Opinión La Tercera, 15 de octubre de 2017

Nuestros logros

Rodrigo Vergara M. |

Las encuestas que conocemos muestran que los chilenos no están descontentos en términos generales con su vida y que valoran lo que han avanzado.

Una de las cosas que más me llaman la atención de estos últimos años es el poco reconocimiento que hay en parte de la coalición oficialista respecto de los logros de Chile en materia económica y social desde el retorno de la democracia. Llama la atención no sólo porque muchas veces da la sensación de que algunos ni siquiera se han dado el tiempo de mirar las cifras objetivas -es notable cómo en ciertos análisis o debates no se conocen ni los números más básicos (y la ignorancia muchas veces lleva al desprecio)-, sino que también porque son logros que se obtuvieron en un período donde mayoritariamente gobernó la Concertación, antecesora de la Nueva Mayoría. En otras palabras, cualquier coalición de gobierno en cualquier parte del mundo estaría orgullosa de lo realizado y más que denostarlo lo realzaría. Por cierto, esto no implica que haya que mantener el statu quo o que no haya que estar haciendo cambios permanentemente. De hecho, para mantener el dinamismo siempre es clave introducir modificaciones o perfeccionamientos que permitan seguir avanzando. Pero de ahí a rechazar lo hecho y querer cambiar casi todo (retroexcavadora), hay un trecho muy grande. Hay que destacar que, evidentemente, esta actitud no es generalizada. En lo que hoy podría llamarse la antigua Concertación hay mucha conciencia de este fenómeno, pero la influencia de este grupo pareciera ir en descenso.

Los números

 

Algunos números básicos. Entre 1990 y 2013 la economía chilena creció en promedio 5,2% anual. Esto implica que en esos 24 años el PIB se multiplicó por 3,5 veces. En el mismo período el mundo creció 3,6%. Es decir, Chile creció en promedio cerca de 45% más que el mundo. Con ello, el PIB per cápita (en paridad del poder de compra) de nuestro país pasó de representar un 24% del PIB per cápita de Estados Unidos en 1990, a 43% en 2013 (lamentablemente, en los últimos cuatro años se ha retrocedido al 41%). Más aún, mientras en 1990 teníamos el sexto puesto en ingreso per cápita en América Latina, en 2013 pasamos a liderar la región.

¡Muchos números! dirán algunos, y argumentarán que faltan variables de calidad de vida en el análisis. El ingreso per cápita es un indicador, aunque evidentemente no perfecto, de calidad de vida. Pero si se quieren otros, está la notable disminución de la pobreza que pasa de 40% a menos de 10% si usamos la misma métrica. Los indicadores de salud, educación y vivienda no son menos impresionantes. En el Índice de Desarrollo Humano de las Naciones Unidas, que incluye distintas variables de calidad de vida, también pasamos a liderar la región, aunque en este caso en 1990 sólo nos superaba Argentina. A nivel global, pasamos del lugar 48 al 37.

Mientras a fines de los 80 Chile era un país mayoritariamente pobre, hoy es de clase media. El acceso a bienes y servicios de esta nueva clase media es algo que, para los que tenemos ya cierta edad, era muy difícil de imaginar hace sólo tres décadas. Siempre podremos decir que nos falta mucho por hacer, que todavía hay bolsones de pobreza, que tenemos que mejorar en la calidad de los servicios públicos, y todo ello es verdad. Pero desconocer o minimizar los avances, parece a todas luces exagerado. La actitud razonable más bien sería reconocerlos y construir a partir de ellos.

Chile es un país desigual y eso es algo en lo que debemos seguir trabajando. Pero incluso en esta materia ha habido avances. En un mundo donde se discute el aumento de la desigualdad (recordemos a Piketty), distintas mediciones muestran que en Chile ésta ha disminuido. Según las Naciones Unidas, por ejemplo, el índice Gini en Chile bajó de 0,52 en 1990 a 0,48 en lo más reciente. Todavía es alto y queda mucho por hacer, pero al menos va en la dirección correcta. Los estudios del profesor de la Universidad Católica Claudio Sapelli muestran que en los cohortes más jóvenes la desigualdad es menor que en los de mayor edad cuando eran jóvenes, lo que sugiere que la desigualdad podría seguir cayendo.

Entonces...

¿Por qué, entonces, esta negación de lo avanzado? Hay muchas teorías para explicar este fenómeno. Algunos dicen que es el cambio generacional. Las nuevas generaciones no vieron el notable cambio que se produjo en el país, por lo que no lo valoran, lo dan por hecho. Otros sostienen que estos períodos de descontento suelen ocurrir en períodos de bonanza, porque en los tiempos duros la gente está preocupada de satisfacer necesidades más básicas. También se señala que es un fenómeno mundial, que dice relación con un cierto rechazo a la globalización, con todos los temores que ella produce. El Brexit y la elección de Trump serían dos señales claras de esto, que además se dan en el mundo desarrollado. En fin, mi listado no pretende ser exhaustivo ni tampoco estoy en condiciones de ofrecer una respuesta definitiva. No obstante, al menos para el caso de Chile, uno se puede plantear directamente si esta visión, representada por grupos de la Nueva Mayoría y por el Frente Amplio, no será simplemente una mala lectura de la realidad. Las encuestas que conocemos muestran que los chilenos no están descontentos en términos generales con su vida y que valoran lo que han avanzado. Que quieren seguir mejorando su calidad de vida, que hay aspectos en los que están disconformes, pero que no reniegan de lo que han logrado. Que prefieren avanzar sobre lo ya alcanzado a "cambiar el modelo". El mismo hecho que sea el ex Presidente Piñera quien hoy lidera ampliamente las encuestas para las próximas elecciones presidenciales es un indicio que apuntaría en esa dirección.