Opinión OPINIÓN / La Tercera Domingo 3 de noviembre de 2019

Delirio

Sylvia Eyzaguirre T. |
Foto: La Tercera

¿En qué minuto se convirtió la Constitución en el principal problema de Chile? De ser así, ¿por qué los candidatos presidenciales que promovían una nueva Constitución no salieron electos? Seamos sinceros, ¿cuántos ciudadanos se han leído la Constitución?

Los acontecimientos de las últimas semanas han dejado en evidencia no solo la incapacidad del Estado para resguardar la seguridad y el orden, sino también la irracionalidad de nuestros políticos, que se manifiesta en la débil comprensión y apego a la democracia.

Nuestra sociedad, como toda sociedad libre, es plural. En ella conviven diversas formas de ver el mundo. Los distintos tipos de gobierno reconocen esa pluralidad, pero la democracia es la única que la valora y legitima. Condición de posibilidad para ello es reconocer que no existe una única verdad, ya sea en lo religioso, en lo político o incluso en lo valórico. A diferencia de los regímenes autoritarios, donde se impone una visión de mundo que reclama para sí superioridad moral, en democracia todas las visiones de mundo son legítimas, no hay una superior a la otra. De ahí que sea a través del voto universal la forma en que elegimos a nuestros gobernantes por un período determinado.

Sin embargo, en los últimos días pareciera habérsenos olvidado los principios más básicos de la democracia. Pareciera que ahora la democracia será reemplazada por la violencia, la calle o el asambleísmo, tres formas de gobierno que niegan el principio de igualdad entre los ciudadanos. Algunos políticos de oposición plantean que el gobierno debe cambiar completamente su agenda para terminar con los actos de violencia. Pero ¿cuántos son, quiénes son y qué quieren los que han quemado el Metro, edificios, hoteles, supermercados, municipios, etc.? Todavía no lo sabemos. ¿Es legítima la violencia como forma de manifestación o de presión política en democracia? La respuesta obvia es no, pero pareciera ser que esta forma es mucho más efectiva para lograr cambios que votar en las urnas.

Las manifestaciones pacíficas son legítimas en democracia, pero no pueden reemplazar al voto en las urnas, por la sencilla razón de que la calle es tremendamente desigual. Es cosa de ver lo que ha pasado con la masiva marcha de la semana pasada. Ese malestar heterogéneo está siendo utilizado para promover banderas políticas de un sector que precisamente perdió las elecciones o intereses económicos por grupos de poder como son los camioneros.

¿En qué minuto se convirtió la Constitución en el principal problema de Chile? De ser así, ¿por qué los candidatos presidenciales que promovían una nueva Constitución no salieron electos? Seamos sinceros, ¿cuántos ciudadanos se han leído la Constitución? No es evidente que quienes se manifestaron pacíficamente estén demandando una nueva Constitución; de hecho, es complejo interpretar lo que esa masa heterogénea demanda, y más complejo aún es interpretar a los millones de ciudadanos que no se manifestaron.

La calle es desigual no solo porque en el corto plazo es capturada por los intereses de los grupos más articulados, sino, sobre todo, porque invisibiliza a los millones de personas que no se manifiestan, pero que tienen igual derecho a incidir.

Los guardianes de la democracia son nuestros parlamentarios y el gobierno. Es importante que ellos escuchen las demandas ciudadanas, pero igualmente importante es atender al silencio de los millones de ciudadanos que no se manifestaron. En eso consiste la democracia.

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