Opinión La Tercera, 15 de marzo de 2018

Ajustes al sistema de admisión

Sylvia Eyzaguirre T. |

El Ministro Varela no pierde tiempo; en su primer día anunció que someterá a revisión el nuevo sistema de admisión escolar e introducirá cambios para mejorar su funcionamiento.

Curiosamente, una medida tan razonable como esta provocó rechazo por parte de algunos académicos. Según estos, el sistema no estaría suficientemente maduro y recomiendan esperar a que tengamos mayor experiencia en el funcionamiento del nuevo mecanismo.

¿Es razonable esta aprensión? No. Primero, resulta absurdo estar en contra de una evaluación del sistema de admisión arguyendo que aún es temprano. Por el contrario, durante los primeros años de implementación se vuelve esencial tener una evaluación continua del nuevo sistema. Esto permite detectar falencias de forma temprana e introducir mejoras rápidamente. No podemos perder de vista, que este sistema afecta a miles de niños y que las mejoras que se introduzcan impactarán de forma positiva en sus vidas. Así, la evaluación que propone el Ministro no solo es necesaria, sino urgente.

Segundo, tampoco tiene sentido esperar más tiempo para introducir cambios, si ya se detectaron problemas que pueden ser subsanados. Es importante distinguir entre los problemas de diseño de la ley y los que tienen relación con la implementación. Las falencias que presenta la actual ley son anteriores a cualquier implementación, de ahí que el argumento temporal no sea válido. En esta línea, urge subsanar la discriminación a las familias que introduce la ley, beneficiando únicamente a los hermanos con vínculo legal y perjudicando a otros tipos de familia. Además, no permite fijar cupos por género a los establecimientos escolares mixtos para asegurar una distribución balanceada de los estudiantes y limita en 15 por ciento el porcentaje de alumnos vulnerables que un establecimiento puede priorizar. Todos estos asuntos son problemas anteriores a la implementación, que pueden ser abordados ahora.

En relación con la implementación, tampoco parece sensato esperar más tiempo para corregir problemas que ya se observan. Por ejemplo, cuando los estudiantes quedan en uno de los colegios que postularon, el sistema les ofrece cuatro posibilidades: aceptar, aceptar condicional, rechazar condicional y rechazar. La evidencia empírica ha mostrado que la mayoría opta por una alternativa que termina perjudicándolos. Esto llama a simplificar el proceso de admisión para optimizar los resultados. También se observa que los padres postulan relativamente a pocos colegios, lo que disminuye la probabilidad de que sus hijos queden en un colegio elegido por ellos. En ambos casos existe un margen importante para introducir mejoras y no sería prudente esperar más, si sabemos que cada año que pasa hay un número importante de niños que está siendo perjudicado.

Sin duda, la implementación en la Región Metropolitana traerá nuevos desafíos, así como el transcurso del tiempo nos mostrará nuevas falencias, pero estos no son argumentos para no introducir cambios ahora.

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