Opinión La Tercera, 30 de junio de 2018

La dieta de todes

Lucas Sierra I. |

Hoy se vuelve a discutir. Es muy alta dice el Frente Amplio y, sorprendentemente, el Presidente de la República. Alta en relación con los sueldos que en general se ganan en Chile, y con la de los parlamentarios en otros países.

Hace casi cien años la dieta parlamentaria detonó una crisis.

Mientras los senadores se la subían, un grupo de oficiales hizo sonar sus sables en el Congreso. A los pocos días el Presidente Alessandri renunció y vino casi una década de inestabilidad política. La dieta no fue la causa, pero sí un simbólico primer acto.

Hoy se vuelve a discutir. Es muy alta dice el Frente Amplio y, sorprendentemente, el Presidente de la República. Alta en relación con los sueldos que en general se ganan en Chile, y con la de los parlamentarios en otros países.

Con la Constitución de 1833 los parlamentarios no recibían dieta.

“El cargo de Diputado es gratuito e incompatible con el de municipal i con todo empleo público retribuido”, decía. Para los senadores no había una definición tan expresa, pero establecía que para postular al cargo se debía tener “Una renta de dos mil pesos a lo menos.” ¿Virtud republicana? Todo lo contrario. La política era por definición institucional un juego de ricos. El amateurismo es elitista y, por lo mismo, desigual.

Por esto la política no debe ser sólo vocación (algo para lo cual se vive), sino también profesión (algo de lo que se vive).

Así lo entendió la Constitución de 1925 al disponer que por ley se podía “Fijar la remuneración de que gozarán los Diputados y Senadores.”

Y la Constitución vigente lo entiende igual, pero es más precisa en su cálculo: “Los diputados y senadores percibirán como única renta una dieta equivalente a la remuneración de un Ministro de Estado”.

Esto sugiere pensar la cuestión de un modo interesante: al interior del régimen político, en el escenario de los poderes públicos.

¿Se debe ganar menos en el Congreso que en la cúpula del gobierno? Los ministros de la Corte Suprema ganan un sueldo parecido. ¿Deben ser mejores o peores los sueldos en la cima de la judicatura? Pero la crítica suele concentrarse en la dieta parlamentaria. ¿El trabajo parlamentario es menos importante que el ejecutivo y el judicial? No parece. Además de fiscalizar al gobierno y, de alguna manera, a los jueces, el Congreso es protagonista con el gobierno en la compleja elaboración de la Constitución y las leyes que los tribunales deben aplicar.

¿Es cuantitativo el problema? Los parlamentarios son 203. En la cúpula del gobierno (Presidente más ministros) son 24 y en la Suprema 21. Como los parlamentarios son tantos, se dice, su costo fiscal es muy alto. Pero el número mayor de parlamentarios (proporcionalmente el más bajo de la historia de Chile) se justifica porque el Congreso está llamado a representar la diversidad política, a encarnar el pluralismo.

Los llamados a reducir la dieta parlamentaria, por tanto, arriesgan el peligro de seguir debilitando la posición relativa del Congreso al interior del régimen político. Otra cara del presidencialismo omnipresente. Esto puede explicar las declaraciones del Presidente Piñera, pero hace incomprensibles las de los parlamentarios. Otra actitud autodestructiva.

Hay que pensar la dieta parlamentaria en el contexto de los poderes públicos, preguntándose por la remuneración de todas las altas tareas públicas. Así se tendrían en cuenta sus delicadas relaciones recíprocas, se reduciría el espacio para los discursos moralizantes, y habría más consideración por la complejidad y responsabilidad de esas tareas. En especial de la legislativa, que debería, eso sí, hacerse exclusiva como la de ministros y jueces.

Porque buenos sueldos profesionalizan la política y la abren a la diversidad del mérito, y disminuyen el riesgo de corrupción y el costo de oportunidad de dedicarse al Estado que enfrentan las personas capaces. Para que el Estado atraiga el talento que necesita.