Opinión OPINIÓN / La Segunda Miércoles 8 de abril de 2020

Los límites de la globalización

Juan Luis Ossa S. |

Se requiere unidad y centralización en la información. La atomización y los lobos solitarios simplemente no ayudan.

“Imagine”, una de las canciones más famosas y versionadas de la carrera solista de John Lennon, ha vuelto a ser mundialmente entonada. Actores y artistas hollywoodenses juntaron sus voces para generar consciencia ante la pandemia del Coronavirus. En dos de sus frases más conocidas, el músico inglés canta: “Imagine there’s no countries/It isn`t hard to do”, para rematar: “And the world will be as one”. Poderosa y bella idea, pero que poco o nada se condice con lo que está ocurriendo en el mundo. La idea pacifista de Lennon podrá funcionar en una globalización utópica, pero la realidad material a la que nos hemos enfrentado dice algo muy distinto.

La globalización trajo múltiples beneficios en las últimas décadas: la economía se expandió a niveles sin precedentes; el intercambio cultural entre los individuos que viajan de un continente a otro permitió ampliar la mirada e ir más allá de lo conocido; Internet es una de las herramientas democratizadoras más exitosas de la modernidad, conectando a millones de personas sin mediar más que un teléfono inteligente o un computador propio o alquilado. En efecto, la globalización es el resultado de años de progreso y civilización, en especial en los países donde existe mayor libertad de circulación.

Sin embargo, el fenómeno tiene sus límites y el Covid-19 es una prueba irrefutable de ello. Por de pronto, la internacionalización comienza a devorar a sus propios hijos, y lo que hasta hace poco parecía poco probable -que una enfermedad afectara al mismo tiempo y con síntomas similares a prácticamente todo el planeta- nos acecha de forma implacable. Más importante, el cierre de las fronteras ha vuelto a poner sobre la palestra eso que creíamos ya extinguido: el Estado nacional. Por más que la OMS dicte resoluciones globales, lo cierto es que cada país está tomando medidas autónomas e incluso, a veces, en desmedro de las naciones adyacentes.

El proteccionismo del Brexit y de la tan mentada (aunque por ahora no construida) muralla de Trump ya habían hecho lo suyo en esta materia. Pero nada se compara con lo que hemos vivido en las últimas semanas: “cada país se salva como puede”, parece ser la consigna, tirando por la borda el espejismo de la globalización. Tomando en cuenta que muchos Estados están siguiendo una política similar, la solución pareciera haber sido correcta e inevitable. La pregunta es qué sucederá después de esto: ¿volverá la globalización a tomar su senda victoriosa? O, por el contrario, ¿seremos testigos del resurgimiento de un tipo de nacionalismo parecido al de la Europa de entreguerras?

La incertidumbre es la sensación más extendida por estos días. “You may say I`m a dreamer”, decía Lennon. Sin duda lo era.

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