Opinión El Mercurio, 9 de junio de 2013

No nos da ni para spanglish

Sergio Urzúa |

This is a table. This is a window . No creo haber aprendido mucho más en 8 años de inglés en básica y media. Aun peor, no recuerdo que se me haya enseñado mucho más que estas inútiles frases. ¡Qué pérdida de tiempo! Tres horas a la semana dedicadas a escuchar conversaciones indistinguibles en una radio de mala calidad, con maestras forzadas a hacerse pasar por bilingües. ¿Quién podría entusiasmarse con un segundo idioma?

Mala cosa, pues estudios científicos han demostrado que el aprendizaje de un segundo idioma tiene efectos sorprendentes sobre el desarrollo humano, mucho más allá de un mayor salario o mejor empleo. La evidencia señala que personas bilingües presentan un mayor nivel en las funciones ejecutivas del cerebro, particularmente en lo relativo a los procesos asociados al pensamiento avanzado -el componente cognitivo más importante de nuestros procesos mentales-, lo que se traduce en mayor capacidad para concentrarse en la información necesaria para realizar una tarea o alcanzar un objetivo. Y enfermos de Alzheimer que manejan dos idiomas mantienen funciones del cerebro por un período superior a enfermos que hablan uno solo.

Lamentablemente, estas maravillas parecen poco relevantes a la luz de los preocupantes resultados del Simce de inglés entregados por la Agencia de Calidad de la Educación. Los datos señalan que solo 8% de los estudiantes de 3° medio tiene la capacidad de comprender temas cotidianos o resolver situaciones que pueden darse, por ejemplo, al viajar a un lugar donde se habla dicho idioma. Y para qué hablar de las diferencias por grupos socioeconómicos. Según las cifras, la capacidad de manejar información básica en inglés es casi inexistente entre los grupos de ingresos medios y bajos.

Las razones tras nuestros penosos resultados son variadas. Probablemente, la mala formación de los docentes es un elemento clave. Así por lo menos lo demuestran los estudios del Ministerio de Educación. De acuerdo con estos, 34% de los docentes de inglés en ejercicio no cuenta siquiera con los conocimientos mínimos del idioma. Un claro ejemplo del atraso de nuestro sistema educacional.

Es fundamental revertir esta situación. El desconocimiento del inglés tiene consecuencias económicas: cuesta dinero, limita las posibilidades de comunicación, el acceso al conocimiento, a las artes, a las ciencias. Y mientras otras naciones avanzan, nuestros esfuerzos en esta materia son evidentemente insuficientes.

En momentos en que nos alegramos de saber que se acerca el día en que los chilenos podamos viajar a Estados Unidos sin visa, la pregunta es cuánto provecho podremos sacarle a ese beneficio. Por supuesto, Miami y sus malls siempre estarán ahí, pero para realmente aprovechar la oportunidad, será necesario hacer esfuerzos significativos para terminar con el aislamiento del chileno. Y hay que apurarse, pues se viene el mandarín.

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