Opinión La Tercera, 14/3/2010

Nuevo gobierno y expectativas

Harald Beyer |

En 2009, en plena campaña presidencial y a pesar de la crisis económica, las expectativas económicas de la población exhibieron un importante aumento, al grado que hacia fines de año se situaban en niveles comparables a los que existieron en las postrimerías del gobierno de Aylwin y que no se habían vuelto a repetir (se usan fuentes comparables como la encuesta CEP).

El sismo del pasado 27 de febrero seguramente moderó en algo las expectativas, pero no del todo, y más bien parece haberlas reenfocado. Un cóctel que mezcla el espíritu de unidad que sigue a una catástrofe, la incipiente recuperación de la economía mundial, las promesas de campaña, la sólida posición fiscal chilena, la pérdida de relevancia -transitoria, hay que decirlo- de la nueva oposición y la siempre bien recibida puesta en escena de un nuevo gobierno, mantiene en alto las expectativas de la ciudadanía.

Como el éxito de un gobierno está muy asociado a la posibilidad de satisfacer esas expectativas o de su capacidad de ajustarlas a lo que es posible, la tarea de la nueva administración no será fácil. Si la brecha entre lo que se espera y lo que se hace es muy grande, la popularidad del Presidente se verá irremediablemente dañada. Antes del último sábado de febrero los nuevos equipos estaban trabajando para comenzar a cerrar esa brecha. Sin embargo, ahora parece lejano el momento en que Sebastián Piñera advertía sobre el importante déficit fiscal de 2009.

Mucho se ha dicho que el terremoto representa una oportunidad para dotar de una épica y un relato a un gobernante que durante la campaña no logró elaborarlos. Pero también es un riesgo. La nueva forma de gobernar debe notarse ahora con más intensidad. No será fácil. No sólo por las dificultades que la gestión del Estado significa para una coalición y equipo humano sin experiencia real de gobierno, sino también por la impaciencia propia de las personas que han sido afectadas por la catástrofe y que esperan soluciones efectivas en tiempos razonables.

El Presidente Piñera parece tenerlo más que claro y en sus primeras horas de mandato ha desplegado una agenda intensa que sólo rendirá frutos si más temprano que tarde se traduce en acciones concretas y visibles. La rápida aprobación y entrega del "bono marzo" será una primera prueba que el gobierno deberá rendir. Pero no la única. Los lugares más afectados deben recuperar gradualmente un nivel razonable de normalidad en sus actividades. Ello supone, entre otros desafíos, asegurar que los estudiantes vuelvan a clases y las personas puedan recibir una atención de salud satisfactoria. Las actividades de reconstrucción tienen que comenzar a hacerse notorias en las próximas semanas. Si ello se logra, el gobierno habrá conseguido un primer objetivo y finalizará sus primeros 100 días con altos grados de apoyo.

Si, en cambio, fracasa en esta empresa, su popularidad se verá afectada y tendrá pocos espacios para concretar aquellas reformas, no siempre populares, que le permitan llevar adelante su agenda que, entre otros aspectos, considera reducir la victimización, elevar el potencial de crecimiento de la economía y crear 200 mil empleos por año, lo que prácticamente implica elevar en un 50% la tasa promedio de expansión de la ocupación en la última década.

El escenario más probable es que el gobierno cumpla bien su primer objetivo. Con ello habrá acumulado un capital político importante para llevar adelante una agenda ambiciosa que le ayudará a cerrar las brechas entre las elevadas expectativas y las posibilidades reales de satisfacerlas.

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