Opinión La Segunda, 27 de febrero de 2018

Ciencias y filosofía a la guillotina

Sylvia Eyzaguirre T. |

Podríamos aprovechar esta polémica para repensar el para qué del currículo, antes de entrar en la pelea chica por las asignaturas

Científicos, humanistas, artistas y hasta políticos han salido al paso para defender la importancia de la filosofía y las ciencias naturales, ante las observaciones a estas asignaturas que ha hecho el Consejo Nacional de Educación. La filosofía nos pone en una relación única con nuestra propia existencia, el conocimiento, la verdad y el bien. Las ciencias naturales nos proveen de un acceso empírico al mundo que nos rodea y nos permiten no sólo comprenderlo, sino también manipularlo a través de los avances tecnológicos.

Me gustaría agregar la importancia de la historia para lograr una comprensión más profunda de nuestro presente y de las artes, que nos permiten relacionarnos a través de los sentidos con el mundo y las ideas, explorando formas de belleza diferentes. No nos olvidemos también de los idiomas, que facilitan el intercambio y permiten acceder a otras visiones de mundo.

En fin, cada área del saber es un universo que enriquece la formación de nuestros jóvenes, ¡qué duda cabe! Pero la pregunta que ha faltado en este debate es anterior a las virtudes de tal o cual asignatura, sino cuál es el objetivo de la educación en tercero y cuarto medio. ¿Debe ser generalista, como lo es hoy, con cerca de 11 asignaturas obligatorias, a las cuales se dedica dos o tres horas a la semana para un barniz que muchas veces consiste en “pasar” nombres, fechas, obras y alguna idea por ahí importante? ¿O debieran utilizarse estos años para que los estudiantes profundicen en las áreas del conocimiento por las cuales tienen mayor inclinación?

Esta última alternativa implica no sólo un cambio en la actitud del Estado para con los jóvenes, entregándoles más libertad y responsabilidad, sino también una mejora en las condiciones para que puedan experimentar una relación más profunda con los asuntos tratados y así desarrollar habilidades analíticas, hermenéuticas y críticas que son fundamentales.

La gran mayoría de los países desarrollados ha optado por este segundo camino, mientras que nuestro país continúa con un currículo decimonónico en lo que respecta a la enseñanza media. Cada vez que se abre un debate curricular termina secuestrado por los intereses gremiales, que gozan de apoyo de algunos “ilustres” que con buenas intenciones, pero ignorantes de los fines educacionales, buscan proteger determinadas áreas del conocimiento de las garras de los burócratas ministeriales.

Si queremos avanzar hacia un sistema educativo que responda a los desafíos que nos depara el futuro, entonces podríamos aprovechar esta polémica para repensar el para qué del currículo en enseñanza media, antes de entrar en la pelea chica por las asignaturas.

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