Opinión El Mercurio, 9/3/2009

El número no es problema

Lucas Sierra I. |

Los abogados vuelven a la palestra. La Corte Suprema ha manifestado preocupación por su número creciente. Como toda masificación, ésta genera dudas sobre los conocimientos e integridad de los recién llegados. De seguro, esas declaraciones están alimentando la compleja percepción social que la abogacía tiene desde antiguo.

En "Enrique VI", por ejemplo, Shakespeare hace describir a un personaje su mundo ideal: "Lo primero que haremos, matar a todos los abogados". Tomás Moro también los destierra de su "Utopía" y, en "Los viajes de Gulliver", Swift los describe como "hombres educados desde su juventud en el arte de probar con palabras multiplicadas al efecto, que lo negro es blanco y lo blanco, negro, cobrando por esa actividad". Incluso en "Frankenstein", Mary Shelley muestra a un padre que es convencido de no sugerir a su hijo la abogacía, pues ella implica "ser confidente y, a veces, cómplice, de los vicios ajenos".

Así y todo, Derecho sigue siendo una carrera demandada en Chile por postulantes con altos puntajes. Y por muchos otros con puntajes no tan altos. Es la masificación que experimenta la educación universitaria desde su reforma en los años 1980. Antes, las escuelas de Derecho se contaban con una mano. Hoy son más de 40. Si en 1940 había alrededor de 50 abogados por 100 mil habitantes, hoy hay alrededor de 130. ¿Demasiados abogados?

No. Argentina y Brasil, por ejemplo, triplican esa relación. Y en sociedades más desarrolladas, como Estados Unidos y varios países europeos, la relación también se duplica o triplica. La evidencia muestra que mientras más avanzada y compleja es una sociedad, su demanda por servicios legales es mayor y más diversificada. Piénsese nada más en la demanda que generó la reforma procesal penal en Chile: fiscales, defensores y nuevos jueces. Y como una estrategia frente a la masificación es bajar honorarios, la profesión alcanza sectores para los cuales antes era prohibitiva.

Por supuesto, en esto hay riesgos de calidad e integridad profesional. Los mismos que enfrentan todas las profesiones que se masifican. Estos riesgos se pueden reducir disminuyendo la asimetría de información entre los profesionales y el público, a fin de que éste sepa lo que contrata.

Las escuelas de Derecho tienen un papel aquí, como también la profesión organizada. De hecho, el Colegio de Abogados está empeñado en modernizar sus reglas éticas. Esto ayuda a que el hecho de colegiarse sea un activo, pues garantiza al público que el profesional estará sujeto a una regulación ética conocida y eficaz.

La masificación profesional plantea desafíos interesantes y difíciles. Pero éstos no se enfrentarán si pensamos que el problema es el número.

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