Opinión El Mercurio Domingo 2 de junio de 2019

Una agenda para tiempos desatentos

Loreto Cox A. |
Foto: Timon Studler on Unsplash

La oposición no es que no articule su agenda, sino que, como colectivo, carece del todo de una. Esto dificulta aún más la tarea del Gobierno de priorizar, pues no puede hacerlo por contraposición o en referencia a.

Son tiempos fugaces: los temas se viralizan y acto seguido, mueren. Gracias a internet y las redes sociales nunca había sido tan fácil obtener información. Pero, según una publicación de Time, la mayoría de quienes hacen clic en un artículo lo leen por menos de 15 segundos...  y suelen compartirlo. Tal vez por esto, en parte, ante la pregunta de Cadem sobre cuál fue la principal noticia de la semana, casi no hay temas que se repitan de una semana a otra.

A la vez, y esto no es nuevo, solo 9% de la población sigue temas políticos en las redes sociales con frecuencia y 11% lee a menudo sobre política. El 60% dice nunca conversar sobre política, amigos ni con familia (CEP 2018).

En fin, un escenario de atención efímera, además de escasa. No es fácil para el Gobierno (no lo es para ninguno) responder a los temas emergentes que se van sucediendo y, a la vez, articular la agenda, logrando transmitir un mensaje.

Durante la campaña presidencial, dos de los principales eslóganes del Presidente Piñera fueron "los niños primero” y "Chile en marcha". Hace un año estábamos en la punta de la ola feminista, ante la que el Gobierno alzó un buen conjunto de propuestas. Hace dos meses se anunció en cadena nacional el modelo islandés para combatir las drogas. Recientemente se desplegó una campaña para la aprobación en general de Admisión Justa y de la reforma de pensiones. Más recientemente se anunció Clase Media Protegida, y luego volvimos otra vez a control preventivo y revisión de mochilas.

Hasta aquí, una agenda comprehensiva, que responde oportunamente a los accidentes de la contingencia, dirán los partidarios del Gobierno. Una agenda dispersa, sin prioridades, reactiva, dirán los opositores. La vieja falta de relato, dirá también el fuego amigo. Sea lo que sea, esta agenda no es fácil de seguir en tiempos desatentos.

La Cuenta Pública hace un intento de organizar, ordena lo que se ha hecho y no trae una lluvia de anuncios. De hecho, en un notable ejercicio de síntesis, plantea como prioridades la seguridad, la clase media y Chile en marcha. Buenas elecciones: importantes, coherentes con los intereses de la gente y con los sellos propios de la coalición gobernante (no generan divisiones internas). Pero estas prioridades se mencionan, como tales, solo una vez y al pasar. El discurso no estructura ni enmarca en torno a ellas los ocho puntos que resumen lo que se ha hecho, ni las cinco modernizaciones que se plantean, ni tampoco los demás desafíos que se listan (que son 19). En suma, una priorización inteligente, pero sin fuerza.

De las tres prioridades, quizás la más concreta y novedosa sea la Clase Media Protegida. Es un concepto amplio, acorde a nuestros tiempos. Mal que mal, más del 80% de la población se declara de clase media (Elsoc 2016) y las necesidades de un grupo así de extenso son múltiples. Esconsistente, además, con una visión optimista de los procesos del Chile reciente, en los que masas salieron de la pobreza y hoy anhelan consolidarse. Es confuso, empero, que el concepto haya llegado después que varias de las iniciativas que lo constituyen.

¿Por qué, habiendo elegido tres buenos temas, no se les da la fuerza que merecen? Una explicación posible es que, con minoría parlamentaria, el Gobierno no quiera poner todos los huevos en pocas canastas. La oposición está desperdigada y puede que distintos frentes permitan descolgar a actores distintos. Negociar a la vez varias batallas puede ser interesante. Por de pronto, también se puede despistar a la contraparte haciendo ruido de asuntos de poca monta y bajando, así, la crítica sobre los temas que importan (¿Aula Segura?).

Finalmente, la oposición no es que no articule su agenda, sino que, como colectivo, carece del todo de una. Esto dificulta aún más la tarea del Gobierno de priorizar, pues no puede hacerlo por contraposición o en referencia a. La pregunta última es con qué se queda la ciudadanía de esta agenda. ¿Ve en ella un sentido o, al menos, un sello? Es ella quien, con atención efímera y escasa, juzgará en 2021.

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