Opinión La Segunda Lunes 5 de septiembre de 2022

Recados al rechazo

María José Abud S. |
Foto: William Rojas

Debemos dejar la intransigencia de lado para llegar a acuerdos que representen a la mayoría será la única forma de poder resolver en este nuevo ciclo el problema constitucional.

No hay nada que celebrar luego del plebiscito de salida. No se cumplió el objetivo que se le encomendó a la Convención. Continua vigente el anhelo de una nueva Constitución, opción por la cual la amplia mayoría de los chilenos votamos en el plebiscito de entrada. Hoy somos un país más polarizado con una Constitución políticamente muerta y, a pesar de la fatiga constitucional que nos inunda, debemos continuar, porque el desafío de una nueva carta magna sigue más vigente que nunca.

Pero contrario a lo que algunos podrían sugerir no partimos desde cero. Hay al menos dos aprendizajes que rescatar para lo que viene. Primero, aprendimos que el diálogo y los consensos de mayorías no pueden ser promesas que se las lleve el viento, sino que son un requisito y la falta de éstos se castiga fuertemente por parte de la ciudadanía. Segundo, la propuesta constitucional avanzó en explicitar consensos ciudadanos que no podemos desconocer como por ejemplo la paridad y los derechos de las mujeres, el Estado social de derecho, una protección eficaz de la naturaleza y el medioambiente, y la importancia del reconocimiento constitucional de los pueblos indígenas.  

Es en estos aprendizajes donde radica la gran responsabilidad política de aquellos sectores que impulsaron el rechazo. Ellos no deben olvidar que la opción ganadora ha rechazado la propuesta constitucional de la Convención, no la necesidad de reemplazar nuestra Constitución. A pesar de la actual desconfianza hacia la clase política, la ciudadanía hizo un voto de confianza en todos aquellos representantes que, habiendo votado rechazo en el plebiscito de entrada, durante la campaña del plebiscito de salida afirmaron haber cambiado de opinión y se comprometieron a la urgencia de reemplazar la actual Constitución post 4 de septiembre. Esta promesa inevitablemente genera sospecha, porque supone un cambio de actitud a aquella que ha caracterizado el ejercicio parlamentario de este grupo en las últimas décadas frente a la propuesta de cualquier cambio constitucional sustantivo.

En los próximos días, se tomarán importantes decisiones en torno a la cuestión constitucional, en donde las promesas de campaña del rechazo se deberán hacer realidad. Inevitablemente estará la tentación para aquellos que no quieren impulsar cambios de interpretar los resultados de ayer como el fin de la discusión constitucional, lo cual solo complejizaría aún más el nuevo proceso y debilitará aún más las confianzas y la cohesión social. Dentro de las distintas voces del rechazo debe predominar la de la amplia mayoría, que anhela cambios. Como también, los compromisos planteados por Chile Vamos deben ser solo el puntapié inicial de la agenda de cambios que respalden.

No debemos olvidar que el diálogo y los consensos nuevamente serán determinantes para la validación del proceso constitucional que recién comienza. Para ello será necesario, transversalmente, una disposición a cambiar de opinión, no tener miedo a ser convencido y a tener la nobleza de apoyar una idea que no provenga del propio sector político. No hay otra forma de avanzar. Debemos dejar la intransigencia de lado para llegar a acuerdos que representen a la mayoría será la única forma de poder resolver en este nuevo ciclo el problema constitucional.

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