Opinión OPINIÓN / La Tercera Domingo 5 de enero de 2020

¿Apruebo o rechazo?

Sylvia Eyzaguirre T. |
Foto: William Rojas

¿Cómo defendemos el Estado de derecho, las instituciones, los derechos de los ciudadanos, el mismo proceso constituyente de quienes simplemente no creen en la democracia? Mientras el gobierno, el Congreso y los partidos políticos no tengan respuesta a esta pregunta, el miedo seguirá distorsionando el resultado del plebiscito.

“¿Apruebo o rechazo?” es la decisión que debemos tomar este 2020 como país. ¿Qué es lo que debemos aprobar o rechazar? La pregunta de la papeleta hace referencia a una nueva Constitución, pero hasta ahora no me he topado con nadie que esté interpretando la pregunta de forma literal. He ahí la dificultad.

Los argumentos para aprobar una nueva Constitución a través de los mecanismos propuestos son variados. Están los que consideran que aprobar la nueva Constitución es un voto de rechazo al gobierno y, en general, a la derecha; están los que creen que una nueva Constitución permitirá tener una mejor calidad de vida; están los que rechazan la actual Constitución por ser herencia de la dictadura; están los que quieren cambiar el modelo económico y avanzar hacia un modelo socialista; están también los que quieren realizar cambios profundos a la Constitución, como cambiar el régimen político presidencial a uno parlamentario, y ven aquí una oportunidad; están los que no les importa la Constitución ni la política, pero quieren recuperar la paz y temen que de ser rechazada la nueva Constitución continúe la violencia.

Los argumentos para rechazar una nueva Constitución son también diversos. Están quienes defienden la actual Constitución, ya sea porque les parece razonable, ya sea porque es la herencia de Jaime Guzmán; están los que no les gusta la actual Constitución, pero no comparten el mecanismo elegido para su elaboración, o les molesta la convención o la hoja en blanco; están los que consideran que este plebiscito es fruto de la violencia y la extorsión política; están los que consideran que aprobar es legitimar la violencia; también están los que tienen miedo a la incertidumbre que genera no saber cómo será la nueva Constitución; y están los escépticos, que creen que la nueva Constitución no resuelve nada y que todo este proceso será pérdida de dinero y tiempo.

Esta diversidad de respuestas permite aunar distintas sensibilidades políticas en ambos grupos, aunque claramente la extrema izquierda estará a favor del apruebo y la extrema derecha por el rechazo. ¿Cómo votarán las personas que no se identifican ni con la derecha ni con la izquierda? Es probable que el voto menos ideologizado dependa con mayor fuerza del clima político. El solo ejercicio cívico de sentarnos a dialogar sobre un nuevo marco normativo para la convivencia civil ayudaría a recuperar la amistad cívica que tanto nos hace falta. Pero este ejercicio solo es viable en la medida que haya respeto y buena fe. Y esto es precisamente lo que no se observa ni en la clase política, ni en la mesa de Unidad Social, ni en quienes siguen destruyendo el país. Para algunos grupos la violencia es más rentable, pues saben que no son ni serán mayoría.

¿Cómo defendemos el Estado de derecho, las instituciones, los derechos de los ciudadanos, el mismo proceso constituyente de quienes simplemente no creen en la democracia? Mientras el gobierno, el Congreso y los partidos políticos no tengan respuesta a esta pregunta, el miedo seguirá distorsionando el resultado del plebiscito.

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