Opinión La Tercera Domingo 19 de diciembre de 2021

Carta a Pablo Simonetti

Sylvia Eyzaguirre T. |
Foto: William Rojas

A la hora de elegir presidente son varios los factores que se deben sopesar; la priorización de dichos factores responde a preferencias personales que no tienen por qué depender de la orientación sexual.

Resulta difícil entender que alguien que ha luchado contra la violencia y la discriminación a las minorías sexuales caiga en esa misma trampa: violencia y discriminación a quien no comparte su posición política. Pablo, tú eres una persona que trabaja con el lenguaje y sabe la diferencia entre disentir y repudiar. En el primer caso se expresan diferencias sin pasar a llevar la dignidad de la persona, en el segundo caso en cambio sí se vulnera la dignidad. ¿No consideras que nuestras diferencias, ya sean en el plano religioso, político, cultural o de nuestra orientación sexual, no debieran dar pie para vulnerar la dignidad del otro?

Hay quienes en tu defensa argumentan que es violento para con las minorías sexuales estar en desacuerdo con el matrimonio igualitario o con la adopción homoparental. ¿Es violencia cuando alguien no piensa lo mismo que yo, cuando no comparte mi cosmovisión? ¿Son violentos los budistas con las mujeres por oponerse al aborto? Existe un abismo entre no estar de acuerdo con el matrimonio homosexual y repudiar el matrimonio homosexual, así como no estar de acuerdo con Kast y repudiar a quienes votan por él.

Justificas tu repudio por la actitud de Kast respecto de las minorías sexuales. ¿Qué te parece la persecución que han sufrido las minorías sexuales o disidentes en los regímenes comunistas, como por ejemplo el cubano? ¿Qué te parecen las violaciones a los derechos humanos de los regímenes de izquierda, que hasta hoy el Partido Comunista chileno apoya, siendo este el principal aliado de Boric?

A la hora de elegir presidente son varios los factores que se deben sopesar; la priorización de dichos factores responde a preferencias personales que no tienen por qué depender de la orientación sexual. Entiendo que tu repudio al dueño del Toro por votar por Kast es por su condición de gay, pues ante tus ojos la condición sexual sería determinante para la preferencia política. ¿No es una tremenda injusticia reducir a una persona con sus múltiples dimensiones a una única característica: su sexualidad? ¿La discriminación gay no es en parte eso: resaltar una única dimensión en desmedro de las otras que son constitutivas de una persona? Este reduccionismo es tal vez la principal batalla cultural que deba dar el mundo gay y sorprende que deba darlo incluso al interior de sus filas. Así como los heterosexuales o quienes se oponen al matrimonio igualitario tienen absoluta libertad de votar por cualquiera de los dos candidatos sin tener que ser repudiados, los gays también deberían tener el mismo derecho. ¿Sabes por qué? Porque ser gay, heterosexual, feminista o antiaborto da cuenta sólo de un aspecto de la persona; y condenarlos a ese único aspecto es objetualizar a la persona, es negarles toda la riqueza que constituye a un ser humano.

La diferencia, Pablo, entre disentir y repudiar radica en la superioridad moral. Sólo quien cree que su postura es moralmente superior puede sentirse con derecho a repudiar a otro. Ojalá no olvides nunca que los grandes genocidios de la humanidad no han sido provocados por el contenido de nuestras ideas, sino por creer que son moralmente superiores.

La democracia reconoce y protege las distintas visiones de mundo y considera a todos los miembros de la sociedad como iguales en dignidad. Por ello elegimos a nuestros representantes políticos no por sus cualidades morales, sino simplemente por el resultado en las elecciones. Hoy tenemos dos candidatos a la presidencia y votar por cualquiera de ellos es igualmente legítimo. Pensar que tus prioridades son superiores revela no solo arrogancia, sino también la fragilidad humana; pues en menos de lo que canta un gallo nos convertimos en eso que despreciamos.

Ojalá, Pablo, podamos construir una sociedad donde no nos repudiemos unos a otros por nuestras creencias, donde nadie se sienta agredido por expresar lo que piensa o siente, donde nos respetemos y cuidemos con nuestras diferencias.

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