Opinión La Tercera Domingo 11 de septiembre de 2022

“Para la economía y el bienestar de la gente, el amplio triunfo que tuvo el Rechazo es lo mejor”

Rodrigo Vergara M. |
Foto: William Rojas

Entrevista a Rodrigo Vergara

El expresidente del Banco Central asegura que si bien tras el resultado del plebiscito persiste la incertidumbre y el desafío de elaborar una buena Constitución, de haber ganado el Apruebo las inversiones se habrían “parado con mucha más fuerza” y la magnitud de la recesión que tendrá Chile en 2023 hubiese sido “mucho mayor”. Por eso, ahora ve una oportunidad, pero enfatiza que ello requiere que el sistema político esté a la altura y, en cuanto al gobierno, advierte que la posición maximalista de su programa “ya no tiene cabida”.

Rodrigo Vergara reconoce que él tenía un relativo optimismo respecto a la labor de la Convención Constitucional, pero que ello se frustró ante “la arrogancia, la soberbia y el desprecio por las opiniones ajenas” que primó en el proceso. Por lo mismo, para el expresidente del Banco Central (BC) y actual investigador senior del Centro de Estudios Públicos (CEP), el resultado del plebiscito es “definitivamente” lo más favorable para el país, en todo sentido. Espera que se aprenda de los errores y que se logre sacar adelante, ahora sí, una Carta Magna que “nos una y que no polarice. Eso es clave”, enfatiza.

A su juicio, este nuevo proceso constitucional deberá ir acompañado, en paralelo, por una importante moderación del programa y de las reformas estructurales del gobierno, el otro gran derrotado del domingo pasado. “El triunfo tan amplio del Rechazo hace inviables las posiciones maximalistas”, afirma.

En lo económico, le preocupa la magnitud de la recesión que vivirá Chile en 2023, donde cree que el PIB puede caer más del 1% que previó el BC en su Informe de Política Monetaria (IPoM) que entregó el miércoles, por lo que insta al instituto emisor a estar muy atento para empezar a bajar la tasa de interés apenas el control de la inflación así lo permita.

¿Cómo lee el resultado del plebiscito y cuánto lo sorprendió el margen a favor del Rechazo?

-No me sorprendió que ganara el Rechazo, todas las encuestas mostraban eso, pero pensaba que podían ser 10 puntos de diferencia. Que hayan sido más de 20 puntos me sorprendió positivamente. Era una mala Constitución, escrita un poco desde la revancha, desde el odio, desde la rabia, que le iba a provocar daños a Chile. Lamentablemente en el proceso primó la arrogancia, la soberbia, el desprecio por las opiniones ajenas, y te lo dice alguien que tenía esperanzas, porque yo fui por el Apruebo en el plebiscito de entrada. Entonces, me parece positivo que se haya rechazado abrumadoramente, porque no queda ninguna duda. Es un muy buen resultado para el país, aunque todavía queda mucha incertidumbre, tiene que empezar un nuevo proceso y vamos a ver cómo funciona.

¿Lo ve también como un juicio al gobierno y a su programa?

-No es que yo lo vincule, el propio gobierno lo vinculó. El gobierno fue imprudente al tomar una posición tan clara y no abstenerse. Con algunas reprimendas desde la Contraloría y todo, desde el Presidente para abajo decidieron participar activamente por el Apruebo. El gobierno ligó su destino, su popularidad al resultado del plebiscito y perdió en forma significativa. Espero que en el nuevo proceso constitucional dejen que esta sea una labor del Congreso, de la nueva Convención y que ellos sean simplemente facilitadores.

¿Cree que con el cambio de gabinete el gobierno asumió esa derrota, la internalizó?

-No estoy tan seguro de que así sea. Es un cambio de gabinete que va en la dirección correcta, hacia un espíritu más socialdemócrata, hacia la antigua Concertación, pero no tengo claro que se haya asumido del todo la derrota y sus consecuencias. Me sorprendió mucho cuando el Presidente Boric dijo “ni un paso atrás” sobre sus reformas y transformaciones. Eso no sólo es absurdo y arrogante, sino también poco realista.

¿Cómo evalúa al Presidente Boric en sus primeros seis meses de mandato?

-Creo que ha mostrado buena voluntad en algunas cosas, pero también le falta determinación en otras y va a tener que tomar posiciones más fuertes, como por ejemplo en el tema de la violencia. El país no puede seguir funcionando con ataques constantes a Carabineros y sin el respaldo que requieren. En ese sentido, este es un gobierno hasta ahora muy al debe, sin claridad de hacia dónde se dirige. Espero que con el cambio de gabinete eso mejore, pero vemos muchas dudas, porque al final su ADN y su historia los complica mucho. Ellos avalaron hechos de violencia en el pasado y hoy hay una disputa al respecto en su interior, porque el PC va a mantener una pata en el gobierno y otra en la calle. Eso le va a traer muchos problemas al Presidente.

¿Cuáles serán las consecuencias económicas del triunfo tan amplio del Rechazo?

-Es algo positivo, pero todavía hay mucho camino por andar, quedan muchas cosas por definirse. Ahora, de ganar el Apruebo, habríamos tenido un problema económico muy serio y las inversiones se hubiesen parado con mucha más fuerza. Así que comparado con la alternativa, tras el resultado del plebiscito estamos en un mejor escenario económico. Eso no significa que sea bueno en términos absolutos, pero se abre una oportunidad.

Pero el gobierno y el ministro Marcel decían que con el Apruebo se acababa la incertidumbre, mientras que con el Rechazo esta se extiende, lo que afecta a la economía.

-Definitivamente para la economía, para el desarrollo del país y para el bienestar de la gente, el amplio triunfo que tuvo el Rechazo es lo mejor. Ciertamente que la incertidumbre en sí no es buena para la economía, pero es preferible, como ahora, que esta se extienda con la expectativa de elaborar una mejor Constitución, que tener la certidumbre de que nos quedamos con un mal texto.

Hay una luz de esperanza de que en esta segunda oportunidad las cosas se van a conducir mejor y que vamos a terminar con una Constitución razonable, que represente a la gran mayoría. Creo que hay un grupo, que va al menos desde el socialismo democrático hacia la derecha, que está bastante consciente de esto y más allá de las discusiones legítimas sobre el mecanismo, espero que de aquí a poco más de un año podamos tener una nueva Carta Magna y dar vuelta la página, porque también necesitamos enfocarnos en las cosas que hoy día están afectando a la población.

Este nuevo contexto, en principio, ¿puede aminorar la salida de capitales del país?

-Efectivamente, este resultado puede ralentizar la salida de capitales y alentar su ingreso desde el exterior, pero lo más importante en que muchas inversiones que estaban paradas y que si ganaba el Apruebo simplemente no se hubieran hecho, ahora tienen una oportunidad para seguir adelante.

¿Cambia sustancialmente el escenario para las reformas del gobierno?

-Sin duda, tal como lo dio a entender el propio ministro Marcel a principios de la semana y pese a lo que dijo el Presidente Boric en el cambio de gabinete. Este resultado adverso los afecta particularmente y además tienen una coalición minoritaria en el Congreso. Entonces, desde el punto de vista de las reformas, se podrá mantener la agenda, pero van a tener que moderarse y buscar los acuerdos necesarios. La posición maximalista del programa de gobierno ya no tiene cabida.

¿Eso qué puede significar en una reforma como la de pensiones, que se iba a presentar en agosto y ahora se pospuso? ¿Afectará el destino de los 6 puntos extra de cotización?

-Eso es evidente. Tendrá que haber un acuerdo sobre cuánto de los 6 puntos va a un fondo común y cuánto a capitalización individual, con propiedad de los fondos y libertad de elegir. Si el gobierno insiste en un 6-0, eso es inviable. Sería un grave error y malo para Chile. Supongo que el gobierno, y en particular el ministro Marcel, se dan cuenta de que la forma de avanzar es cediendo por ambas partes. La oposición también tiene que ceder: un 6-0 en el otro sentido tampoco es viable.

Y en cuanto a la reforma tributaria, ¿cuán profundos deberán ser sus cambios?

-Entiendo que en la reforma tributaria el gobierno ya ha tomado nota de algunas cosas que son negativas, en particular el aumento de la carga impositiva al capital, en un país donde estamos necesitados de inversión, y trabaja en cambios que serán anunciados pronto. Ahí cosas como el impuesto a la utilidad retenida, el impuesto a la riqueza y el royalty, tienen que moderarse. También tiene que haber un esfuerzo de eficiencia del Estado, alguna señal en ese sentido si se quiere aumentar la carga tributaria en forma tan significativa. Lo otro a lo que no le veo ningún sentido es a esta suerte de desintegración o sistema dual: no genera más recaudación y no simplifica, sino que complejiza, porque introduce más sistemas. No insistiría con eso.

Pero todo eso tiene implicancias en la recaudación que el gobierno espera obtener con esta reforma. ¿Marcel deberá sincerar esa situación y ver cómo ello ajusta las promesas del programa de gobierno?

-Claro, pero ya antes de los cambios las estimaciones de recaudación de la reforma tributaria eran optimistas. No eran posible los 4 puntos del PIB y por eso hay una parte que debiera ser vía mayor eficiencia del gasto. Y Marcel tendrá que sincerarlo, no tendrá alternativa.

José Luis Daza dijo que en su fuero interno Marcel debía estar celebrando el resultado del plebiscito porque le ayuda al manejo económico del gobierno. ¿Lo ve así?

-No me voy a poner en los zapatos de Marcel, porque no me corresponde, pero sin duda el triunfo tan amplio del Rechazo hace inviables las posiciones maximalistas y ayuda al manejo económico del gobierno.

En esta nueva etapa, junto con modificar sus reformas, ¿el gobierno debiera enfocarse en la recuperación del crecimiento?

-Eso es esencial. Tenemos una economía frenada hace ya ocho años, y ello produce mayores tensiones sociales. Es muy difícil pensar en el éxito del programa de gobierno si no vuelve el crecimiento, y no estoy pensando en cifras exageradas, sino algo en torno al 3,5% en tendencia, que eventualmente se podría. Este y todos los gobiernos debieran poner sus mayores fichas en eso.

¿Eso significa virar el timón respecto de su programa original?

-Sí, porque venían con mucha redistribución y poco crecimiento, y hay que equilibrar ambas cosas. Tengo la impresión de que el ministro Marcel se da cuenta de eso, y de hecho anunció que vienen medidas al respecto.

Primero anunciará una agenda proinversión y luego una de productividad. ¿Ese tipo de iniciativas mueven la aguja en crecimiento?

-Depende del convencimiento y de la fuerza con la que se presenten. Un gobierno que cambia la dirección, en el sentido de poner más énfasis en el crecimiento y la inversión, sí puede tener un impacto en la economía.

Todo esto, ¿puede cambiar en algo la recesión de la economía chilena en 2023?

-En el corto plazo las cartas están echadas y no veo mayores cambios en lo que resta del año. Pero creo que la magnitud de la recesión que tendrá la economía chilena en 2023 hubiese sido mucho mayor con el Apruebo. Y si ahora se conducen mejor las cosas, Chile tiene la posibilidad de salir adelante con más crecimiento y más redistribución, y con un mayor consenso social. Pero no está resuelto, queda mucha incertidumbre por dilucidarse. La mayor responsabilidad la tiene el gobierno, pero también el Congreso que va a conducir el nuevo proceso constituyente.

El Banco Central proyectó para 2023 una caída del PIB del 1% en su punto medio y para 2024 un crecimiento entre el 2,25% el y 3,25%. ¿Comparte esas estimaciones?

-Para este año veo un crecimiento algo por debajo del 2%, porque ya se advierte un frenazo muy fuerte en la economía. Para 2023 la recesión es inevitable y creo que la caída del PIB puede ser mayor al 1% estimado por el BC. Hay que pagar los excesos de 2021 y el ajuste es necesario para bajar la inflación y el déficit corriente. Pero es un escenario duro y políticamente complejo. Entonces, para un gobierno débil y con baja popularidad como el actual, el ajuste económico de 2023 no va a ser fácil.

¿Eso qué significa?

-Que si bien hasta ahora desde el punto de vista fiscal se han hecho los ajustes correspondientes, y eso hay que reconocérselo al gobierno y al ministro de Hacienda, la prueba de fuego será el próximo año, cuando la recesión golpee el mercado laboral y esto duela más. Ahí estará el desafío del gobierno de si va a ser capaz de mantenerse firme y no excederse en el gasto fiscal, pese a las presiones políticas de su sector. Eso es fundamental para que el ajuste se haga en 2023 y poder aspirar en 2024 al crecimiento del PIB que plantea el BC.

¿Qué es lo que más le preocupa de cara a 2023?

-Dos cosas. Primero, en lo más estructural, cómo se conduce el nuevo proceso constitucional y no cometer los graves errores del proceso anterior. Hay que llegar a acuerdos en esa materia y hacerlo bien, lo mismo que con las reformas. Hoy día el gran problema en Chile es político. Si eso mejora, existe la posibilidad de que la economía, en el tiempo, retome cifras más favorables de crecimiento.

¿Tiene preferencia por algún mecanismo para el nuevo proceso constituye? ¿Cree que en lo económico se deben abordar las mismas materias del texto anterior?

-Veo difícil evitar una nueva Convención, pero ojalá más acotada en el número de personas y en sus bordes, y con un comité de expertos que acompañe. Tiene que ser un mecanismo que concite acuerdo mayoritario. Y sobre las materias, de partida ojalá que sea bastante más corta, con principios generales. Teniendo, por ejemplo, mucho cuidado con el tema de la cantidad y la tutela de los derechos ahí consagrados. No pueden ser los jueces los que hagan las políticas públicas, tiene que ser la democracia. En ese sentido me gusta la Constitución española, donde se establecen algunos derechos sociales, en forma prudente, y la bajada se deja a la ley, al proceso democrático.

Dicho eso, en lo económico hay temas que no es necesario modificar, como el de la propiedad privada, donde la Convención se quiso dar un gustito en lo relativo al ‘justo precio’. O como en lo que se refiere al BC, donde la propuesta quedó razonable, pero la verdad los cambios que se hacían no aportaban mucho. Hay otras partes del texto propuesto que generan bastante consenso, como el Estado social y democrático de derecho. Ojalá aprendamos de nuestros errores y nos concentremos en aquellas cosas en las que realmente hay dudas y problemas. Aquí nos estamos jugando mucho: tener una Constitución que nos una y que no polarice. Eso es clave. Que logremos elaborar una buena Constitución será fundamental para la democracia y para el desarrollo del país.

¿Y su otra preocupación para el próximo año?

-Desde el punto de vista más coyuntural, me preocupa lo duro que puede ser el ajuste del próximo año y, en ese contexto, creo que el BC deberá estar muy atento para reaccionar con igual fuerza y celeridad a cómo lo hizo en el ciclo de alza de tasas.

“Así como el BC subió la tasa rápido, tiene que estar muy atento también para bajarla rápido”

¿Qué implicancia tiene la inédita votación dividida a tres bandas que hubo este martes en la reunión de tasas del Banco Central (BC)?

-No hay que sobredimensionar esa votación. Que haya votos de minoría no es lo común, pero ocurre de vez en cuando. Es parte de un consejo que es diverso, lo que es bueno, no malo. El BC, por lo general, trata de buscar la unanimidad y lo logra la mayoría de las veces. Ahora, sí es cierto que hubo una votación a tres bandas (Rosanna Costa, Alberto Naudon y Luis Felipe Céspedes 100 puntos base, Pablo García 125 pb y Stephany Griffith-Jones 75 pb) que no recuerdo que se haya producido antes, pero también hay que entender el contexto: un escenario complejo, con una inflación muy alta como tampoco se había visto en mucho tiempo y donde el BC dio una señal de término del ciclo de alza de tasas. Entonces, entiendo que algunos querían que ese ciclo terminara más arriba y otros algo más abajo. Pero además se trata de diferencias de 25 puntos base, que cuando la tasa ya está sobre el 10%, la verdad no es mucho.

La presidenta Rosanna Costa dijo que no era “gran tema”, ya que todos los consejeros compartían una misma mirada…

-Así es. Todos estaban por subir la tasa y subirla en forma significativa.

Por su antigüedad en el cargo y dado que es el vicepresidente, ¿Pablo García debió hacer un esfuerzo por votar con la posición de mayoría?

-Tal vez yo le hubiese recomendado a alguno de los dos consejeros que votó en minoría que se sumara a los 100 puntos base, ya que tampoco hace tanta diferencia. Pero bueno, quisieron dejar su testimonio. No creo que tenga mayor significancia.

Esa votación a tres bandas, entonces, ¿no cuestiona el liderazgo de Costa para aunar al consejo?

-No. Yo creo que el mensaje está claro y es compartido por todo el consejo: a no ser que pase algo muy extraordinario, el actual nivel debiera ser el peak de la tasa de interés y luego, en la medida que sobre todo las expectativas de inflación vayan cediendo, se empezaría a bajar.

¿Y usted suscribe ese escenario de inflación y tasas que planteó el BC?

-Así como el BC subió la tasa rápido, tiene que estar muy atento también para bajarla rápido cuando las expectativas de inflación empiecen a ceder. Y creo que eso puede ser relativamente luego, ya que con una economía que está experimentando una frenada muy fuerte, con precios externos, sobre todo de materias primas, que han bajado, y con un tipo de cambio que se ha estabilizado un poco más, podemos empezar a tener hacia fin de año noticias positivas de inflación. En ese sentido, hay una sola cosa que no me cuadra del todo de este IPoM: cuando el BC dice que la inflación va a bajar al 3,3% en 2023 y la tasa se va a quedar en torno al 7%. Si la inflación retrocede al 3% y en un escenario de recesión importante, la tasa tendría que bajar más rápido. Esa baja tan rápida de la inflación que ve el BC implica que no hay demasiada inercia, sobre lo cual tengo dudas. No conversan una baja tan rápida de la inflación el próximo año, con una tasa que se queda relativamente alta. O sea, una tasa real de cerca del 4%, con una recesión, no me cuadra. Distinto es si la inflación, y particularmente las expectativas de inflación, se quedan arriba.

Tras conocerse el IPC de agosto, que llevó la inflación en 12 meses al 14,1%, parte del mercado estima que el BC se quedó corto con su estimación del 12% para 2022.

-No estoy seguro que sea así y no sé si importa demasiado. Lo relevante es lo que veamos a partir de los últimos meses del año.

Pero si el cierre de la inflación en 2022 es más alto, ¿no puede implicar eso que la tasa deba subir del 10,75% y ya no sea ese su techo?

-Si la inflación es un poco más alta en lo inmediato, no veo que necesariamente eso explique una política monetaria más contractiva, porque lo que más importa es lo que pase con las expectativas de inflación a mediano plazo.

En su escenario base, ¿cuándo cree que el BC debiera empezar a bajar la tasa?

-El tiempo lo irá diciendo. Pero pienso que el frenazo es fuerte, lo que, junto a la estabilización y baja del precio de las materias primas, moderará las expectativas de inflación. En ese contexto, es posible que la política monetaria cambie de signo en los primeros meses del próximo año.

¿Cómo ha visto a Stephany Griffith-Jones en su rol de consejera del BC y qué opina del traspié que tuvo con algunas de sus declaraciones?

-No me corresponde opinar.

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