Opinión El Mercurio Domingo 4 de abril de 2021

Perspectivas económicas en el segundo año del covid

Vittorio Corbo |
Foto: Wiiliam Rojas

El 2021 va a ser un año de alto crecimiento, pero el crecimiento de tendencia se juega en la Convención Constitucional y el ordenamiento institucional y político que surja de ella.

A más de quince meses de la aparición del covid-19, el mundo sigue luchando para contenerlo y enfrentar sus efectos económicos y sociales. En este período, Chile ha tenido que enfrentar tres de grandes shocks: (1) la pandemia del covid-19; (2) la recesión mundial por las medidas contra la pandemia, y (3) el estallido social de octubre del 2019, con el deterioro de la convivencia política y del respeto a la institucionalidad que le ha seguido.

En cuanto a la pandemia, a nivel comparado, Chile lo ha hecho bien en lo que se refiere a la respuesta de su sistema de salud, aumento oportuno de equipamiento, capacidad de testeos, contratación de vacunas y, especialmente, un acelerado y muy exitoso proceso de vacunación, el cual es considerado uno de los más efectivos a nivel mundial. Los progresos en la vacunación han reducido la incidencia y gravedad de los contagios en los adultos mayores y mejoran las perspectivas de un control de la pandemia, sin embargo, al igual que en Estados Unidos y Europa, los contagios totales han vuelto a aumentar, concentrados principalmente en los grupos menores de 50 años. En este grupo etario, los principales problemas han sido, junto con la aparición de mutaciones más infecciosas del virus, el débil cumplimiento de las restricciones a la movilidad y de los protocolos sanitarios (uso de mascarillas, lavado de manos y distanciamiento físico).

Mucho se puede discutir sobre las causas de este incumplimiento. Algunos lo atribuyen a débiles ayudas económicas a los hogares y a empresas, que dificultan el cumplimiento de las restricciones a la movilidad. Otros lo asocian a un problema más fundamental de la sociedad chilena actual: el bajo respeto hacia las autoridades de todo tipo, incluyendo al Ejecutivo. Otros a un problema de comunicación de los riesgos presentes y a la fatiga producida por los encierros prolongados.

Es difícil pensar que el problema pueda estar en el monto de los recursos públicos destinado a políticas de mitigación debido a que, como porcentaje del PIB, Chile ha introducido uno de los programas fiscales más cuantiosos a nivel global, lo que ha sido posible gracias a la fortaleza fiscal construida en los últimos 35 años. Además, la extensión y los montos de estos programas se han ido ajustando acorde al desarrollo de la pandemia. Siempre se puede discutir la oportunidad, la distribución y la focalización de estas ayudas.

Mirando hacia adelante hay señales positivas. A nivel global, la pandemia está contenida en China, Australia, Nueva Zelandia y varios países del Este de Asia. En tanto, en los Estados Unidos y en el Reino Unido se estima que debiera contenerse pronto, gracias a sus notables avances en la vacunación y a pesar de las dificultades que han enfrentado para hacer cumplir los protocolos sanitarios. Gracias a estos avances, las perspectivas globales han mejorado notablemente.

La principal revisión al alza es en el crecimiento de Estados Unidos. Revisión que está asociada al alto crecimiento del cuarto trimestre del 2019 que genera un punto de partida más alto para este año, a los dos cuantiosos programas fiscales recientes, que suman más de 13% del PIB, y a los avances en la vacunación. Como resultado, ahora se estima que Estados Unidos crecería este año entre 6 y 7%, prácticamente el doble de lo proyectado a comienzos de año.

China, que introdujo un importante programa de inversión estatal el año pasado, ya había iniciado su recuperación con anterioridad, ayudada también por el alza en la demanda global de bienes. Hoy se proyecta que crecería sobre 8% este año.

En Europa la situación no es tan auspiciosa. La combinación de dificultades para respetar las normas sanitarias, la expansión del virus, el lento avance en la compra de vacunas y en el proceso de vacunación, y los limitados estímulos fiscales llevarían a una recuperación más moderada, a pesar del impulso proveniente del alto crecimiento que experimentarían Estados Unidos y China.

Como resultado, ahora se proyecta que la economía mundial crecería en torno a 6% este año, casi dos puntos porcentuales más de lo proyectado en enero.

Sin embargo, a pesar del progreso en vacunas, todavía hay mucha incertidumbre con respecto a los desarrollos del virus y a su control, específicamente las nuevas mutaciones, la efectividad de las vacunas ante estas nuevas mutaciones, la duración de la inmunidad y la fatiga de la población producto del cumplimiento de los protocolos sanitarios.

Con todo, tanto han cambiado las perspectivas de Estados Unidos, China y globales, que los mercados financieros están ahora preocupados por una posible aceleración de la inflación. En el caso de Estados Unidos, algunos creen que el último programa fiscal de Biden, por su tamaño, puede acelerar la inflación (L. Summers y O. Blanchard, entre otros). A otros analistas les preocupa la coincidencia de esta expansión fiscal con una demanda agregada insatisfecha por la pandemia y presiones de costos (desglobalización, concentración económica, menor movilidad del trabajo). En contraste, Powell, presidente de la Fed, y Yellen, ministra de Hacienda, consideran que, dadas las amplias brechas de capacidad y expectativas inflacionarias ancladas en torno a la meta, cualquier alza de la inflación sería solo transitoria, con repercusiones menores en los mercados.

Lo que sí es ampliamente aceptado es que la inflación va a aumentar transitoriamente en los próximos meses, por los combustibles y la base de comparación. Además, a medida que la demanda tome más impulso, la inflación puede verse afectada por cuellos de botella temporales en algunos sectores. La discusión es si estos serían efectos de una vez o terminarían afectando la tendencia inflacionaria, poniendo en riesgo el objetivo de estabilidad de precios de la Fed.

En cuanto a las perspectivas de la economía chilena, los notables avances en vacunación hacen prever que en los próximos tres a cuatro meses se pueden lograr avances significativos en el control de la pandemia. Lo anterior, unido al nivel de actividad alcanzado en el bimestre enero-febrero, a las políticas fiscales y monetarias internas y a la mejora del entorno externo, conforma un escenario muy auspicioso para un rebote en el PIB de este año. La proyección del IPoM, de un crecimiento de entre 6 y 7%, está en el rango de lo probable, a pesar de las nuevas restricciones a la movilidad, si consideramos que si el Imacec promedio de este año es igual al nivel alcanzado en febrero, el crecimiento del año sería de un 8,8%.

Sin embargo, para retomar tasas de crecimiento de tendencia sobre 4%, que nos permitan acelerar el paso para satisfacer las demandas de la población, se va a requerir, antes que nada, una institucionalidad que fije normas amigables con el crecimiento con equidad y que contribuyan a facilitar la gobernabilidad y fortalecer la democracia para poder retomar el progreso. El 2021 va a ser un año de alto crecimiento, pero el crecimiento de tendencia se juega en la Convención Constitucional y el ordenamiento institucional y político que surja de ella.

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