Opinión La Tercera, 5/1/2012

Acceso a la educación superior

Sylvia Eyzaguirre T. |

Sería grave que con el fin de hacer nuestro sistema más integrado y equitativo bajara la calidad de nuestros profesionales.

Dada nuestra desigualdad, el rol social de la educación adquiere preponderancia. Por ello, nos preocupa lo que ocurre con los resultados de la PSU. Todos los años presenciamos cómo los jóvenes de niveles socioeconómicos más altos obtienen en promedio puntajes muy superiores a los jóvenes de estratos bajos. La cobertura de educación superior ha aumentado en los últimos años (siete de 10 estudiantes son primera generación), pero ¿dónde estudian éstos? La gran mayoría en centros profesionales técnicos o institutos, y los que logran entrar a la universidad acceden, en general, a universidades menos selectivas. El problema no radica entonces en la cobertura, sino en lo segregado de nuestro sistema. ¿Cómo logramos revertir esta situación?

Los estudiantes reclaman que la PSU es un pésimo instrumento para seleccionar a los alumnos que entran a la educación superior, pues más que medir rendimiento mide origen socioeconómico. ¿Será el problema la PSU? Sus resultados están correlacionados con el origen socioeconómico de los estudiantes, pero más que un problema del instrumento, es un problema del sistema educacional que, pese a los avances, sigue siendo inequitativo. Para cambiar esta situación no basta modificar el instrumento, sino que debemos atacar el problema en su origen. Se requiere focalizar nuestros esfuerzos en educación pre-escolar y básica, donde comienzan y se agudizan las diferencias. Para ello no sólo se requiere aumentar la cobertura de educación preescolar, sino mejorar la calidad de la formación que se entrega. Lo mismo con educación básica y media, y eso implica una mejora de la calidad de los profesores y de la formación docente. Además, debemos fortalecer la educación pública, pues en ella se educa la gran mayoría de los niños más vulnerables del país.

Con todo, esto no dispensa de preguntarnos si el actual instrumento para seleccionar a los alumnos es susceptible de mejoras. En esta línea, existen dos iniciativas que apuntan a hacer más equitativo el acceso a las universidades más selectivas. La primera, en estudio, consiste en incluir dentro de las variables para predecir rendimiento académico el ranking dentro de la escuela. La segunda, ya en práctica, en abrir cuotas especiales para alumnos de niveles socioeconómicos más bajos. Ambas alternativas apuntan a modificar la composición socioeconómica de los alumnos que ingresan a las universidades más selectivas, entregando mayores posibilidades a los de menores recursos. Sin embargo, la primera alternativa puede tener efectos no deseados, como introducir una competencia desmedida entre los compañeros de curso, perjudicar a los establecimientos que entregan una buena formación o afectar la predictibilidad del instrumento, seleccionando a los alumnos no por su rendimiento académico. Sería grave que con el fin de hacer nuestro sistema más integrado y equitativo bajara la calidad de nuestros profesionales. Hacer más justo el acceso a la educación superior es un desafío que no debiera poner en riesgo la excelencia.

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