Opinión La Segunda, 14 de octubre de 2014

Lucro, poder y socialismo

Leonidas Montes |

La crematística, entendida como el arte de hacer y acumular dinero, tiene una interesante tradición en la filosofía clásica. Desde Platón, incluyendo a Aristóteles, ha sido duramente criticada. El discurso del demonizado lucro en Chile nos ha llevado a “crematizar” nuestra narrativa. Nuestro inconsciente colectivo sucumbe ante el dinero. La morbo colectiva vibra con las boletas de honorarios y sus abultados montos. Y en este voyerismo de lo privado, el lucro parece ser el protagonista indiscutido.

Varias razones explican este fenómeno. Por de pronto, el discurso para combatir la desigualdad es diferente al que promovía la igualdad. El sentido cambia. Si el foco en la igualdad lleva la mirada hacia los más pobres, el énfasis en la desigualdad eleva la mirada hacia los más ricos. El exitoso discurso de “crecimiento con equidad” fue reemplazado por la “lucha contra la desigualdad”, sin importar ya tanto el crecimiento. El discurso de crecer con equidad pretendía subir a los más desposeídos en la escala material. El nuevo discurso pareciera intentar bajar a los que están más arriba. Basta recordar la metáfora de los patines dorados.

Las recientes expresiones del rector de la UAH, Fernando Montes, quejándose porque en la reforma educacional “lo central sea la plata”, es un acertado reflejo de este fenómeno. El padre jesuita nos advierte que “todo es hablar de derechos y nunca decirle a un joven qué vas a hacer tú por tu país, cuál va a ser el sacrificio por los demás”. Continúa especulando que “es un neoliberalismo renovado donde lo único que importa son mis derechos”. Pero más que un “neoliberalismo renovado”, me parece que vivimos en una suerte de “dogmatismo renovado”. Este dogmatismo, qué duda cabe, es más propio de la religión. Esa religión del viejo socialismo que fracasó en el mundo, pero que comienza a florecer en nuestra “fértil provincia señalada”. Las señales, están. Y su enforcement, también.

En el caso Penta, Andrade declaraba “estoy echando de menos al SII; me está entrando a preocupar”. La bancada de diputados de la DC se sumó a este clamor. El SII actuó de inmediato. En seguida el candidato Andrés Velasco sufrió una inesperada y rápida fiscalización en su propio hogar. Aunque en teoría todos somos iguales ante la ley, pareciera que algunos casos exigen mayor premura.

En este ambiente coercitivo, las palabras de Ramiro Mendoza fueron una sana y refrescante excepción. Sólo dijo algunas verdades que encendieron ceños fruncidos y reproches de la Nueva Mayoría. Vaya novedad. A los socialistas históricamente les ha gustado la cultura del rebaño. Detestan cuando algunas ovejas se salen del libreto o levantan la cabeza por sobre la dócil manada. Para bajar esas cabezas, sólo hacen uso del poder.

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