Opinión La Tercera Domingo 1 de septiembre de 2019

¡Cambio de gabinete ahora!

Sylvia Eyzaguirre T. |
Foto: Internet

Las emociones y no la razón dominan hoy la agenda legislativa, y pareciera que el espacio para la política responsable es cada vez más escueto.

En las últimas semanas hemos podido presenciar hasta qué punto se ha deteriorado nuestra política. Los dimes y diretes entre el Partido Socialista y el gobierno no solo muestran la polarización que existe al interior de nuestra clase política, sino que reflejan también cómo las formas han ido perdiendo valor dando paso a una nueva forma de trato mucho más hostil, que debilita a la democracia. La polarización de las élites entorpece la posibilidad de llegar a acuerdos; y cuando eso ocurre, cuando la clase política no es capaz de responder a las necesidades de la ciudadanía, se abre espacio para el surgimiento de demagogos y populistas.

Lamentablemente ese espacio ya se abrió y sin darnos cuenta cómo hoy la demagogia se encuentra instalada en nuestro Congreso y, seamos francos, también en el Ejecutivo. ¿De qué otra forma se puede explicar que se esté a punto de aprobar la discusión de un proyecto de ley que reduce la jornada laboral efectiva a 35 horas semanales y, sin estudio alguno de por medio, se asegura que no afectará ni la productividad ni los salarios de los trabajadores? ¿Cómo se explica que nuestros “honorables” parlamentarios hayan decidido quitarle a la gente la posibilidad de elegir quién administrará su cotización adicional de 4% para financiar sus pensiones, sin siquiera un estudio que muestre los beneficios del monopolio estatal?

Las consignas de la calle, que muchas veces solo reflejan el sentir de grupos minoritarios, se han impuesto en nuestro debate legislativo y han capturado a buena parte de nuestra clase política, que al parecer olvidó que su rol es precisamente responder de forma racional e institucional a las necesidades de la gente, priorizando no a quien grita más fuerte sino a quien requiere de más ayuda. Las emociones y no la razón dominan hoy la agenda legislativa, y pareciera que el espacio para la política responsable es cada vez más escueto.

¿Por qué ha pasado esto? No sé, pues no se observa una polarización política entre los ciudadanos. Algunos ven el origen en el cambio del sistema binominal al proporcional, propiciando este último el clientelismo político. Otros creen que se debe al voto voluntario. En un escenario de desafección política, solo los más ideologizados irían a las urnas y los políticos deben responder a ellos. Hay también quienes creen que el debilitamiento de los partidos a causa del financiamiento irregular a la política ha jugado un rol. Más allá de los problemas que genera la estructura del nuevo sistema político, me parece que la ausencia de proyecto político en la izquierda ha posibilitado que el populismo cobre fuerza en ese sector, así como la falta de liderazgo y estrategia política del gobierno ha generado espacios para los populistas de derecha.

De ahí que la tarea más importante del gobierno no sea ni la reforma tributaria, ni la de pensiones, sino mejorar la calidad de la política, que se ha convertido en nuestro talón de Aquiles. El poder Ejecutivo tiene las herramientas para generar un cambio en esta dimensión, pero para ello el gobierno necesita comportarse a la altura del cargo e impulsar una estrategia política completamente diferente. ¿Es posible este cambio con los mismos jugadores? No. El actual gabinete ha tenido un mal desempeño y después de 18 meses le llegó su hora.

ARTÍCULOS RELACIONADOS