Opinión La Tercera Domingo 11 de septiembre de 2022

Cuidado con las cuentas alegres

Sylvia Eyzaguirre T. |
Foto: William Rojas

El cansancio de la gente, la desilusión y las bajas expectativas le quita presión al nuevo proceso y puede permitir pensar el diseño del Estado de forma racional y menos apasionada. Dejar pasar esta oportunidad sería un error histórico.

El triunfo del Rechazo es transversal y demoledor. Transversal porque ganó en todas las regiones del país y en todas las comunas con excepción de 8, en todos los niveles socioeconómicos, en los distintos grupos etarios y en las comunas con un padrón electoral mayoritariamente indígena. Demoledor por la altísima votación -sobre el 60% y con más de 7 millones de votos-, y por la enorme distancia con el Apruebo -24 puntos porcentuales-. Este triunfo viene a ratificar lo que muchos pensamos: el texto constitucional no unió a la ciudadanía, tenía enormes problemas de diseño, además de ser excesivamente partisano, excluyendo a la mayoría de los chilenos. Este resultado ratifica la desconexión de los convencionales de izquierda con el pueblo de Chile, pues la mayor parte de la gente en Chile es sensata y no está por lo extremos.

Qué fácil resulta caer en la trampa del autoconvencimiento, cuando los resultados coinciden con el propio punto de vista. Es precisamente lo que les ocurrió a quienes interpretaron el estallido social en clave anticapitalista, validando sus tesis sin siquiera ponerlas a prueba. Como Popper nos enseña, no basta que las hipótesis sean plausibles, es importante para su robustez intentar falsearlas. En esta línea, es imposible no preguntarse qué hubiera pasado si en vez de Boric estuviera gobernando José Antonio Kast. Política ficción, es verdad. Pero no parece absurdo pensar, que en ese escenario el Apruebo hubiera arrasado o, al menos, permite dudar del triunfo del Rechazo.

A la hora de las interpretaciones electorales es importante no olvidar el contexto. En estos seis meses de gobierno hemos visto improvisación, mala gestión, recrudecimiento de la violencia, alta inflación y malas señales económicas para el presente y futuro. A lo que más se parecen los resultados de la elección es al nivel de apoyo y rechazo que tiene el gobierno. La pérdida de apoyo que ha sufrido el Presidente es brutal. Para que se hagan una idea, en la comuna de Punta Arenas, donde el Presidente Boric obtuvo el 61,35% con 38.851 votos, el Apruebo no solo obtuvo 20 puntos porcentuales menos, sino que perdió en todas las mesas de la comuna con excepción de una. En parte, este resultado es también un referéndum al gobierno.

Pero nuevamente, no conviene sacar cuentas alegres. La oposición haría mal en engolosinarse con este rechazo al gobierno, porque es posible -y es la tesis que sostengo- que este rechazo sea a la política, a la democracia representativa, y eso le pega a todos los partidos políticos, oficialistas y de oposición. Hay que hacer un nuevo esfuerzo por entender el estallido social, el resultado en las elecciones de convencionales, la polarización Boric-Kast, el triunfo de Boric y el rotundo rechazo a la propuesta convencional de forma integral, como manifestaciones aparentemente contradictorias de un mismo malestar. Si esta tesis es correcta, entonces lo que aquí está en juego es la democracia y con ello el oficio de los políticos, quienes de forma miope han malentendido sus victorias provisionales como propias sin entender que solo se deben al rechazo de la alternativa contraria. Esta miopía los ha llevado a ser mezquinos con el oficialismo de turno, agudizando aún más el problema de fondo: la grave crisis política que sufre Chile, que nos ha llevado a un punto de ingobernabilidad.

Estamos ante el desafío más importante de los últimos 40 años, recuperar la gobernabilidad de Chile. El triunfo del Rechazo nos ofrece un escenario inmejorable para redactar una nueva Constitución. El cansancio de la gente, la desilusión y las bajas expectativas le quita presión al nuevo proceso y puede permitir pensar el diseño del Estado de forma racional y menos apasionada. Dejar pasar esta oportunidad sería un error histórico.

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