Opinión El Mercurio , lunes 16 de enero de 2005.

Post coitum

Lucas Sierra I. |

Escribo poco antes del domingo. En el aire hay cierta expectación, calculadas esperanzas, realistas desesperanzas, todas confundidas en medio de este calor fundente, con cansancio y alguna abulia soterrada. Pero cuando usted lea esto, el asunto estará consumado. El telón habrá caído y las luces estarán prendidas.

Los romanos, esos observadores agudos y prácticos de la vida humana, acuñaron una interesante expresión: “post coitum, tristitia.” Alude a ese difuso sentimiento que embarga tras una experiencia ascendente que llegó al clímax. Es difuso, pues no se trata de tristeza, simplemente, sino de una mezcla de cosas: serenidad, melancolía, vacío, satisfacción, quizás algo de culpa. Difuso y todo, cuando este sentimiento embarga, la conciencia se rearticula.

Tal vez, cuando usted lea estas líneas, esto empiece a ocurrir. Embargados por esa peculiar tristeza romana, quizás seamos capaces de mirar hacia atrás y examinar, en conciencia, la campaña electoral. Habrá lecciones que aprender.

Por ejemplo, el cuidado con que deben tratarse las palabras, en especial cuando tienen un forzoso, aunque no evidente, horizonte moral. La forma oportunista y majadera en que se usó al gaseoso humanismo cristiano sólo sirvió para traficar con Dios en los negocios más mundanos, y para presentar la distinción entre creyentes y no creyentes como una entre buenas y malas personas. Probablemente, esta estrategia pasará al olvido, pero creo que dejó entrever algo muy regresivo entre nosotros.

Asimismo, darse cuenta, una vez más, del poder enorme que tiene el Gobierno sobre el proceso legislativo, y de la delgada línea que hay entre su uso y abuso. Recordar, también, que la misma línea separa el legítimo interés por dejar el poder en la propia coalición y la tosca intervención electoral. Hay mecanismos institucionales que pueden profundizarse para subrayar esta línea, como el servicio civil y el financiamiento político. Pero ellos deben ser complementados por una prudencia política que, como todas las virtudes, se cultiva en la práctica.

Sabremos, en fin, que las dos coaliciones hicieron propuestas convergentes y que, por lo mismo, pueden materializarse. Algunas son de una bondad evidente, como las mejoras a la educación preescolar y al sistema previsional. Pero otras son dudosas, como el caso del Ministerio del Medio Ambiente, que constreñirá sectorialmente una materia que, como pocas, es transversal. Hay que discriminar entre estas propuestas ahora, post coitum.

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