Opinión El Mercurio, 1 de diciembre de 2012

La virtud del secreto

Lucas Sierra I. |

Andrés Velasco dio a conocer los nombres de los donantes de su campaña publicitaria por razones de transparencia. Una revelación tan individualizada de donantes a una carrera política es inédita. Un nuevo ingrediente de una precandidatura que llama la atención e intriga, porque aún no es claro si se trata de un gesto testimonial, de una estrategia a largo plazo o de una apuesta que, efectivamente, tendrá efectos el próximo año. Pero de que es una decisión valiente, no hay duda, como tampoco de que, hasta ahora, es la más generosa en ideas y principios.

Con todo, la revelación que ha hecho sobre el origen de sus recursos económicos plantea una pregunta sobre el papel de la transparencia en política. No es una pregunta fácil, porque en política el secreto juega un papel esencial.

Piense en el voto. Su secreto fue una conquista democrática. Con el secreto se hizo más difícil el cohecho y se garantizó la autenticidad de nuestras preferencias políticas. ¿Se sentiría usted igualmente libre y tranquilo al votar si supiera que una cámara lo está filmando y que esa filmación se hará pública?

Las preferencias políticas no sólo se manifiestan al votar, sino también al dar plata para una candidatura. Así como el secreto permite votar con libertad y autenticidad, también permite aportar a la política con la misma libertad y autenticidad.

A alguien puede gustarle una candidatura y querer apoyarla económicamente. Pero puede ser que esa candidatura no sea del gusto de su mundo familiar o social. Si la donación es necesariamente pública, el efecto individual más probable será la inhibición: no habrá donación para evitarse el esfuerzo de tener que dar explicaciones. Y el efecto agregado más probable será una cierta disminución de la competencia política.

Pero, se podría retrucar, la analogía con el voto es falaz, ya que en el voto todos somos iguales porque todos valemos uno, pero respecto del dinero somos esencialmente desiguales. La igualdad ayudaría a justificar el secreto del voto, pero la desigualdad del dinero no podría justificar el secreto de las donaciones.

Esta es una objeción pertinente, a la que sólo se puede responder ahondando aún más en la analogía. El voto es secreto tanto para el público como para el candidato. Esto es, ni el candidato ni los terceros pueden tener certeza sobre cómo uno ha votado. Con las donaciones secretas, tiene que ocurrir lo mismo: ni el público ni el candidato deben poder tener certeza del hecho de una donación. Esta incertidumbre hace difícil que se actualice la potencia corruptora o extorsiva de una donación política porque, al no haber certeza, al donante le costará pasarle la cuenta al candidato al que donó y resultó electo, y a este último le costará vengarse del tercero que no le dio plata.

¿Cómo puede lograrse esto? Es decir, ¿cómo puede asegurarse que una donación sea también secreta para el candidato que la recibe? No es fácil, pero es posible. En Chile existe el mecanismo de las donaciones "reservadas", en las que, mediante sofisticados mecanismos, se dificulta la certeza del hecho de una determinada donación. Así, el secreto puede producir el mismo efecto virtuoso que en el voto: libertad y autenticidad al manifestar una preferencia, sin los riesgos de corrupción y extorsión que, como el cohecho al voto, se asocian al dinero.

Por esto, la transparencia exhibida por la campaña de Velasco tiene sentido como experiencia puntual en la etapa preliminar de la carrera en que nos encontramos. Pero no debería extraerse de ella una regla general y única para el financiamiento de las campañas electorales, porque en ellas el secreto es el justo precio que se paga por la libertad.