generó un acalorado debate público que remeció al Reino Unido. Una vez más la superstición y ese fanatismo tan humano, hicieron de las suyas. Al comienzo se reconoció la libertad para no vacunarse. Fue la famosa “objeción de conciencia”. Seríamos libres, por razones morales o religiosas, para elegir si nos vacunamos o no. Pero el tema de fondo es acerca de lo que realmente entendemos por libertad.

Esa caprichosa libertad ha dibujado y moldeado nuestra historia política. Ha sido la fuente de inspiración para republicanos y liberales. Isaiah Berlin definió la libertad negativa como “libertad de” (interferencia y coacción) y la libertad positiva, como “libertad para”. La primera definición encierra ese sentido liberal que somos dueños de nuestra propia libertad y nada ni nadie puede interferir en nuestros proyectos de vida. La libertad positiva, en cambio, encerraría un sentido hacia afuera, con los evidentes riesgos políticos que encierra esta idea. Pero, como suele ocurrir con estas distinciones, la realidad es más compleja.

El llamado a defender nuestra propia libertad ha sido el motor detrás del liberalismo. Y en un sentido muy amplio, juega un rol fundamental. Pero esa libertad para elegir, para hacer lo que nos plazca, no puede ignorar al otro. La libertad no es egoísta. Y no se puede confundir con el libertinaje o esa idea de que cada uno mata su piojo. Como sostuvo John Stuart Mill, somos libres mientras no hagamos daño a otros. En otras palabras, mi libertad termina donde empieza la tuya. La libertad, para un liberal, exige responsabilidad. Y, antes que nada, respondemos ante los demás.

El movimiento contra la vacuna del Covid 19 encierra varias aristas donde interactúan egoísmo y superstición. Algunos simplemente no creen en la evidencia científica. Todo esto sería una conspiración para inyectarnos alguna fórmula nociva o inocularnos un aparato misterioso. Otros se oponen a la vacuna defendiendo un concepto egoísta de la libertad. Por cierto, podemos tolerar la superstición siempre que no le haga daño a los demás. Pero no podemos aceptar una defensa de un derecho individual si este derecho compromete a los demás. La preocupación por lo propio va acompañada de la preocupación por los demás. Nos vacunamos para protegernos y para proteger a los demás. Y usamos la mascarilla por esta misma razón.

Vacunarse es simplemente entender la libertad y su vínculo ineludible con la responsabilidad hacia uno y los demás.

Hace más de cien años la vacuna contra la viruela fue un avance y un éxito científico. Pese a todas las revueltas fue obligatoria y la enfermedad se erradicó. La ciencia, el sentido común y la ley prevalecieron. Así también sucedió en Chile. No veo por qué hoy debería ser distinto.

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