Opinión La Segunda , lunes 18 de diciembre de 2006.

Reforma previsional descarrilada

Salvador Valdés Prieto |

La reforma del gobierno adopta muchas de las medidas técnicas que propusimos en los últimos años: si bien la Pensión Asistencial creada en 1975 elevó la cobertura de los subsidios a la tercera edad hasta 45%, propusimos reemplazarla por la “pensión graduada” descubierta por el premio Nóbel J. Mirrlees, con el fin de promover el empleo de los pobres en el sector cubierto y de lograr equidad para las temporeras. Siguiendo a la Comisión Bush (2001), propusimos introducir un servicio de búsqueda de la AFP más barata para afiliados de bajo saldo. Propusimos en 2005 financiar el seguro de invalidez y sobrevivencia con una tasa única nacional y promovimos el APV Colectivo desde 2001. El proyecto también sepulta ideas peregrinas, como que el costo fiscal de la reforma de 1981 ponía en peligro las finanzas públicas (Arenas y Marcel 2000), y que “el modelo previsional chileno está en crisis” (precandidata Bachelet en N. York, enero 2005).

Sin embargo, de nada sirve un buen diseño técnico si se agregan trucos que desatan el populismo. El gobierno manchó esta reforma agregando algo nuevo: la cifra políticamente más notoria, que es el monto básico del nuevo subsidio, aumentará ¡20%! justo antes de la elección municipal de 2008, y subirá otro 25% cuatro meses antes de la presidencial de 2009. ¿Se aplica la tesis de Schaulsohn, en cuanto a que la Concertación estima que todo vale para vencer a los “malos” en las elecciones? Que una oposición horrorizada intente zafarse pidiendo adelantar el alza a 2007 no sorprende; por el contrario, el gobierno ha desatado el populismo con su proyecto. Si la Presidenta quisiera credibilidad para su agenda de probidad, adoptaría la medida Nº 31: Una norma constitucional que impida aumentar los subsidios directos a votantes en un porcentaje que supere la variación del presupuesto fiscal en los dos años anteriores, durante los 18 meses que rodean cada elección.

Este proyecto también incentiva el populismo al construir la siguiente situación inestable: una familia donde él trabaja por cuenta propia por $100 mil al mes y ella trabaja en el hogar, tendrá un ingreso total que subirá 50% (hasta $150.000) apenas ellos mismos cumplan 60/65 años. Comparando personas de distinta edad, es injusto casi duplicar los subsidios a la tercera edad, que tiene la menor tasa de pobreza (9%), si al mismo tiempo se deja atrás a grupos donde la tasa de pobreza es el doble (18% para adultos) o el triple (27% para los niños). El impacto de esta injusticia es predecible: para equiparar a los menores de 60/65 años, los partidos propondrán nuevos regalos fiscales para ellos. Cuando baje el precio del cobre habrá que elegir entre estancarse subiendo los impuestos de inmediato, o aumentar la deuda pública mientras se resuelve el conflicto. La recomendación del Consejo Asesor diseñó un aumento lento del monto básico, desde el actual $48.000 hasta $75.000 en 2025, para dar tiempo a que el crecimiento natural del salario real evitara esta injusticia y el incentivo al populismo.

Desatar el populismo no depende de si el balance estructural cumple metas en 2008-2012, como Hacienda quiere hacer creer, sino de los incentivos perversos creados. Hacienda cedió en lo principal, en vez de aprovechar la solución que el Consejo Asesor ofrecía. Para el registro, el giro al populismo de la política fiscal chilena se origina en la ambigua redacción del informe del Consejo Asesor, que comprometió una cifra de $75.000 en pesos de hoy a pesar de que ella podía ser manipulada, y en que Hacienda cedió ante la demanda de usar esa ambigüedad para intentar vencer a los “malos”.

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