Opinión El Mercurio Lunes 15 de julio de 2019

¿Importando la ultraderecha desde la Madre Patria?

Loreto Cox A. | Nicolás Blanco A. |
Foto: Internet

La inmigración y Cataluña y, también, un desencanto con la derecha tradicional han sido claves para el surgimiento de la ultraderecha en España, mientras que en Chile, actualmente, no parece vislumbrarse algo semejante.

¿Se puede anticipar para Chile un fortalecimiento de la ultraderecha? ¿Nos sirven de referencia las experiencias de otras latitudes? En una columna publicada hace algunas semanas nos preguntamos sobre esto, a raíz de la fundación del partido de José Antonio Kast (JAK). En ella, analizamos tres de las razones que se han ofrecido para explicar tal fenómeno afuera: la inmigración, asuntos valóricos y un desencanto con la clase política.

Comparamos datos de Chile con los de EE.UU. y Brasil, y concluimos que no parece haber un sector amplio del público chileno que esté ávido por posiciones más duras frente a la inmigración, ni por posturas valóricas más conservadoras. Y que si bien la fuerte desconfianza con los políticos en Chile podría beneficiar a los outsiders, no es nada claro que JAK sea uno de ellos (fue diputado por cuatro períodos y ha sido siempre un hombre de partido).

Ahora, el paso de JAK por España nos llama a comparar con el caso de Vox, el partido de extrema derecha de ese país. Vox se fundó en 2013, con el fin de recoger el voto de la derecha desencantada con las políticas del tradicional Partido Popular (PP). En Chile, podríamos decir que JAK, escindido de la UDI, busca algo parecido. Vox adquirió algo de peso en las elecciones generales de este año, en que alcanzó el 10% de los votos, obteniendo escaños para la ultraderecha por primera vez desde el retorno español a la democracia. 

Esto sucedió un año después de que el presidente Rajoy, del PP, fuese destituido tras una sentencia por financiamiento ilegal de su partido. En tanto, JAK, en la primera vuelta de 2017, y también tras un escándalo de financiamiento en la UDI, obtuvo el 8% de los votos. A primera vista, parecen casos similares. Sumado a que en Chile solemos mirar a España —con su transición, con su Podemos— como si fuéramos de ella, políticamente, un reflejo. 

Vale la pena entonces preguntarse, ¿representan Vox, en España, y el apoyo a JAK, en Chile, pulsiones equivalentes? Según la prestigiosa encuesta española CIS de marzo pasado, las prioridades de los potenciales votantes de Vox difieren de las del resto de los españoles principalmente en dos aspectos. Primero, le atribuyen una importancia mucho mayor a la inmigración (es su cuarta prioridad vs. la novena para la población general). Segundo, le dan mayor importancia relativa a la independencia de Cataluña, al punto que hay quienes ven esto como el factor decisivo en el apoyo a Vox (Turnbull-Dugarte 2019). 

En tanto, según la última CEP, en Chile la inmigración está dentro de las tres prioridades para el Gobierno solo para 4% de la población y este tema aparece como igual de irrelevante entre quienes apoyan a JAK. De hecho, en general, las mayores prioridades para el Gobierno tienen, entre los seguidores de JAK, el mismo orden que para el total de la población, con una leve mayor prioridad por temas de seguridad. El tema de Cataluña es difícil de extrapolar a Chile, y cuesta imaginar un problema idiosincrásico que pueda adquirir tal envergadura. 

Otro punto central de la ultraderecha española es que los seguidores de Vox se autodefinen fuertemente de derecha, pero rechazan al tradicional PP. Dos tercios de los potenciales votantes de Vox evalúan la actuación del PP entre regular y muy mala, e incluso un cuarto de ellos dice que, con toda seguridad, nunca votaría por este. En otras palabras, los seguidores de Vox guardan poco cariño por el partido que los vio nacer. 

En cambio, en Chile entre quienes apoyan a JAK, 80% de los que declaran opción de voto en la primera vuelta de 2017 dicen haber votado por Piñera y solo 15% evalúa negativamente al actual Presidente. Joaquín Lavín, potencial candidato de la UDI, tiene 72% de apoyo entre los seguidores de JAK y solo 7% de evaluación negativa. En otras palabras, no vemos entre quienes aprueban a JAK un hastío con la derecha tradicional equivalente al que se observa entre los seguidores de Vox con el PP. 

Así, si bien tanto Vox como el incipiente Partido Republicano chileno se constituyen como alternativas a la derecha tradicional, en un contexto de partidos de derecha golpeados por escándalos (PP, UDI), sus seguidores no persiguen los mismos fines. La inmigración y Cataluña y, también, un desencanto con la derecha tradicional han sido claves para el surgimiento de la ultraderecha en España, mientras que en Chile, actualmente, no parece vislumbrarse algo semejante.

Por último, no está de más decir que Vox estuvo muy por debajo de las expectativas que generó en las últimas elecciones generales españolas y que, con su 10%, es probable que tenga un rol más bien acotado, aun más considerando que la política se juega principalmente desde el centro.

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