Opinión El Mercurio, 28 de noviembre de 2013

Sobre la encuesta CEP

Harald Beyer |

Mucho se ha cuestionado la última encuesta CEP a partir de los resultados de la primera vuelta presidencial. Las críticas trascienden las dificultades que están teniendo las encuestas para predecir a los votantes potenciales en cada elección. En ninguno de los escenarios posibles la encuesta se acercó a los resultados efectivos para las primeras dos mayorías. Pero, ¿es correcto interpretar ese hecho como un error de la encuesta? Creo que tal aseveración es equivocada por varias razones.

Desde el punto de vista metodológico, la encuesta no ha sufrido reproches. La selección de entrevistados sigue procedimientos estadísticos exigentes. El procedimiento se ha validado en diversas ocasiones por centros especializados y expertos internacionales. Asimismo, se aplica una supervisión independiente del proceso de aplicación del cuestionario que asegura, entre otros aspectos, que las personas entrevistadas sean efectivamente las seleccionadas.

También hay diversos resguardos para asegurar el anonimato de los encuestados, y las preguntas formuladas respecto de la intención de voto siguen los estándares habituales en encuestas políticas. Por último, a los participantes se les pidió simular una votación con urnas cerradas. La presentación de la encuesta incluye una completa descripción metodológica y pocos días después queda gratuitamente disponible la base de datos con todas las respuestas a todas las preguntas que se formulan.

La última encuesta del CEP del presente año comenzó su trabajo en terreno dos meses antes de la elección, y concluyó un mes después. Es un tiempo prolongado, pero se explica por la metodología empleada y la cobertura de la encuesta. Esta no pretende representar una situación política distinta a la de ese período y, por tanto, convertirse en una predicción del resultado electoral. La pregunta relevante es si el estudio del CEP reflejó acertadamente ese momento. Quienes contestan negativamente no ofrecen buenos argumentos. Desde luego no ponen en duda su metodología. A lo más mencionan otras encuestas de ese período que habrían dado resultados distintos. Pero ellas no son conocidas o sus metodologías están insuficientemente divulgadas (por ejemplo, las tasas de rechazo no son informadas).

Hay varias razones para pensar que la encuesta del CEP, en el momento en que se realizó, no estaba tan alejada de la realidad. Me detendré solo en una. Evelyn Matthei fue una candidata inesperada y tardía. Que la población se la imagine como una alternativa presidencial no es un proceso automático. De hecho, en las encuestas realizadas en 2012 y en la primera parte del año por distintas organizaciones, que incluían preguntas del tipo “quién le gustaría que fuera el próximo Presidente”, la candidata aliancista no recibía menciones. Sin que esa imagen se asiente es difícil sumar votos. En estas circunstancias no debe sorprender que una encuesta representativa del país, cuyo trabajo en terreno comenzó apenas un mes después de la confirmación de su candidatura, haya exhibido resultados como los reflejados en la CEP.

Que se requiere tiempo para la sedimentación de las inclinaciones electorales, sobre todo en un escenario de mucha despolitización, quedó demostrado en la elección de 2005. En junio-julio la encuesta CEP marcaba un triunfo de Michelle Bachelet en primera vuelta, a pesar de que la Alianza tenía dos candidatos conocidos y que la población los imaginaba como alternativas presidenciales.

Dos meses más tarde la situación había movido las votaciones de los candidatos aliancistas, pero seguían sumando lo mismo y Bachelet obtenía el triunfo en primera vuelta. Tendrían que pasar otros dos meses para que las encuestas reflejasen un resultado similar al que ocurrió en diciembre de ese año.

Es evidente que los cambios en la intención de voto toman tiempo. Por tanto, es meritorio que en tan poco tiempo Evelyn Matthei haya modificado el escenario político, pero ello no invalida la encuesta CEP. Tampoco, aunque se creyese que las intenciones de votos pudiesen cambiar, hay que inhibir su divulgación. Ello no tiene sentido. Este instrumento, por más de 25 años, ha sido un aporte muy significativo a la comprensión de los fenómenos sociales y políticos que ha experimentado el país y seguirá siéndolo en el futuro en la medida que siga divulgándose oportunamente, de modo independiente de sus resultados.