Opinión La Tercera, 1 de septiembre de 2015

Carrera Docente: de mal en peor

Carrera Docente | Sylvia Eyzaguirre T. |
Las modificaciones que ha presentado el Ministerio de Educación al proyecto de ley de carrera docente representan -en general- un enorme retroceso. Uno de los principales objetivos de este proyecto es fortalecer la profesión docente para que ésta vuelva a ostentar el prestigio que alguna vez tuvo. Para ello son fundamentales, entre otros, dos factores: remuneraciones atractivas y altas exigencias. Sin embargo, las indicaciones del Ejecutivo van en la dirección contraria: las exigencias originales, que ya eran bajas, ahora lo son aún más, las remuneraciones son menos atractivas, especialmente para los docentes destacados, y los incentivos para atraer a docentes destacados a colegios vulnerables se reducen a prácticamente la mitad.
En relación con las exigencias, el proyecto original contemplaba dos evaluaciones obligatorias en toda la vida profesional de un profesor. La primera evaluación se realizaba después de dos años de ejercicio profesional y esta instancia habilitaba al docente a ingresar a la carrera docente. Esta evaluación es especialmente pertinente en contextos como el nuestro, donde la formación inicial que entregan las universidades es de baja calidad y no tenemos certeza que en el corto y mediano plazo esta realidad vaya a cambiar, pero también son varios los países con buenos sistemas educativos que han optado por este tipo de certificación, como por ejemplo Nueva Zelandia, Inglaterra y Alemania. La segunda evaluación se realizaba al cabo de seis años de experiencia laboral para acceder al tramo Avanzado, que es el nivel de desarrollo óptimo de un profesor según el Ministerio de Educación.
En negociación con el Colegio de Profesores, el gobierno junto con los diputados de la Comisión de Educación proponen eliminar la primera evaluación, de manera que los jóvenes docentes ingresan automáticamente a la carrera docente y deben someterse solamente a una evaluación en toda su carrera profesional al cabo de cuatro años de ejercicio laboral para acceder al nivel de desarrollo Avanzado. A ello se suma los bajos estándares para alcanzar el nivel óptimo, pues un docente que obtuvo todas las respuestas malas en la prueba de conocimientos específicos puede acceder a ese nivel, al igual que un docente con un pésimo resultado en el portafolio que evalúa su desempeño en el aula. Es más, las exigencias para el encasillamiento de los actuales profesores también se redujeron. La señal que transmiten estas bajas exigencias es que cualquiera puede ser un profesor óptimo, incluso aquellos que acreditan tener bajo desempeño.
En relación con las remuneraciones, la asignación por mérito asociada al tramo de desarrollo profesional de la carrera docente disminuye, y esta disminución es drástica para los docentes de más años de experiencia. Por ejemplo, la asignación original para los docentes en el nivel temprano al cuarto año de experiencia era cercana a los $ 62.000, la nueva propuesta es de $28.000. Para los docentes en el nivel Avanzado, la nueva asignación por tramo en los primeros bienios es más atractiva, pero a partir del octavo año se vuelve mejor la propuesta original. De hecho, en el proyecto original los docentes en este nivel con 15 bienios recibían una asignación que superaba los $500.000 y ahora se reduce a $205.000. En el primer gráfico se puede apreciar la comparación entre las asignaciones por mérito originales y las nuevas propuestas por el ejecutivo para los tramos de desarrollo Inicial, Temprano y Avanzado; mientras que en el segundo gráfico se comparan las asignaciones por mérito para los docentes en los dos tramos superiores de la carrera docente.
 



Si bien se debe considerar en esta comparación que con la nueva propuesta del gobierno los docentes pueden acceder en menos años a los tramos Inicial, Temprano, Avanzado y Experto I y II, y ello conlleva una pequeño aumento en las remuneraciones en los primeros años del ejercicio laboral, al cabo de pocos años las remuneraciones propuestas son considerablemente menos atractivas que la actual propuesta del Ejecutivo.
Por último, los incentivos para atraer a docentes destacados a trabajar a colegios con alta concentración de niños vulnerables también sufrieron cambios que no solucionan el problema de fondo. Por una parte se aumentó sustantivamente el monto para los docentes en el nivel inicial, pasando de $ 7.500 a cerca de $ 48.000 mensuales para una jornada de 44 horas semanales. Sin embargo es poco probable que este aumento cumpla el propósito de atraer a docentes jóvenes talentosos a sectores vulnerables, pues con suerte alcanza a cubrir los gastos de locomoción.
A los profesores en el nivel Avanzado se le aumenta esta asignación en prácticamente el doble al cuarto año de experiencia, alcanzando casi los $70.000, pero al octavo año los incentivos propuestos son menores que los del proyecto original, reduciéndose al bienio 15 de $ 200.000 a $ 85.000. En el caso de los docentes destacados la situación es más dramática, ya que la asignación propuesta desde un comienzo es considerablemente menor a la del proyecto original. El mal diseño de esta política puede llevar a que el Estado gaste cuantiosos recursos sin efecto alguno. En definitiva, resulta difícil creer que este proyecto de ley con las modificaciones propuestas por el gobierno logre cumplir su objetivo, a saber, revalorizar la profesión docente y con ello atraer a jóvenes talentosos y con vocación a la profesión docente, retener a los mejores docentes en el aula y atraer a docentes destacados a sectores vulnerables. Más grave aún es la situación si se atiende a los cuantiosos recursos comprometidos.
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