Opinión El Mercurio, 12 de marzo de 2016

El cambio del voto obligatorio a voluntario

Loreto Cox A. | Ricardo González T. |

Recientemente, y quizás debido a que este es un año electoral, la voluntariedad del voto ha vuelto a ser objeto de debate. Cuando el país cambió su sistema electoral de voto obligatorio e inscripción voluntaria a inscripción automática y voto voluntario, se habló mucho sobre qué pasaría, pero en realidad poco se sabía, quizás porque son pocos los países que tienen voto obligatorio (solo 26 de 199, la mayoría en América Latina) y porque son todavía menos los casos que han cambiado de un sistema a otro (e.g. Australia entre 1914 y 1941, Holanda en 1967, Guatemala en 1985, Filipinas en 1986 y Venezuela en 1993). Así, la reforma se implementó con poca información y los resultados sorprendieron, en particular por la caída en participación electoral.

Ahora está en discusión el retorno al voto obligatorio y creemos que es necesario enfrentar esta discusión habiendo analizado, en profundidad, los efectos de la reforma llevada a cabo hace solo cuatro años.

En un estudio a publicarse próximamente, analizamos los efectos de esta reforma sobre la participación electoral en la elección presidencial y parlamentaria de noviembre 2013. La estructura de los datos, provistos por el Servel, nos permite conocer con exactitud cuántas personas votaron entonces, distinguiendo si estaban o no inscritas en el sistema anterior.

Los resultados muestran que hubo 1.321.401 personas que no estaban inscritas antes de la reforma y que votaron en noviembre de 2013 (esto es, nuevos votantes), de las cuales 54% fueron mujeres. A la vez, hubo 2.624.724 personas que estaban inscritas antes de la reforma y no votaron en la misma elección (esto es, dejaron de votar), de las cuales 49% fueron mujeres.

Sin embargo, no todos los nuevos votantes pueden ser atribuidos a la reforma, pues había gente que se inscribía de todas formas bajo el sistema antiguo. Tomando esto en consideración, el efecto estimado de la inscripción automática (junto con el voto voluntario) fue un aumento de la participación de poco menos de un millón de personas. Así, un sexto de los no inscritos acudió a las urnas en noviembre de 2013 gracias a la reforma (7% respecto de la población en edad de votar).

A su vez, no todas las personas que dejaron de votar se pueden atribuir al efecto del voto voluntario, ya que, en ausencia de la reforma, algunos se habrían abstenido de todas formas, como lo hacían en el pasado (la abstención en 2009, con voto obligatorio, alcanzó al 13% de los inscritos). Considerando esto, el efecto estimado del voto voluntario corresponde a una disminución de poco más de 1.600.000 votantes. Esto es, un tercio de los que estaban inscritos dejaron de votar debido a la reforma (12% respecto de la población en edad de votar). Esto significa que había personas que antes votaban solo porque hacerlo era una obligación.

Una de las razones que justificaron la reforma de inscripción automática y voto voluntario fue el envejecimiento del padrón electoral, originado principalmente por la baja inscripción de los jóvenes en los registros electorales. Tras la reforma, en las elecciones de noviembre de 2013, la distribución de los votantes por edad resultó ser más pareja que la que existía antes de la reforma. De hecho, la sobrerrepresentación de los mayores de 45 años en el padrón electoral cayó de 2,6 en la elección presidencial de 2009 a 1,6 veces en 2013. Esto muestra que el envejecimiento del padrón anterior no se debía exclusivamente a un desinterés de los jóvenes en la política: eliminado el requisito de inscripción, muchos jóvenes votaron en 2013.

En síntesis, en noviembre de 2013 hubo un recambio de electores cercano a los cuatro millones de votantes, entre los cuales los que dejaron de votar casi duplicaron a los nuevos votantes. Haciendo los ajustes respectivos, estimamos que la reforma de 2012 produjo una caída neta de la participación electoral de poco menos de 700.000 votantes, es decir, un 5% de la población en edad de votar. Esta es una cifra relevante si consideramos que la participación electoral en esa elección fue de 49%. Además, la reforma contribuyó a disminuir el sesgo etario de nuestro padrón electoral.

Por último, aunque creemos que la deseabilidad del voto obligatorio obedece principalmente a argumentos normativos, estos antecedentes pueden aportar al debate.

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